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Tengo más temporadas que la ley y el orden (?). ENVIAR.
Partido Amistoso #10
Consigna: el afiche de una película
Monografía resultante:
Algunas ideas sobre cine:
El tiempo transcurre “para adelante” y él atrae la compañía del progreso, algunas veces referido a lo social, muchas otras a lo tecnológico. Ambas distinciones progresistas parecen barrer, empujar y quitar a las ideas “viejas”, pasadas. Y aquí tenemos un problema, ya que estas ideas no son más que discursos. Recapitulemos.
Los afiches de películas, que es el tema a tratar hoy, fueron atravesados por los dos tipos de “progreso” citados. Siendo su finalidad la de publicitar un trabajo hecho por un estudio cinematográfico, la elección tanto de la estética como de lo que se mostraba estaban bajo el control de los estudios y las distribuidoras que financiaron el film. Simplemente, negocios. A los magnates hollywoodenses les surgía una complicación cuando querían conquistar otros mercados, como por ejemplo el polaco. La Polonia comunista de mitad del siglo pasado regulaba y controlaba a la industria cinematográfica desde el Estado, por lo que para generar puestos de trabajo (también para elegir ellos qué mostraban, pero de una manera congruente a la estética propagandística) contrataba personal, diseñadores gráficos, para re-hacer los afiches extranjeros.
El avance del tiempo, otra vez, introdujo la internet en el seno de lo popular. Y con las facilidades y comodidades que ella trajo, la propaganda del cartel fue pasando a un segundo plano. Todavía más: con el triunfo de los trailers (que todos poseen la misma estructura, digámoslo) se sepultó más dentro de la observación de un espectador promedio. A tal punto que los afiches ya (casi) no son tenidos en cuenta. Sino observen los carteles de las películas denominadas “tanques”, (millones de dólares de costo de producción, millones de dólares de costo de publicidad) los que son todos parecidos: un fondo nuboso, que oscila entre gamas de negro y violeta, acompañado por los protagonistas en un primer plano, mirando hacia el horizonte de forma épica, todos amontonados sobre el título de la película y de fondo, como si fuese una marca de agua, el villano o la complicación central que tendrán nuestros héroes. En estos posters lo central es que el consumidor pueda ver con claridad quién o quiénes protagonizan la cinta, porque actualmente, para el ojo pasajero y para el discurso regulador, las películas son de los actores. No del director, o del guionista, ni siquiera de los productores, quienes son los que ponen el dinero para que la película pueda rodarse. De los actores. Una afirmación como la siguiente es la consecuencia de esta concepción del cine:
- ¡La última película de Darín me encantó!
Este otro problema también requiere ocupación y preocupación. Aunque, a decir verdad, forma parte de un mismo todo que el problema citado al comienzo, en el que discursos “nuevos” reemplazan a los antiguos. Los discursos en el cine, los distintos discursos que conviven dentro de una película, están atravesados por el contexto en el que se realiza. Por eso en películas realizadas en los ’60 hay maltrato hacia la mujer, o en las que fueron hechas en la década del ’70 los personajes toman tanta cocaína: son cosas que en ese momento sucedían con normalidad. Entonces hacer que discursos nuevos, que tienden a la reparación de un pasado macabro, “reemplacen” y hagan desaparecer a lo ya sucedido carga con una peligrosidad explosiva. Esto es así porque si se borran los “males” de un pasado, no se reflexiona sobre él. No se lo estudia, no se lo discute, se lo esconde. Este actuar trae como consecuencia la repetición de la historia, hace que esos discursos caducos vuelvan en forma de revisitar conductas que se creían extintas. No hay que borrarlos, hay que exponerlos y dejarlos presentes, para que la población se incomode y vea cómo era su actuar en un pasado nada lejano. Entonces las películas no son de los actores hegemónicos que las protagonizan, ni de los productores millonarios que hacen posible que se lleven a cabo, ni siquiera del director, guionista ni montajista, que a fin de cuentas son los que poseen la invención narrativa. No. Las películas son del contexto en el que fueron concebidas, siendo de gran ayuda para las personas con la finalidad de leer distintas realidades humanas.
Por eso una película como La Flor me parece fundamental para toda la humanidad, porque discute y hasta se pelea con su contexto. La Flor es una película hecha en un momento crítico de comodidad ciudadana, en la que se tiene todo el contenido del mundo* al alcance de la mano. Pero ese contexto de comodidad no es lo único que hace imposible a esta película, sino que también se filmó durante diez años, dura más de catorce horas divididas en seis episodios (películas independientes entre sí*) y requiere del compromiso del espectador, al ser proyectada en tres funciones distintas, en tres días consecutivos.
No solo eso. Tanto en la literatura como en el cine de la década del 2010-2020 prima el “discurso del yo”, en el que toda historia que se cuenta se basa en experiencias propias o ajenas pero con el fin de empatizar, de que nuestras emociones conversen con las de la ficción y así no nos incomodemos; hablando de lo que nos pasa en el día a día (consciente) y de nuestros temores y deseos (inconsciente), pero siempre poniéndonos como centro, como filtro que el arte debe atravesar. Esa incapacidad de corrernos del punto central es lo que nos impide aventurar. Esa incapacidad de corrernos del punto central es lo que Aira critica en su ensayo llamado Evasión:
“Hubo un proceso histórico que en el último medio siglo fue eliminando todos los problemas y conflictos de un diminuto y muy preciso sector de la sociedad, que ipso facto se dedicó a la producción y consumo de novelas celebratorias. Esto es una simplificación, claro está, pero puede tomarse como un mito explicativo. Subsidiados, psicoanalizados, viajados y digitalizados, los novelistas viven vidas de cuento de hadas, y aun así escriben novelas (y no cuento de hadas, lo que sería más honesto).
