No title available
No title available
2025 on Tumblr: Trends That Defined the Year
h
𓃗
noise dept.
Keni

if i look back, i am lost
Fai_Ryy
trying on a metaphor
todays bird

Product Placement
taylor price
KIROKAZE
I'd rather be in outer space 🛸

roma★
Game of Thrones Daily

pixel skylines

titsay
Today's Document

seen from Canada
seen from United States
seen from New Zealand

seen from Türkiye
seen from Canada
seen from Australia
seen from Belgium

seen from United States
seen from United States

seen from Canada

seen from Malaysia
seen from Malaysia
seen from United States
seen from United States

seen from Canada
seen from Australia

seen from Malaysia
seen from United States

seen from Venezuela

seen from France
@mary-haam
By Mary
Esta historia está inspirada en un hecho real
/////////////////////////////////////////////////////
El contenido puede ser sensible.
/////////////////////////////////////////////////////
Querido diario:
Esta semana cumplí dieciséis y mis expectativas no pueden ser mejores: Quiero vivir mi vida a pleno! Cumplir con todos mis sueños. Me encantaría iniciarme en el moldelaje y conocer al amor de mi vida. No sé cómo va a suceder todo eso pero se que sucederá.
Caro.
Colegio Michael Haams, Vicente López, Buenos Aires.
Eran las seis en punto de una tarde como cualquier otra, cuando sonó el timbre de salida. Las alumnas del colegio privado de la esquina de la calle Gaspar Campos empezaron a cruzar el portón principal vistiendo el uniforme tradicional de color azul de corbata y jumper. Entre ellas, se encontraba Carolina Álvarez, una jóven de rasgos armoniosos y una fresca actitud de rebeldía. Se reía con sus amigas, todas con una mochila de nylon de distintos colores colgando del hombro derecho.
Del otro lado de la calle repleta de coches y un autobus estacionado, estaba Rodrigo Olivera, oculto entre los árboles. Vestía una campera negra de cuero gastada y un pantalon de jean ajustado; observando la escena de la salida con una mirada fría y analítica. Con una cámara de fotos en la mano, miró por el lente retratando un primer plano de la sonrisa dulce de Carolina. En ese momento, el guardia de seguridad del colegio, parado junto a la garita de la vereda de enfrente, notó los movimientos extraños del hombre de aspecto imponente y mirada oscura. Se acomodó el cinto y se dispuso a cruzar la calle con paso firme mientras que Rodrigo continuaba concentrado en su tarea.
Una de las amigas de la joven, "Majo", codeó a Carolina y le señaló hacia el frente.
_ ¡Caro, mirá allá! Hay un tipo con una cámara profesional... ¡Te está sacando fotos a vos! Capaz que es un cazatalentos de Pancho Dotto.
Carolina miró hacia el frente y al corroborar la sorpresiva situación, hizo un gesto de modelaje con una mirada pícara mientras sus amigas saludan a la cámara, riéndose.
El guardia se acercó hasta Rodrigo y lo frenó de mala manera, poniéndole una mano en el pecho.
_ ¡Ey, pibe! ¿qué hacés acá con eso? Circulá! No podes sacar fotos, volá!- dijo chocando las palmas.
En ese momento, Carolina cruzó la calle corriendo; sorteando los coches y dejando a sus amigas atrás.
_ ¡Espere, no lo eche! No está haciendo nada malo... - se dirigió al guardia mirando al chico guiñandole un ojo . Rodrigo bajó la cámara embelesado por la belleza de Carolina, sosteniendo una mirada magnética.
_ Para nada, agente. Solo capturo la belleza de la jóven, mi nombre es Rodrigo Olivera; trabajo para un estudio de modelaje.
El jóven metio la mano en el bolsillo de la chaqueta y le entregó un carnet de fotógrafo profesional al guardia que lo observó algo perplejo.
_ Está bien- le comunicó-. Podés quedarte pero basta de fotos.
El guardia le devolvió el carnet y cruzó de nuevo la calle.
_ ¿Cómo te llamás?- preguntó Rodrigo aún ensimismado-.
_ Carolina- dijo ella hipnotizada por el porte y la mirada penetrante de Rodrigo-.
_ Tenés un ángel increíble. Si te interesa hacer un book, llamame. El estudio es privado, está en Núñez, no muy lejos. Te dejo mi tarjeta.
Rodrigo extendió una tarjeta comercial con su nombre y dirección y ella la leyó.
En ese mismo momento, el micro escolar tocó bocina. Las amigas de Carolina le gritaron desde la puerta del bus para que se apurase. Carolina dio un paso atrás, guardando la tarjeta en el bolsillo del blazer.
_ Me tengo que ir...- se disculpó Carolina con una sonrisa y los cachetes ruborizados-.
_ Entiendo. Pero llamame.
_ Sí.- respondió ella tímidamente-.
Carolina se dio la vuelta y se apresuró a alcanzar la puerta del autobús antes de que arrancara.Luego se sentó junto a sus amigas del lado de la ventana, emocionada. El micro se puso en marcha y ella permaneció con las manos pegadas en el vidrio observando a Rodrigo desde arriba mientras el vehículo se alejaba.
_ ¿Qué pasó?, ¡Contanos todo!- preguntó una de las chicas una vez que Carolina se volvió hacia ellas.
_ Es un fotógrafo profesional, quiere que vaya a su estudio.- respondió Carolina con la mente en las nubes-.
_ ¡Guau!, ¡Caro! ¡Es tu gran oportunidad!- señaló Majo.
_ Además ...está muy fuerte! - añadió su otra compañera con picardía-.
Diez minutos mas tarde, cuando el bus estacionó momentáneamente frente a la vereda de la casa de la Calle Arévalos, su padre Ernesto se hallaba tallando la madera del armazón de un violín en el taller del fondo de la vivienda. Carolina bajó del vehículo de forma atropellada, atravesando la reja y luego la entrada principal tomando la escalera que conducía a su habitación.
La joven tiró la mochila en el piso de parquet y se sambuyó sobre el mullido acolchado de flores de su vama; abrió la gaveta de la mesita de noche y tomó su diario íntimo entre sus manos:
Querido diario:
Acabo de conocer al amor de mi vida y al hombre que me va a ayudar con el mi futura carrera de modelo. Se llama Rodrigo y está re fuerte!
Caro.
Querido diario: Hoy lo voy a llamar, te lo prometo. Tengo el teléfono en mis manos pero estoy tan nerviosa, deseáme suerte! Y aguanten los redondos!!!!!
Vicente López, Sábado, 4 p.m.
En la casa de la Calle Arévalos, Alicia Álvarez cebaba unos mates a su marido en su taller del fondo. Pero el pop bullicioso de "Los redondos" proviniente de la pieza de Carolina invadía y estorbaba los oídos refinados del luthier.
Ernesto sorbió la bombilla del mate con fastidio.
_ ¿No podes parar un minuto, Ernesto?- se quejó Alicia-. Estás todo el día metido en esta lata de sardinas.
_ Mirá, Alicia, estoy atrasado esta semana pero si voy a parar es porque esa música de arriba me está volviendo loco.
Regina soltó una carcajada.
_ "Los redondos de Ricota"...- meditó ella con el termo del agua caliente en la mano-, que nombre para para una banda...podrían haberle puesto no se "Los ñoquis", sonaba mejor...
_ No importa el nombre, Alicia.- comentó secándose el sudor con el dorso de una mano-, suenan terribles igual.
_ Ay, no seas anticuado, Ernesto. ¿Que esperás que escuche?,¿ a Mozart?
_ Con que escuche a Piazzola me conformo- comentó con una mueca de indignación-.
Mientas ranto, en la habitación del piso superior, Carolina yacía acostada boca abajo sobre el acolchado de su cama con un lápiz en la mano, finalizando una tarea de matemática mientras movía sus piernas flexionadas al ritmo de su música favorita.
De pronto, Carolina cerró su carpeta de un golpe seco y luego se incorporó y se deslizó para buscar el teléfono rosado de la mesita de noche. Sus dedos temblorosos marcaron el numero de la tarjeta de Rodrigo.
