Sus orbes se concentraban mucho en lo que se plasmaba en las páginas, quería entender el danés. Y ni siquiera con un libro para niños pudo leer más de cuatro palabras. Se había dicho que daría una vuelta por aquella librería de segunda mano para darse un tiempo a solas, necesitaba salir un poco más. Lo cual resultó para mejorar su humor. Heathcliff se frustró al no poder leer una parte que alzó la voz para dirigirse a la persona más cercana. — ¿Sabes qué dice aquí? —preguntó, extendiendo el libro para que pudiera ser visible para ambos.
Matilde observó con sospecha el libro. Le había prometido a su dama de compañía que le llevaría un libro --la muchacha estaba tan ocupada conversando con los reyes sobre el estado de Dinamarca que ni siquiera se dio cuenta cuando Matilde se escapó--, pero ahora, frente a centenares de libros en un idioma que ni siquiera le gustaba, comenzaba a arrepentirse. “Podría ser el conjuro para una invocación satánica”.












