25 de diciembre de 2025 - Parte II
Si hago memoria, una serie sucesiva de hechos nos condujeron hasta este punto. La última remembranza agradable que conservo antes del caos es de diciembre de 2019, mes en el que me gradúe. Me abría a un mundo nuevo y la ansiedad de conocer lo que vendría después de la vida universitaria cundía todo mi cuerpo. El vestido rosa que usó mi madre, la corbata de mi padre y los listones en el cabello de mi hermana surgen prestas en mi mente, como las pinturas de una galería. Aunque mi recuerdo más vívido es de César, mi querido Ce y su traje gris tomando fotos con su gran cámara profesional. Después de ese evento, todo lo demás sucedió demasiado rápido. Mi ingreso al Hospital Dos de Mayo como médico de emergencias. El virus pululando por todos los rincones del planeta, la crisis económica que se instaló en los países menos favorecidos y las elecciones del año 2021. La verdadera debacle se suscitó luego de todo esto.
La Señora S, hija del dictador, se encargó de continuar con el legado que había dejado de su padre. Ya teníamos graves indicios de su calidad moral; sin embargo, aunque muchos lo vimos venir, otros simplemente prefirieron conservar sus privilegios. El 28 de julio de 2021, se instaló en la casa de Gobierno y se sentó en el sillón presidencial. Para cuando ingresó a gobernar, ya teníamos un nuevo Tribunal Constitucional y un nuevo presidente del Poder Judicial, un tal Carlos Hinojosa, asumió el cargo. No obstante, hubo un evento que terminó por consolidar su malsano poder. Creo que allí fue dónde verdaderamente empezó todo.
Eran las 20:00 horas del 24 de diciembre de 2021, estaba de turno en la sala de emergencias y pasaría noche buena en el hospital. Iba a ser una noche agridulce pues nos encontrábamos en la tercera ola de la pandemia y mucha gente perecía día a día, pero me consolaba la idea de que mi familia estuviera reunida y a salvo en mi hogar. Llevaba 24 horas sin dormir y me aguardaban otras 12, así que dormí un poco antes de continuar con mi labor. Esa noche vi a Ce en mis sueños. Estaba de espaldas frente al mar y me decía: “Todo esto ya ocurrió y ocurrirá nuevamente”. Entonces desperté asustada y preparé una taza de café que me ayudo soportar lo que vendría después. Me retiré al pequeño espacio que nos asignaban en el hospital, me quité los lentes y las dos mascarillas que traía puestas para tomar el café cuando observé que en las noticias de última hora se anunciaba que la Señora S. había indultado a su padre, el señor Fujiwara, condenado por crímenes de lesa humanidad.
De pronto, a las 22:00 horas una marea de gente se agolpó en la Plaza San Marín y en todas las ciudades del país había manifestaciones masivas en contra de la decisión. Miles de jóvenes se reunieron pacíficamente, había música y cánticos, otros coreaban a una sola voz: ¡No a la Sra. S!. Entonces, se apagaron las luces. Lo que siguió fue una muestra de la falta de misericordia. En medio de la conmoción se escucharon gritos y disparos. Jamás hubiera imaginado que dentro de esos desdichados individuos se encontraba Ce. A las 22:10 horas me escribió un mensaje anunciando que se encontraba en la plaza San Marín y que sólo tomaría unas fotos de la protesta. El reloj marcaba las 22:45 y no había vuelto a tener noticias de él. Entonces entré en un estado de desesperación que fue interrumpido por el ingreso de dos jóvenes de aproximadamente 25 años al área de emergencia por heridas de bala. Hora tras hora llegaban heridos al servicio. Aquella noche no pude dormir.
Al día siguiente, los medios de comunicación le restaron importancia a este hecho y se justificó el indulto aduciendo que se trataba de un anciano de 82 años. Los periódicos solo hablaban de los horóscopos, de fútbol y del último “ampay” de la farándula. Nunca se informó del uso irracional de la fuerza, ni de los desaparecidos. Los Organismos Internacionales y algunos países de la región se limitaron a condenar la fuerte represión contra la población civil, pero no hicieron nada más.
No supe de Ce hasta 3 días después. Los amigos que lo acompañaron a la marcha señalaron que hombres encapuchados los detuvieron y torturaron. Uno de ellos no ha podido recuperar la movilidad en las piernas, hasta el día de hoy. Nunca más volví a ver a Ce. Lo único que lograron encontrar fue su cámara.