El timbre sonó fuera del cuarto oscuro en donde Rodrigo Olivera estaba revelando las fotos de Carolina tomadas frente al edificio del colegio Michael Haam. Una imágen de ella sonriente, con sus trenzas a cada lado, quedó sumergida en el fondo de la cubeta de plástico.
Rodrigo abrió la puerta del cuarto y se apresuró a caminar hasta el area sala principal de su loft. Entre los escasos muebles y la excesiva decoración militar de las paredes, yacía el teléfono sobre una mesita pequeña.
_ ¿Diga?- respondió él observando un banderin con una cruz esvastica en el centro.
Una débil voz femenina se oyó del el otro lado.
_ ¿Rodrigo?
_ ¡Caro! Sabía que llamarías- dijo él con un aire de autosuficiencia-. ¿Te decidiste?
Del otro lado, Carolina estaba enredando el cable del teléfono con los dedos.
_ Si, mirá, me gustaría hacerme un book profesional como me sugeriste.
_ ¡Perfecto!- respondió él victorioso- ¿Podes venir hoy? Tengo la tarde libre, te animás?
_ Si, claro...solo que no se bien como llegar.
_ Es fácil, estoy sobre Cabildo, cualquier colectivo que pase por Maipú te deja- le explicó él entusiasmado.
_ Si...creo que tomaré el 60- respondió ella con un tono entre mistererioso y sensual.
_ Te espero en una hora. Chau.- dijo Rodrigo y cortó.
Treinta minutos mas tarde, Carolina bajó a la cocina vistendo una remera de "Los redondos" y un jean de John Cook, cargando una mochila en su hombro. Su padre, Ernesto, ya había dejado de trabajar y estaba relajado mirando un partido de fútbol en la televisión mientras que Alicia se había quedado barroendo el aserrin el taller al fondo.
_ ¿Te vas, Caro? Mirá que hoy es sábado, pensé que íbamos a tomar mate juntos. ¿A dónde vas tan arreglada?
Carolina se acercó y le dio un beso rápido en la mejilla, ocultando la emoción y el nerviosismo.
_ Me voy a lo de Majo, pá.- mintió ella- Tenemos que terminar un trabajo para el lunes. No me esperen para comer. ¡Los quiero!
Diez minutos mas tarde, un colectivo de la línea 60 cruzaba Puente Saavedra, entrando a la Capital por la Avenida Cabildo. Carolina miraba por la ventanilla del colectivo con el sol de la tarde porteña bañándole las trenzas.
Cuando llegó al apartamento, el cómodo loft del edificio antiguo de un solo piso, Rodrigo abrió la puerta. Estaba vestido con una remera negra con un aguila roja en el pecho, jeans ajustados y borcegos negros. La recibió con una sonrisa hipnótica que desarmó a la jóven.
_ Pasá, Carolina.- Lo invitó él-. Está algo desordenado pero limpio.
Carolina pasó a la sala. Esperaba encontrar pantallas reflectoras, sombrillas de luz o trípodes profesionales. Pero en cambio se topó con un living oscuro, iluminado por una lámpara colgante en el techo, con las paredes cubiertas de posters con simbología militar, fotos en blanco y negro de soldados nazis y un póster de una banda de rock skinhead con letras sangrientas. De fondo sonaba una música pesada, agresiva y cantada en un idioma extranjero.
Carolina se quedó observando todo con sorpresa.
_ Qué decoración tan extraña para un estudio de fotos, ¿no? Pensé que tenías una agencia profesional. ¿ Que es toda esta cosa nazi?
_ Esta agencia es privada y no necesita una decoración al estilo "Utilísima" o "Para ti" - explicó Rodrigo-.Me resultaria muy careta, Caro. ¿Te da miedo?
Ella sonrió y luego lo miró desde abajo hacia arriba, seducida por el peligro y el atractivo de ese "hombre de verdad" para sus ojos adolescentes.
_ A mí no me da miedo nada, nene.- respondió arqueando una ceja-.
Él le devuelvió una mirada cómplice y una sonrisa de satisfacción de quien tiene a su presa comiendo de su mano. Pero aún así, le queda algo más que hacer.
Caminó hacia el tocadiscos de una esquina del recinto y quitó el vinilo de "Punk Rock" cambiándolo por una melodía de rock suave sensual del artista Bon Jovi. Agarró la cámara y empezó a sacarle fotos ahí mismo, contra la pared empapelada de propaganda fascista.
Carolina primero posó tímida, luego logró soltarse un poco más. Rodrigo la guiaba con una voz suave y pausada , tocándola intermitentenente para "corregir la postura".
A los pocos minutos, Rodrigo bajó la cámara por completo observándola fijamente. Ella dio un paso al frente sosteniéndole la mirada con osadía. Él la tomó de la cintura con firmeza y atrajo su figura hacia él, besándola intensamente e intercalando caricias con movimientos de pasión bruscos que a Carolina le resultaban completamente nuevos.
Querido diario:
Estoy muy enamorada. Rodri te amo mucho ♡
Querido diario:
Mis padres aún no lo saben pero Rodri y yo estamos saliendo hace una semana. Y además está mandando mi book a las agencias de modelos más famosas.
Caro.
Colegio Michael Haams, Vicente, Buenos Aires
Esa tarde de Octubre, la filas de baldosas del patio del colegio se habian convertido para Carolina en una pasarela imaginaria. La jóven, rodeada de sus amigas, movía de lado a lado sus caderas con una mano en la cintura y los ojos llenos de ilusión.
_ Y ahora...con ustedes...Carolina Alvarez!- gestilculó Majo ante un microfono invisible formado con su puño derecho.
Natu, su otra amiga, que la observaba saboreando un chupetín agregó:
_ Vistiendo un uniforme colegial y luciwndo un peinado de Roberto Giordano!
Carolina agitó su cabellera de lado a lado entre las risas entusiastas de sus compañeras. Luego, las tres chicas se sentaron sobre el banco de ladrillos y superficie d cerámica. Majo sacó una manzana de su blazer y le dio un mordisco.
_ Che, Caro, ¿qué piensan tus viejos de Rodrigo?
_ Aún no saben nada, Majo, si les digo me matan, Rodrigo tiene 28 años...además... no sé si aprobarían esto del modelaje.
_ Ay, Caro, pero tarde o temprano lo van a tener que saber...ademas, ya están teniendo relaciones, imaginate si...- sugirió Natu con una mirada de advertencia.
_ Ay, Natu! ¡Pará, que decís?- se espantó Carolina- Nos cuidamos. ¿Crees que arruinaría mi futuro con un embarazo?
_ Pero vos dijiste que el tipo quiere tener hijos con vos...- Señaló Maju-. Eso es re zarpado, amiga...
Entinces un hilo de preocupación se coló en la mente de la jóven.
_ Si, es cierro pero, calculo que lo habrá dicho para mas adelante- aclaró Carolina-.
_ ¿Más adelante?- preguntó Natu. El tipo tiene 28, supongo que uno tiene hijos antes de los treinta.
Las tres amigas se miraron con un aire de preocupación que se desvaneció al instante. Las estudiantes eran demasiado ingenuas para imaginar algo negativo dentro de ese sueño tan perdecto.
_ Olvidate, Caro! Seguramente te va a esperar.- Lo arregló Maju-.
Natu asintió con la cabeza.
Una hora mas tarde, el gran portón de metal verde del Michael Haam se abrió para que las estudiantes salieran del establecimiento escolar. Pero esta vez, la silueta imponente y varonil de Rodrigo apoyada contra una moto Kawasaki estacionada en la vereda de enfrente acapara todas las miradas femeninas. Llevaba anteojos de sol negros, una remera blanca ajustada tenía los brazos cruzados sobre el pecho.
Carolina atravesó la salida con sus las amigas quienes la codeaban ante la presencia segura del jóven fotógrafo.
_¡No, no, mirá la motaza que trajo!- le susurró Natu-.
Majo se llevó una mano a la boca y susurró con un grito ahogado:
_ Y esos brazos, Caro, que potro!
Carolina se adelantó, con una sonrisa de oreja a oreja, radiante y feliz y con un beso Se despidió de las amigas que subieron al bus escolar mirándola fascinadas desde la ventanilla.
Carolina se plantó de frente ante su novio con una sonrisa juguetona:
_ Hola, Rodri... No me dijiste que venías.
_ Quería darte una sorpresa. Subí. Vamos a dar una vuelta- la invitó él palmeando el asuento de la Kawasaki.
Entonces Carolina accedió emocionada levantando sus piernas para acomodarse en al asiento de atrás emocionada, rodeando la cintura de él con sus manos. Rodrigo fijó sus manos en los manubrio de la motocicleta concentrado; haciendo rugir el motor y luego arrancando por la calle Luis Maria Campos con Carolina detrás, riéndose a carcajadas.
La moto se dirigió hasta la Avenida Libertador rumbo al Sur y salió casi volando. Carolina sentía que autos se volvían borrosos por la alta velocidad. Rodrigo esquivaba un colectivos autos con temerosidad, cruzando incluso un semáforo en rojo que justo estaba cambiando. Carolina se aferraba de sus abdomen marcado, gritando por la adrenalina, fascinada por el peligro. Él la miraba por el espejo retrovisor, disfrutando del control absoluto que tenía sobre la moto y sobre las emociones de la jóven.
Una hora y media más tarde ya se hizo de noche. El reloj de la pared marcaba las 7:25. Ernesto Alvarez caminaba de un lado al otro sobre el piso de cerámica de la cocina.
Carolina debio estar en casa hace una hora pero el bus escolar no habia pasado por la calle Arevalos como todas las tardes. El hombre se estaba tenso, fumando y mirando el teléfono fijo con desesperación mientras que Alicia intentaba tranquilizarlo diciendo que seguramente su hija había quedado haciendo algún trabajo en la biblioteca municipal.
De pronto, la puerta de calle se abrió despacio con un chillido. Carolina entró, tratando de no hacer ruido, todavía con los ojos encendidos por la adrenalina del paseo. Pero se chocó de frente con la mirada seria de su padre quien se plantó frente a ella con una mezcla de miedo y enojo.
_ ¿Estas son horas de llegar, Carolina? Estuve llamando a lo de Maju y a lo de Natu y me dijeron que no estabas ahí. ¿Me podés explicar dónde estabas?
De pronto, Carolina sintió un baño de realidad.
_ ¡Ay, papá, que pesado!, estaba en la Biblioteca Municipal. ¡Que me tenés que andar controlando siempre!- se quejó ella fastidiada.
_ Te lo dije, Ernesto - agregó su madre acercándose e intentando ser más diplomática.
Ernesto no relajó el entrecejo.
_ Hace una semana que te noto rara, espero que tus notas suban un poco este mes- se quejó él-.
_ ¡Es lo único que te importa! Las notas, el boletín. Estoy harta de estudiar, no me gusta, no me gusta nada el estudio!- Exclamó con angustia y subió corriendo a su cuarto desapareciendo de la mirada de sus padres-.
Querido diario:
¡Quisiera tanto dejar el colegio!, ya estoy harta de estudiar, no sirvo para eso, espero pronto encontrar trabajo como modelo. Suerte que tengo a Rodri!
Caro.
Una hora mas tarde, Carolina se encontraba sentada a la mesa junto a sus padres, cenando. El silencio era tenso. Solo podía escucharse el televisor de fondo y el ruido de la cuchara de la sopa de la adolescente revolviendo el plato, sin probar bocado.
_ Comé hija, por favor.- La alentó Alicia-. Luego le dirigió una mirada de reprobación a su esposo para que aflolara su enojo. Pero este no cambió su posición. Permaneció serio enfocado en el programa de la noche.
De pronto, Carolina levantó la vista del plato.
_ Les mentí.- confesó algo avergonzada-. No estuve en la Biblioteca.
Ernesto miró de reojo, Alicia se sorprendió.
_ Estuve con Rodrigo.- agregó temerosa y con un tono suave-.
"¿Qué?" ¿Quién es?"_ dijeron sus padres al unísono.
_ Rodrigo es... un fotógrafo que conocí a la salida del colegio, un fotógrafo profesional.- aclaró la joven- Dice que tengo potencial.
Ernesto soltó una risa sarcástica. Se paro de un impulso y apagó la televisión con el control remoto.
_ ¡Potencial!- se burló-. ¿potencial de que, Caro?
Alicia lo reprobó con la mirada.
_ De modelo, pa! Me acaba de hacer un book de fotos que va a enviar a varias agencias.
_ Debe ser una broma...- Ernesto puso sus brazos en jarra y sacudió su cabeza de lado a lado.
_ Fotos con ropa - aclaro Carolina para amortiguar el impacto.
Alicia miró a su esposo y luego a su hija:
_ Hija...¿no te parece que es algo complicado eso del modelaje?- preguntó en un tono bajo-.
_ Mamá, tengo dieciséis, las modelos empiezan muy jóvenes. ¿ A que edad creés que empezó Nicole Neumann?
_ Yo lo único que digo es que no podes descuidar el estudio. -sentenció Ernesto-
_ Pa! Sabes que no es lo mío- se defendió la joven-. Podría trabajar de modelo en lugar de ir a la escuela a perder el tiempo.
Alicia exhalo nerviosa.
_ Y decime, este...Rodrigo, ¿que edad tiene?- preguntó.
_ Veintiocho.
Ernesto apretó la mandíbula y miróo al techo .
_ ¿No estarás enganchada con el?- -apuntó-. Te mato si...
_ No...no...-mintió ella con firmeza-.Rodri es muy profesional.
Ernesto se frotó la cara y luego, volvió a encender el televisor intentando desligarse de la situación.
_ Te prometo que apenas caiga mi primer laburo les cuento, como siempre, ustedes saben que sirmpre les cuento todo.
_ Si vas a trabajar de modelo, quiero que sigas estudiando de todas formas. Aunque sea en la nocturna- soltó Ernesto con una mezcla de preocupación y resignación -.
_ Lo prometo, pa, lo prometo.- respondió Carolina sintiendo que sus sueños poco a poco podían ir ganado terreno en casa de los Alvarez.
Una hora y media mas tarde, las fachadas de las casas del barrio residencial de Vicente López, relucían bajo las pálidas lamparas de los postes de luz de la cuadra.
La luz de ventana de la pieza de Carolina estaba encendida. La jóven yacía boca abajo sobre el acolchado de la cama; absorta en sus tareas escolares mientras escuchaba un cd de "Los redondos" cuando sonó el telefono rosado de la mesita de noche. De inmediato se lanzó a atender.
_ Hola?
_ Caro- la voz de Rodrigo se escucho del otro lado. Te dije que me llamaras, lo olvidaste?
Carolina sacudió su cabeza confundida.
_ No, Rodri. No me olvidé.- dijo ella con vehemencia-. Tuve un drama con mi viejo. Entedeme,le tuve que decir y....
_ Uy, es muy guardabosques? - pregunto el-
_ Ssi, bueno, lo normal, solo que...
_ Escuchame Caro.- interrumpió El abruptamente-. Aún no tengo novedades de las agencias pero te conseguí un laburo en John Cook, la marca de ropa. Necesitan pibas lindas para el local de Martínez. Eso, si, tenes que dejar el cole.
_ Ok, ok. No hay problema con eso, Rodri, ya hablé con mis padres de pasarme a la...
_ Perfecto, perfecto.- volvió a interrumpir él-. Empezás en diez dias; te llamo mañana, Caro. Y no te olvides de hacer la lista que te pedí, te amo osito, chau.
_ Yo tambien osito, te re amo.- replicó Carolina con un profundo sentimiento de enamoramiento.
Cuando la jóven cortó el teléfono, lo devolvió a la mesita de noche; luego, abrio el cajon para extraer su diario íntimo y escribió con boligrafo en letra cursiva:
Lista de chicos con los que salí:
Primer año: Adrián López, compañero de escuela, solo beso.
Segundo año : Miguel Awada, beso y caricias suaves.
Tercer año: Benjamín Rosetti, beso de lengua y caricias zarpadas.
Caro.❤️
Querido diario:
Por fin me liberé de ese colegio! Mañana empiezo a trabajar en Kosiuko y me siento fresca y renovada. Seguro que pronto Rodri me llevará a las pasarelas.
Caro
El interior del local de Kosiuko de Unicenter está iluminado por luces modernas y ambientado con musica de rock de la Fm Rock & Pop. Las empleadas están vestidas con la ropa de la marca: una remera ajustada con el logo y jeans elastizados de tiro alto con calce profundo. Carolina - con un nuevo corte de peluqueria- está doblando ropa en una mesa central, sintiéndose divina y adaptada a la vibra del local.
De pronto, Una compañera de trabajo se le acercó apurada, susurrandole con disimulo y mirando hacia la entrada vidriada.
_ Che, Caro, ahí afuera está tu novio de nuevo. Hace como media hora que está ahí parado mirando por la vidriera. Me me como cosa, no deja de relojear.
Carolina levantó la vista hacia el gran ventanal de la vidriera. A través del vidrio, entre los maniquíes y las prendas de promoción, ve a Rodrigo. Lleva una campera negra, muñequeras de cuero y el pelo semirapado. Rodrigo la ve y se acerca a la mesa de madera donde está Carolina para marcar territorio; la toma desde atrás y arrima sus caderas.
_¡Rodri! ¿Qué hacés acá? Te dije que hoy salía más tarde porque tenemos que hacer el inventario.
_Pasaba a verte. Me preocupa que pases tantas horas acá expuesta, con esos pantalones ajustados que vuelven loco a cualquiera- comentó con una mirada de desaprobación-.
Carolina trata de tomarlo a la ligera, manteniendo su orgullo rebelde, aunque la intensidad de él la apabulla un poco.
_ No exageres, Rodri. Nadie me está mirando. El público es mayormente femenino.
_ Si, pero en la nocturna hay mujeres y hombres, así que se me ocurrió que como debo un par de materias de la secundaria, podía ir a esa escuela con vos.
De inmediato, sacó un papel doblado del bolsillo de su campera y se lo muestró. Se trataba es un formulario de inscripción oficial de la escuela Marcos Paz de San Fernando. Carolina miró el papel y se sintió algo perpleja.
_ ¿Te anotaste en mi colegio? ¿Vas a ir conmigo?- La muchacha siente por primera vez un sofocante de asfixia, una extraña sensación de que él está en todos lados.
Luego de mirarlo fijamente por unos segundos, Carolina borró esa sensación con una sonrisa forzada
_ Estás loco, Rodri... no sé que decir, me gusta la idea pero...
_ ...Pero qué?, ¿Pensabas que te iba dejar hacerte la zorra con esos jeans apretados?- El joven la abrazó la cintura de una manera que a Carolina le pareció posesiva.
_ Rodrigo, yo no sé que pensás pero no me gusta que me digas así.- dijo ella tratando de zafar de sus abrazo y mirando de reojo a su compañera Moira que los vigilaba desde el mostrador.
_ Que mira esa pu.ta? Tiene una pinta de fácil esa compañera tuya, puedo olerlo dedee acá.
_ Moira es una chica genial, me invitó a bailar a NYC pero pueden ir los novios así que su querés...
-Carolina no teemino de decir la frase cuando el la cayó con un dedo índice y luego la beso espiando con un ojo la reacción de Moira.
_ Nos vemos esta noche en el Marcos Paz. Le dijo señalándola con un dedo. Chau, osito.
Escuela Nocturno Marcos Paz, San Fernando, 11pm.
La jornada de estudios llegó a su fin y Carolina se apresuró a tomar su cuaderno y sus libros para salir a transitar los pasillos de cerámica bicolor del establecimiento hacia la entrada principal.
_ ¿Todo bien? Caro? - La abordó Rodrigo desde atrás. Al jóven lo habian colocado en una division diferente de la de ella.
_ ¡Rodri!- se sorprendió la jóven. ¿Cómo te fue?
_ Bien, creo aunque no se me da bien la historia.- respondió-. Y a vos?
En ese mismo momento, un compañero de clase de Carolina pasó por enfrente de ellos y le hizo un gesto de saludo con la mano al que la chica respondió con una sonrisa que irritó a Rodrigo.
_ Bien...yo...- quiso contestar ella-.
_ ¡¿Quien es ese?!- se apresuró Rodrigo-.
_ ¿Él? Alberto? - respondió la chica en un tono casual-. Un compañero, por qué?
_ ¿Te lo estás levantando?- quiso saber Rodrigo ante la mirada atonita de Carolina-.
_ No! Rodri.- negó la chica con vehemencia-. Cómo crees que yo...?
Mientras tanto, del lado de afuera del edificio, Ernesto Alvarez aguardaba a su hija adentro de un Fiat duna gris plata estacionado justo en la esquina de enfrente. De pronto, vio que entre la multitud de estudiantes que salia de la escuelase hallaba su hija quien venía caminando con el brazo de un hombre mayor que ella rodeando su espalda.
De pronto, Carolina giró y se paró frente al hombre extraño.
_ Te juro, Rodri, no estaba haciendo nada, por que te ponés así?
_ Yo lo unico que te digo es que si me cagás te mato!- respondió y Carlona escuchó por primera vez la palabra "matar" de boca de su novio.Pero aún no podía darle el peso sugnificado real que ésta cargaba en la mente de él.
_ Rodri, ahí esta el coche de mi viejo, te llamo mañana, lo prometo- lo tranquilizó la jóven con un beso corto en los labios.
_ Ok, pero no te ovides de lo que te pedí recién.
La jóven cruzó la calle hacia el duna gris mientras Ernesto aguardaba preocupado ante la sorpresa. Carolina le sonrió a través del parabrisa y luego enfiló por el costado a abrir la puerta del acompañante.
_ Hola, pa,Me fue re bien!- lo saludo con un beso en la mejilla.
Ernesto permaneció con el rostro endurecido.
_ ¿Quien es ese tipo?- preguntó con impostergable prisa por saber la verdad.
_ Ah...oh...Rodrigo...mi fotógrafo.- respondió Carolina sabiéndose descubierta-. El tambien estudia acá.
_ ¿Por que lo besaste?
_ Porque...bueno...él y yo...- titubeó la joven-.
_ ¡estas saliendo con tu fotógrafo!- dedujo Ernesto golpeando el volante con sus manos- Me dijiste que...
_ Si, te dije que no habia nada entre él y yo pero lo hice para que no te pongas mal.
_ ¿Y cuando pensabas decirme la verdad, Caro?
Carolina hizo un silencio y comenzó a sollozar. Pero no lo hizo porque su padre la acababa de descubrir con Rodrigo. Lo hizo por la tension que la relación con su novio le estaba generando.
Querido diario:
Me siento muy mal. Hoy empecé la escuela y ya Rodrigo me pidió una lista de chicos que me me miraron y me hablaron en la clase. Debo ponerme a escribirla.
Caro.
Querido diario: Está noche es la fiesta de Kosiuko. Rodri a llegar mas tarde porque le salio un laburo en un evento. Voy a ver que me pongo
Caro.
Costanera Norte, 11pm
La música noventera salía de los parlantes con furia del boliche nocturno. Caro, Moira y otras empleadas de la firma,se movían con soltura juvenil en la pista de baile bajo los efectos de las luces giratorias . Algunos directivos y empleados masculinos charlaban con una copa de García con limón en la mano a un costado o sentados en la barra.
Mientras que adentro, la gente vibraba al ritmo "La Pachanga", Rodrigo se presentó con su motocicleta en el frente del boliche. Se quitó el casco, le pagó unos pesos al trapito y entró al local bailable con esa presencia intimidante. Como con mirada telescópica, recorrió la pequeña multitud de gente hasta detectar su novia que cuchicheaba sonriente con sus compañeras mientras que un muchacho algo embriagado las observaba se lejos.
Rodrigo apretó la mandíbula con furia contenida. Mientras caminaba a paso firme hacia la pista, Carolina lo divisó y fue a su encuentro enseguida con alegría en su rostro. Pero su novio no compartía la misma animosidad sino que se lo veía serio y preocupado.
_ Rodri, amor, llegaste!- Lo recibió ella.
_ ¿Que mierda estss haciendo bailando como una puta? Estuviste transándote a algún tipo? Me dijiste que era una reunión de chicas...
_ No, Rodri, yo...ellos son...empleados de la firma, ni los conoz...-. Carolina no terminó de decir la frase cuando Rodrigo la jaló del pelo, arrastrándola con fuerza hacia un costado y arrojándola contra una mesa. Si bien la música estaba fuerte y el salón oscuro, algunas personas notaron el incidente, entre ellas, Moira que se llevó una mano a la boca.
Rodrigo estalló en furia pateando a Carolina con la punta de sus borcegos mientras que ella se cubría la cara con los brazos. Moira corrió hacia ellos de inmediato e intentó detenerlo.
_ ¡Dejala en paz hijo de puta! - Exclamó sin éxito.
Un hombre al costado vio la escena y sorprendió a Rodrigo por la espalda tomándole de los brazos.
_ Quédate quieto, chabón, que te pasa?!
Rodrigo se zafó y comenzó a pelear con el a los trompadas. Otros hombres se sumaron y la fiesta culminó en un caos de violencia que tuvo que ser intervenido por un guardia y por la policía.
Una hora más tarde, un remise estacionó en la puerta de la calle Arévalos.
_ Llamame, no lo olvides- le insistió Moira a Carolina antes de bajar-. Su amiga la saludó desde la entrada de su casa y el coche arrancó.
Al entrar a su casa con su propio juego de llaves, encendió las luces y se dirigió a la cocina a beber un vaso de agua. Mientras tanto, Regina bajó las escaleras con sus pantuflas y su salto de cama.
_ Caro, llegaste, como te fue?
Carolina permaneció de espaldas frente a la bacha de la cocina.
_ Bien, ma - respondió con un hilo de voz.
_ Te dejé comida en el microondas por si querés...
_ Está bien, ma...- se apuró la jóven- no tengo hambre. Pero para ese entonces, Regina había notado una marca extraña en el rostro de su hija y se acercó a mirarla más de cerca.
_ Caro, que es ese moretón?
_ ¿Éste?- respondió con indiferencia- No es nada, ma, estábamos bailando y me tropecé con una mesa, re tonta...
_ Bueno, ponete hielo sino...
_ Si, mah, andá a dormir, que pesada!
_ Bueno.- se rindió Regina-. Apagá todas las luces. Mañana charlamos. Te amo, buenas noches.
_ Buenas noches, ma.
Querido diario:
Rodrigo me pegó! Bah, no llegó a eso pero me empujó fuerte contra una mesa. Tengo un moretón en el lado derecho de mi cara. Me voy a dormir.
Caro
Querido diario: Ya casi termina el año y por fin llegan las vaciones. Pero antes tengo que cumplir con algunos casting de modelaje. Rodri me consiguió unas entrevistas está tarde en Dotto Models.
Caro
Palermo, 10 pm
El estudio fotográfico de la agencia "Dotto Models" de la calle Libertador era imponente y de primer nivel. Fondos blancos, paraguas negros de luces con el logo "DM", asistentes corriendo de un lado a otro. Carolina está en el foco, lookeada con una ropa casual sencilla que resalta la belleza de su rostro, pero su cuerpo está rígido.
Detrás de las cámaras, el fotógrafo estrella de la agencia baja su lente con un gesto de frustración. Al lado de él, metido entre e staff, está Rodrigo fumando un cigarrillo y conla mirada en cada detalle del casting.
_Paramos un minuto.- les aviso a los presentes. Luego se acercó a su modelo:
_ Caro, linda, sos hermosa, pero estás durísima. Me cortás el movimiento, estás muy tensa.
Rodrigo pisoteó la colilla de su cigarrillo con la punta de su bota y le apoyó un brazo sobre el hombro a su colega:
_Tenéle paciencia, flaco.- Le sugirió-. Todavía es muy insegura, recién empieza. Pero la va a romper.
Carolina observaba a su novio desde una silla de maquillaje. Una mujer le retocada el rostro con una esponja.
_ Gorda, voy a tratar de cubrir mejor este motetón viejo que te hiciste acá. El fotógrafo no lo noto pero la cámara puede que lo haga.
Estás bien?
_ Si, obvio.- mintió ella siguiéndole la mirada a Ridrigo que desaparecía de la sala-. Estoy nerviosa nada más
Habían pasado tres semanas desde el incidente del boliche de la Costanera pero el rastro del golpe se resistía a abandonarla tanto física como psicológica mente.
Mientras tanto, en otra sala del peestigioso estudio, Rodrofo estaba sentado frente al escritorio de la oficina del "gran Pancho Dotto". Paredes con afiches de tapas de revistas de modelos como Valeria Mazza, Andrea Frigerio y María Vázquez le asignaban un status único.
_ El material es excelente, como modelo publicitaria tiene una proyección brutal. La quieto en el próximo desfile de Giordano dePunta del Este. Pero hay un tema legal, Caro tiene 17 años, es mwnor. Necesito ya mismo el contrato firmado y la autorización de tu padre, Rodrigo.
Rodrigo lo pensó rápidamente. Debía entrar en el mundo de Ernesto Alvarez cuanto antes o no le queda falsificar la firma.
_ Quedate tranquilo, Pancho. Esta semana misma te traigo el papel firmado por él, no te preocupes.
En la tarde de ese sábado, Ernesto y Regina estaban solos en la cocina de la casa de la calle Arévalos. Ernesto limpiaba una herriemta de trabajo cuando sonó el timbre. Al abrir la puerta, Regina se encontró de frente con la silueta imponente de Rodrigo. Llevaba una camisa de vestir, el pelo prolijamente peinado y una carpeta de cartulina en la mano.
_ Buenas tardes, se encuentra Don Ernesto?- dijo Rodrigo
_ Si, quien lo busca?- preguntó Regina.
_ Mi nombre es Rodrigo Olivera, soy el fotógrafo de Carolina.
Regina arqueó las cejas por la sorpresa.
_ Ah, Rodrigo, si. Caro nos habla mucho de vos, pasa, Ernesto está en la cocina.
El joven entró a la casa y atravesó la sala principal y cuando llegó a la cocina Erbesto aún estaba enfocado en la limpieza de su formón de trabajo.
_ Ernesto, acá vino Rodrigo, el fotógrafo de Caro- le informó Regina con la mandíbula tensa.
En ese momento, Ernesto giró la cabeza.
_ Disculpe el atrevimiento de venir sin avisar.-dijo Rodrigo, extendiendo la mano con una firmeza y una educación mecánica-.Sé que Carolina no está, pero vine justamente a hablar con usted y con su esposa,si no es molestia.
Ernesto, tomado por sorpresa ante semejante, dudó por unos segundos, pero terminó cediendo:
_ Sentate, pibe- le indicó el hombre.
Sentado a la mesa, Rodrigo no anduvo con rodeos, pero usó una voz pausada, cargada de una seriedad y una madurez fingida que inspiraba respeto.
_ Sé que mi presencia acá les resulta extraña, y que la diferencia de edad con Caro les debe generar desconfianza. Es lógico, yo en su lugar estaria igual. Pero justamente vine a dar la cara porque mis intenciones son serias. Don Ernesto, Regina... yo amo a su hija. La quiero de verdad
Regina, parada contra la bacha de la cocina, se llevó la mano a la boca; mientras que Ernesto apretaba la mandibula disimulando el escozor que le provocaba la situación. Pero antes de que el padre pudiera estallar, Rodrigo levantó una mano, hablando con total humildad:
_ Déjeme explicar, por favor, se lo pido. Yo sé que Caro es una nena, por eso mismo la cuido mucho: La acompaño a la nocturna, le insisto para que no descuide el estudio y la protejo de los tipos que se le acercan. Le juro, Don Ernesto, jamás haría nada que la perjudique, todo lo contrario: quiero ayudarla en todo.
Las palabras, firmes y cargadas de devoción, empezaron a calar en el silencio tenso de los Álvarez. Regina miró a su esposo, con la guardia un poco más baja; la idea de que un hombre mayor y seguro de su mismo estuviera cuidando de su hija le daba cierto aire de tranquilidad . Ernesto aflojó los hombros, confundido por la extrema decencia que mostraba el tipo, y exhalo aire por la boca.
Regina sacó la pava de la hornalla, sirvió un mate y se lo ofreció al joven. Luego se sentó a la mesa.
Rodrigo, oliendo que ya los tenía ablandados, abrió la carpeta de plastico con naturalidad y deslizó un papel con el membrete de Dotto Models.
_ Esto es una gran oportunidad para su futuro, pero necesito su confianza. Pancho Dotto la quiere para su temporada de verano en Punta del Este. El cachet es salado, una locura de plata para empezar. Pero como ella es menor, la agencia me exige que usted, Don Ernesto, me firme esta autorización para que ella pueda viajar y desempeñarse en producciones y eventos.
Ernesto miró el papel y luego a Rodrigo. Después lo leyó detenidamente.
_ Acá dice que las modelos se alojan juntas en una casa de Punta del Este por dos meses y la casa pertenece al señor Dotto. ¿Qué significa ésto? ¿este tipo tiene una especie de harén en la playa?
Regina dibujó una leve sonrisa por la ocurrencia de su esposo.
En ese preciso instante, la puerta de calle se abrió. Carolina entró apurada, con un morral al hombro:
_ ¡Hola, ma! ¡Hola, pa! No saben el calor que ha... _su voz se cortó en seco al ver a Rodrigo sentado a la mesa con sus padres, compartiendo el mate que Regina le acababa de servir-.
El corazón de la jóven dio un vuelco. La atmósfera en la cocina era de total cordialidad.
_ Vení, Caro, sentate -le dijo Ernesto con tono ameno- Rodrigo nos estaba hablando de tu contrato en Dotto Models.
Carolina miró a Rodrigo, fascinada, completamente seducida por el despliegue de poder de su novio. En un segundo, el recuerdo del tirón de pelo en el boliche, el moretón y las escenas de celos desaparecieron de su mente como si nunca hubieran existido; sintiendo que su cuento de hadas era real.
Querido diario:
Querido diario:
El 95 lo empecé con todo! En este momento me encuentro en la casa de Pancho junto con mis compañeras del staff. La estoy pasando bomba. Rodri llega esta tarde así que me voy a encontrar con el en "La Barra"
Caro
San Ignacio, Punta del Este, Uruguay
Aquel día esteño amaneció caluroso y soleado. Las chicas del staff de Dotto Models se despertaron temprano para hacer una producción en Goo Beach y luego volvieron a la casa a almorzar.
Carolina estaba sentada en una de las puntas de la larga mesa con un plato de ensalada frente a ella, ensimismada, con sus pensamientos hundidos en su encuentro con Rodrigo de esa noche.
_ Ey, Caro, que pasa? Estuviste muy callada toda la mañana- preguntó una de las chicas
_ Nada, esta tardeviene mi novio a Punta. Me voy a encontrar con él.
_ Ah, a mi no me dejaron encontrarme con el mio, es que aún no es...."oficial".- respondió la joven modelo dibujando las comillas con sus dedos.
_ Ah, no. Rodri es re oficial, chicas. Ya conoció a mis padres y vino a casa la última Navidad.
Las chicas la miraron con asombro.
_ ¡Wow! Eso si que es oficial- opinó otra jóven.
_ Yo ni loca me pongo de novia ahora, tengo dieciséis, quiero vivir y a0star todo a mí carrera- agregó una tercera modelo de figura casi esquelética.
_ Por cierto, creo que no tengo mucho hambre hoy, chicas.- sentenció Carolina-. Creo que voy a acostarme un rato al cuarto.
En ese entonces, la jóven se paró de la mesa y se dirigió por el pasillo a la habitación
Las otras chicas murmuraron:
_ Como si hubiera mucho que comer, miren esto- comentó una de las modelos levantando una hoja de lechuga con sus dedos.
El resto lanzó una carcajada.
Carolina se encerro en el cuarto de cuchetas marineras y luego se dispuso a leer una carta de Rodrigo que guardaba entre sus pertenencias. Tenía la figura un oso dibujado y debajo un "te amo" con letras gordas. Se quedó dormida abrazando el papel y cuando se despertó ya eran las seis. La muchacha se levantó y corrió a ducharse, solo tenía una hora para arreglarse y dirigirse al barrio de Maldonado.
Maldonado, Punta del Este, pm
"La Barra", Maldonado, 7pm
El sol de Punta del Este empezaba a caer con un tono dorado sobre La Barra. El movimiento frente al restaurante era: Jeeps y convertibles; jóvenes bronceados vestidos con camisas y vestidos de tonos claros y remeras de marca que ingresaban al restó.
Carolina llegó apurada en un coche con chófer que le ponía Pancho a las chicas. Bajó con el corazón latiéndole fuerte de la emoción; iba vestida con un solero blanco, un sombrero de paja y aros colorados. Cruzó el deck de madera buscando entre las mesas a su novio.
Rodrigo estaba sentado en una mesa del lado drecho, semioculta por unas plantas. Llevaba anteojos de sol oscuros, una remera verde musgo de motivo militar que contrastaba con el ambiente playero cool y fumaba con ansiedad.
_ ¡Rodri! -exclamó Carolina con una sonrisa enmarcada por su labial rojo, corriendo emocionada hacia él.-
Le dio un beso tierno en los labios. Rodrigo la recibió con una sonrisa discreta y la invitó a sentarse frente a él.
_Te extrañé, osito -dijo él, apagando el cigarrillo en el cenicero y levantando la mano para llamar al mozo.
_ Yo mas, osito, no sabés lo que es todo ésto, es una locura todo. -contestó ella, peinándose el corte de pelo corto con los dedos-. ¿Cuándo llegaste? ¿Dónde te estás quedando?
_ Llegué hace una hora, estoy parando en un hotelucho de acá cerca, en Maldonado.- respondió con un semblante impasible, aunque sus ojos escaneaban el cambio en el aspecto de ella-. Pero no vine a veranear, Caro. Vine a cuidarte. De hecho... ya estuve viendo lo que hiciste hoy a la mañana en Goo Beach.
Carolina lo miró sorprendida, arqueando las cejas.
Rodrigo sonrió con altivez. Metió la mano en una maletin de cuero que tenía apoyada sobre los pies de la silla y extrajo un sobre de papel madera que lo apoyó sobre la mesa.
_ Tengo mis contactos, Caro.Me mandaron un facsímil con las pruebas de impresión. Y decime... ¿quiénes son estos flacos que estás abrazando? No me dijiste nada que era una producción mixta.
En ese momento, el mozo se acercó a la mesa y preguntó por la bebida.
_ Un vino tinto y un agua con gas- ordenó Rodrigo.
Carolina miró las imágenes del fax. Eran las fotos de esa mañana. En la escena, ella salía abrazada junto a dos modelos masculinos de una agencia uruguaya que Dotto había contratado para una campaña de trajes de baño femeninos.
_ No lo sabía, Rodri. No lo supe hasta último momento- aclaró Carolina con total sinceridad-. Son modelos de una agencia de Montevideo. Pero no te preocupes, Los uruguayos son muy respetuosos, re caballeros, nada zarpados.
Rodrigo apretó la mandíbula con tanta fuerza que los músculos de la cara se le marcaron. Se sacó los anteojos de sol de un tirón, clavándole una mirada oscura llena de odio que remitió a Carolina a la noche en Costanera Norte.
— ¿Respetuosos? ¿Caballeros? O sea que estuviste socializando bastante con ellos. Te conozco, Caro. Te gusta hacerte la linda, la simpática con todo el mundo.
_ No, Rodri, te juro que no,no me gusta hacerme nada, yo soy así...- empezó a tartamudear ella con una frustración que le provocaba ganas de llorar.
De repente, el mozo regresó con las bebidas y ella giró la cabeza para un costado, mirando hacia un punto ciego con los ojos empañados de lágrimas.
_ Supongo que me hiciste una lista, verdad? ¿La escribiste? ¡Contestame, Caro!
El mozo se retiró y ella lo volvió a mirar.
_ No- respondio con una voz ahogada, casi sin sonido.-
_ Quiero saber los nombres de los chicos que te miraron, te hablaron o te tocaron. Ponete a escribirla ya mismo en esa servilleta.
Carolina miró a la servilleta y luego tomó su cartera para tomar un bolígrafo. Con las manos temblorosas esceibió:
Chicos de la producción:
Uno rubio de ojos claros: Me miró con una sonrisa.
El morocho de tez oscura, creo que se llamaba Pablo: me abrazo por la cintura.
El de rulos, Rolando, José: Me dijo que le recordaba a una prima.
Hotel Conrad, Punta del Este.
El viento de la noche esteña traía el olor del mar hacia la pasarela gigante montada sobre la entrada del hotel Conrad. Los reflectores apuntaban a la pasarella donde las modelos lucian sus impactantes cabelleras con sello "Giordano" . Frente al escenario, las cámaras de televisión transmitían en vivo.
Roberto Giordano, apostado frente a una tarima con microfono junto a su compañera Teté Coustarot, agitaba los brazos para alentar a las chicas que caminaban al ritmo suave de la música:
_ ¡Eso es! ¡A mover las cabezas! ¡Moviendo las cabezas, chicas! ¡Todo el glamour, Teté! - exclamaba Giordano con su clásico entusiasmo.
A su costado derecho, Teté Coustarot, impecable y sonriente, le respondía al micrófono:
_ Claro que sí, Roberto. En esta noche mágica de Punta, dándole la bienvenida a la pasarela a la nueva modelo del staff de Dotto Models: Carolina Álvarez.
En ese mismo instante, Carolina irrumpió en la pasarela luciendo el corte de pelo que el propio Giordano jabia esculpido para ella. Caminó con soltura, sintiendo los flashes y las miradas sobre ella. Al llegar a la punta de la pasarela, dio un giro perfecto y sonrió con gracia.
Abajo, en las primeras filas del público, Ernesto y Regina Álvarez la miraba con los ojos empañados de emoción; orgullosos al ver a su hija brillar el desfile más importante de la temporada.
Sin embargo, unos metros más atrás, mezclado entre la gente, Rodrigo miraba la escena con ira comtenida, tratando de calmar suc nerviosismo con un cigarrillo. A su alrededor, un grupo de hombres aplaudía y chiflaba al paso de su novia: ¡Diosa! ¡Que bombón!. Cada elogio era una puñalada para la mente paranoica de Rodrigo, que sentía a todos esos tipos como potenciales rivales.
Cuando el desfile llego a su fin bajo una lluvia de fuegos artificiales, Carolina y el resto de las modelos corrieron hacia el camarín gigante armado en un salón del Hotel.
Adentro, el ambiente era un caos de percheros de ropa, espejos de luces y maquilladores y chicas que se amontonaban para cambiarse y quitarse el maquillaje.
_ ¡Estuviste perfecta, Caro! -le dijo una de sus compañeras de Dotto Models pasándose un algodón con crema en el rostro.
_ Sí, seguro que mañana salís en las revistas -comentó otra entre risas mientras se sacaba los zapatos de taco alto.
Carolina sonreía frente al espejo, limpiándose el labial con un papel Tisú. De repente, la puerta del camarin se abrió con violencia. Rodrigo entró como un toro enardecido, empujando a un asistente de vestuario contra un perchero.
Antes de que Carolina pudiera reaccionar o pronunciar palabra, Rodrigo se abalanzó sobre ella.
_ ¡Sos una puta! ¡Te pusiste a desfilar para que te miren todos esos pajeros! -le gritó desencajado; cruzándole la cara de un fuerte cachetazo que la tiró al suelo desde su silla.
El camarín se transformó en pocos segundos en un maremoto de gritos. Las modelos empezaron a correr y a gritar de un lado al otro mientras Rodrigo, ciego de ira, pateaba a Carolina en el suelo.
_¡Eh, qué es esto? Vos pibe, ¿Quién sos?, ¿Que hacés acá? ¡Rajá del camarín ya! -la voz de Roberto Giordano resonó en la amplia habitación. El peluquero entró apurado, poniéndose en el medio para frenar al agresor-. ¡Llamen a seguridad! ¡Saquen a este tipo ya mismo!
Dos hombres corpulentos de la seguridad del evento entraron de inmediato, tomaron a Rodrigo por la espalda y, tras un breve forcejeo, lo sacaron a rastras del camarín, insultando y dando escupitajos.
Segundos después, Ernesto y Regina, que venían a saludar a su hija tras su debut, entraron corriendo alarmados por los gritos. Al ver la escena, el alma les dio un vuelco:
Carolina estaba tirada en el piso, rodeada por sus compañeras que llorando, intentaban ayudarla. Tenía el el vestido manchado de rojo y le sangraba la nariz de manera abundante, mientras Regina se arrodillaba a su lado. Ernesto, con el rostro pálido, no podía reaccionar.
_ Ernesto! Anda a buscar la camioneta. Tenemos que llevarla a un hospital!
Sentada sobre una camilla de la sala de emergencias del Hospital Elvio Rivero, Carolina miraba un afiche médico en la pared frontal. Tenía vendada el área tabique nasal y dos apósitos de algodón adentro la nariz, el labio partido e hinchado, y la remera blanca con el logo de Giordano salpicado de sangre.
Una enfermera de aspecto huraño y pocas palabras le limpiaba con cuidado un raspón cerca de la oreja mientras el médico de guardia anotaba en una planilla.
_ Bueno, gurisa, ya está todo curado -dijo el médico, bajando la tabla y mirándola con una mezcla de ternura y severidad profesional-. Pero necesito que me digas qué pasó exactamente para realizar el informe correspondiente ¿Te dieron una buena paliza, verdad?
Carolina abrió la boca, pero la voz se le quedó atascada en la garganta. El miedo a Rodrigo, la vergüenza y el mecanismo automático de negación la paralizaron. Miró a la enfermera, luego al médico, incapaz de pronunciar una sola palabra.
_ Déjela, doctor, necesita procesar lo que ocurrió -intervino Regina, dando un paso adelante desde el rincón de la sala. Tenía los ojos hinchados de llorar pero la indignación suficiente para hablar con toda firmeza- Mi hija recibió una golpiza feroz de la persona del hijo de puta de su novio, que espero que quede preso.
Carolina se largó a llorar en silencio, tapándose la cara con las manos, mientras la enfermera intercambiaba una mirada cómplice con el médico y luego le apoyaba un brazo en la espalda.
_ Debo elaborar un acta de violencia de género- les informó el doctor-. Si me disculpan, ahora vengo.
El hombre de delantal blanco abrió la puerta y de inmediato se encontró con Ernesto en el pasillo.
_ Señor Álvarez, no se preocupe, Carolina está bien. Ahora voy a elevar un acta por violencia física.
_ Lo van a llevar preso?
_ Eso no me corresponde a mi, Señor; pero es probable que lo detengan lo encuestran, permiso.
_ Mal nacido... -masculló entre dientes, con la mirada inyectada en odio-.Lo voy a ir a buscar yo mismo y lo voy a matar con mis propias manos.
La impotencia de no poder actuar, lo estaba carcomiendo por dentro. Ernesto necesitaba descargar esa rabia. Vio un teléfono público en la pared del pasillo, caminó hacia él y sacó del bolsillo el papel arrugado con los datos del hotelucho de Maldonado que Rodrigo le había mencionado al pasar.
Marcó el número con dedos frenéticios y ansiosos. El teléfono sonó tres veces hasta que la voz mecánica de un recepcionista atendió del otro lado.
_ Buenas noches, hospedaje San Fernando.
_ Buenas noches. Necesito comunicarme urgente con el huesoed Rodrigo Olivera. Es una emergencia -soltó Ernesto agarrando el tubo con fuerza.
_ Un momento, por favor- se excusó el empleado hotelero.
Se escuchó el ruido de fondo de una música funcional.
_Si, señor, el Señor Olivera abandonó hotel hace media hora. Dijo que se volvía para Buenos Aires. ¿Puedo aydarlo en algo?
Ernesto no respondió. Se quedó helado, escuchando la voz del recepcionista llamándolo insistentemente. Apoyó la frente contra el metal frío del teléfono público y luego golpeó el aparato con el tubo, destrozándolo.
Querido diario:
Esta es mi segunda semana en este colegio y no puedo adaptarme a este encierro. Extraño mucho a Rodrigo. Quieto verlo aunque mis padres me lo hayan prohibido.
Caro.
Colegio San Jorge, Quilmes, Buenos Aires.
Aquel día nublado y ventoso de Marzo, Carolina estaba sentada frente al escritorio de su celda en el colegio pupilo intentando concentrarse en su lección de Historia.
Luego de emitir un enérgico soplido, cerró el grueso libro de un golpe seco. Caminó hacia su cama, aterrizó sobre ella boca abajo y luego manoteó dentro del cajón de la mesita de noche y extrajo un sobre con pegatinas. Adentro, se encontraba doblada en cuatro una de las cartas que Rodrigo le había enviado durante su noviazgo. Una de esas cartas llenas de frases de amor y cariño que la hacían creer que realmente la amaba.
Por otro lado, a unos cuantos kilómetros de allí, Rodrigo se encontraba inmerso en la oscuridad de su loft de Núñez y en el sonido crudo de una banda de rock skinhead; hundiendo con manos temblorosas una navaja de filo reluciente en la piel de su antebrazo izquierdo. La sangre brotaba y caía al suelo a medida que él iba grabando el nombre de su novia en su cuerpo, como si esa fuera la única forma de retenerla.
Hacía tiempo que el teléfono andaba sonando insistentemente en casa de los Álvarez con un Rodrigo ávido por saber del destino de su novia. Ernesto le cortaba con el tubo de inmediato, dispuesto a no dejarse manipular nuevamente por el joven y no revelar el lugar en donde tenía recluida a Carolina.
Querido Rodri:
Espero que esta carta pueda llegar a tus manos. Te extraño tanto, necesito verte y al menos que te enteres donde estoy, nadie vendrá a sacarme de aquí.
Caro.
Querido diario: Envié una carta a Rodri a través de un empleado del Colegio que viaja a Capital y me contestó diciendo que me va a venir por mi esta tarde.
Colegio San Jorge, Quilmes, 4pm
La lluvia caía incesantemente en el patio del Colegio de pupilas. Carolina miraba el relajo de pared del frente mientras finalizaba un exámen. Una monja caminaba entre los bancos de las alumnas con las manos detrás de la espalda, vigilándolas en silencio.
De pronto, Carolina se levantó de su banco y entregó su hoja.
_ ¿Ya terminó Srta. Alvarez? - se sorprendió la religosa.
_ Si, hermana.
_ ¿No desea revisarlo?- insistió la monja
_ No, hermana. Necesito ir al baño, puedo?- pregunto la jóven.
_ Vaya! Vaya!.
Simulando apuro, Carolina corrió hacia la puerta del pasillo y desvió el camino hacia las escaleras de hall que conducía a los pisos superiores. Al llegar arriba, caminó rápidamente hasta su celda y buscó un bolso con sus pertenencias.
Observó a través la ventana y vio que seguía lloviendo. Entonces cortó una bolsa de plástico que había dentro del placard y se la colocó sobre la cabeza. Salió de inmediato por la puerta con el bolso en la mano y se apresuró a bajar nuevamente hacia el hall principal.
Una ves allí, enfiló hacia el parque del campus y caminó bajo la lluvia hasta la reja de la entrada. Al salir, corrió hacia la esquina a encontrarse con la motocicleta de Rodrigo quien la esperaba para fugarse.
...
Querido díario:
Núñez, Buenos Aires, 20 pm
Las guitarras estridentes del rock skinhead vibraba fuertemente en las paredes de la oscura habitación del loft de Núñez, solo iluminada por un letrero de neón. Como si se tratara de un ritual, Rodrigo y Carolina hicieron el amor de una manera extrema y pasional; combinando caricias profundas con movimientos bruscos y extravagantes.
_ Ahora sos mía- murmuró él joven - y vas a hacer lo que yo te diga.
Carolina asintió en medio de una sensación de extasis. Rodrigo se levantó desnudo de la cama y se desplazó como una serpiente hacia su objetivo: una máquina rasuradora de pelo eléctrica al costado de la habitación. La enchufó a un costado y se acercó hacia Carolina para pasársela por la cabeza. Los mechones cortos de cabello fueron cayendo progresivamente sobre las sabanas de lino dejando a la joven con el cuero cabelludo a la vista. Carolina estaba entregada que no reaccionó, cayendo bajo el total control de su pareja.
De pronto, sonó el teléfono. Rodrigo se volvió a parar para atender mientras que Carolina se desplomaba boca arriba invasida en una oleada de placer físico que la hacía morderse los labios.
_ Diga?- contestó Rodrigo intentando contenerse.
_ Hijo de Puta!- una voz masculina Exclamó seca del otro lado.
_ Señor Álvarez?- preguntó Ridrigo con una sonrisa socarrona en su rostro.
_ Escuchame bien, Se que Carolina está con vos, la madre superiora me llamó para avisarme que te vieron por el barrio. Estoy yendo directo para allá a buscarla. Y la policía va en camino.
Rodrigo quito su sonrisa sobradora y miró seriamente a Carolina que le hizo una seña para preguntarle que era.
_ Es tu viejo?- susurró él
_ Uy, que pesado, cortale- le ordenó ella y Rodrigo obedeció.
Mientras tanto, Ernesto y dos patrulleros policiales se dirigían hacia el apartamento de Rodrigo tras una denuncia de Ernesto por secuestro de menor y a la media hora estacionaron frente al edificio antiguo bajo la mirada atonita de los transeuntes de la Av. Cabildo.
Ernesto se paró sobre la vereda y con la vista hacia el primer piso, exclamó:
_ ¡Carolina! ¡Sé que estás ahí! ¡Soltala hijo de puta!
Los oficiales de la policía forzaron la puerta lateral hacia el pasillo que conducía al primer piso.
Adentro, Carolina se vistió con un remerón de su novio y caminó hacia el ventanal que daba a la calle y miró hacia abajo. Era su padre. Ernesto estaba desencajado, con la vena del cuello hinchada de gritar.
_ Rodri... abrile. Vino con la cana- rogo Carolina asustada.
Los ojos de Rodrigo estaban más oscurecidos que nunca. Parecian dos hendijas negras.
_ Vos de acá no te vas- sentenció él.
_¡ ¿Y que pensás hacer?! Rodrigo, estoy harta de todo esto!- Exclamó Carolina histérica ycon lágrimas en los ojos-. En el fondo, Sentía que estaba muy agotada del drama extremo de la relación.
_ ¿Que dijiste, boluda?¿ Estás harta de que? ¿ de mi?- la increpó en un tino amenazante y cargado de tensión.
Carolina vio al mismo demonio en su mirada y se echó hacia atrás.
_ Nada, no dije nada...Rodrigo, por favor.
En ese momento, los policías llegaron a la puerya del apartamento y golpearon con fuerza.
_ Policía! ¡Abra la puerta de inmediato!- se escucho desde el pasillo.
_ ¡Abrí hijo de puta!- Ernesto Exclamó unos metros más atrás.
En ese pasillo, un policía trataba de convencerlo de mantenerse alejado.
_ No se acerque, Señor Álvarez, manténgase alejado.
Adentro, Rodrigo miraba a su novia con odio mientras que los golpes en la puerta de entrada se volvían ensordecedores. Un oficial armado empezó a patear insistentemente la puerta a la altura del picaporte. Adentro, Rodrigo le pegó una bofetada a Carolina. Y otra. Y otra.
La puerta cedió y los oficiales entraron a la sala principal seguidos por Ernesto y se encontraron con la escena de violencia. Rodrigo se paró en el medio del living, desafiante, pero un policía lo empujó contra la pared, poniéndole las esposas en un segundo.
Ernesto pasó por el costado y vio a Carolina arrinconada en el suelo, llorando. La agarró del brazo con firmeza, sin mirarla, ciego de la bronca acumulada.
_ Nos vamos a casa, Carolina. Esto se terminó acá.