(…) Como una novela no puede escribirse sin conflicto, los nuevos novelistas, que no lo tienen, deben inventarlo. Es lo único que no deberían inventar, y es lo único que inventan. Porque al inventar el conflicto queda obstruida la genuina invención novelesca, la maquinaria imaginaria, el submarino del capitán Nemo o la locura de Don Quijote, que era lo que se inventaba, para huir del conflicto. Es decir, para evadirse”.
En otras palabras, lo que Aira cataloga como “literatura de evasión” es la literatura que hace olvidarnos de nuestro Yo, que nos cancela la subjetividad y nos permite entrar en otro mundo. Otra realidad. Y bajo esos términos, La Flor es una película de evasión. En ella prima la aventura, el suspenso, lo que nunca nos va a pasar. En ella hay cuatro episodios que no terminan, dejándonos con expectativa. En ella, los dos restantes, son experimentos cinematográficos, que no terminamos de comprender del todo (¡cómo celebro eso!). En ella, el cine conversa sobre sí mismo, sobre la situación en la que se encuentra en la actualidad. La Flor, como experiencia, necesita que nos olvidemos de quiénes somos, de cómo actuaríamos ante situaciones vitales y más: nos pide que para meternos en ella entreguemos lo físico, nos cansemos viéndola, experimentemos desgaste, hastío, dolor de espalda. La Flor, en el contrato silencioso que firmamos al verla, nos pide el cuerpo vacío durante catorce horas, para poder ser rellenado con aventuras.
*1: todo el contenido que la plataforma on demand te ofrece.
*2: la respuesta al argumento “si son seis películas distintas, ¿por qué las proyectan todas juntas?” tiene una respuesta totalmente económica: una película de seis horas de espías, otra que es totalmente muda y una que es filmada con una cámara oscura son inviables en el mercado actual, entonces su proyección conjunta permite que existan y al mismo tiempo exige un gran compromiso del espectador para verlas.
Partido Amistoso #8
Consigna: Texto descriptivo sobre un objeto no-simbólico, en el que no prime la historia y que posea un pasaje de la prosa al verso.
Resolución: hoy no creo haber cumplido con la consigna:
Enfrentados, sin historia, conversamos. En realidad él fue quien tomó el protagonismo de la palabra y se dejó llevar. Lo escuchaba atentamente, debo aclarar, pero no podía dejar de mirarlo. Su contorno era extraño, indefinido. A veces podía ver en él un cangrejo. Otras, a un cactus. Esa imaginación que intoxicaba la vista hacía olvidar la característica por la que lo había adquirido: su sabor. “Picante, invasor”, mi memoria gustativa pensaba, cuando me vi interrumpido por su historia. Al tiempo de irme de casa me adoptó una familia que no tenía prejuicios; éramos todos diferentes. Antes de que vos me llevaras, estaba en pleno proceso de enamoramiento con un diente de ajo. Dejé de escucharlo, un relámpago invadió mi garganta, haciendo que lo sienta presente, dentro de mí. La relación amorosa con un diente de ajo es compleja, ya que es uno y varios al mismo tiempo. No pude escucharlo más. En un espasmo abrí el cajón de los cubiertos, y con la complicidad de un cuchillo le arrancamos una de sus extremidades. Ya en mi mano, sola, sin cuerpo, se defendió largando un incipiente líquido, sabroso para mí, vital para él. No pude resistirme a cometer tal atrocidad, aunque culpa sentía, ya que él me había contado el día anterior que pasé por distintos trasplantes a lo largo de mi vida. Siendo pura quietud, sobreviviendo con la compañía del sol, me arrancaron de mi tierra natal para luego quitarme toda la belleza que implican las flores. Quedé desnudo ante la vida y me depositaron en un contenedor especial: toda mi familia estaba ahí. Lo lindo de lo que ustedes llaman ‘especies’ es que ninguno de nosotros es igual al otro. La fuerza del azar hace que todos seamos el mismo, pero en tanto contorno somos inabarcables. Su historia no fue suficiente para evitar que le mutile una mano; estaba sintiendo carraspera y sus propiedades, en conjunción con las de otros elementos (la frescura de la miel, la acidez del limón y el bálsamo de las hojas de té calientes) eran la solución a mi molestia. Como humano mi motivación puede con todo. Pero él me siguió hablando. No emitió palabra alguna sobre mi acto. ¿Vos sabés que soy un rizoma? No soy raíz, no tuve la suerte de ser flor. Nací bajo tierra y mi crecimiento se tornó desparejo, nunca simétrico. Siempre subterráneo, escondido, oculto a los depredadores más grandes. No se percató de que no contaba con el ingenio del cosechador, ni del mío. En el bosque al que pertenezco vivía un viejo sabio, inaccesible para el ojo humano. Era la única planta de jengibre que comprendía el significado de la palabra metáfora. Se creía un Dios por eso. Yo no le presté atención, me parecieron patrañas de alguien que quiere llamar la atención. Sus últimas palabras las escuché sosteniendo la taza de té.
Dentro de ella flotaban trazos de su cuerpo,
momentos físicos que no le pertenecían más.
Lo rugoso de su esencia
no hacía menos esencia
a su órgano secreto,
poseedor de lava azul, apagada,
partícipe de una orgía apacible.
Mutilado ya,
una tela recorre su cicatriz apocada,
preparada para el próximo farragoso movimiento.
Pintura de Cándido López.
Partido Amistoso #7
Consigna: Algo que, si se hubiera dado, hubiese cambiado sus vidas.
(Volver el tiempo y pensar en un “qué hubiese sucedido sí” me parece ridículo, por lo que la devolución es la siguiente)
Condenados:
“No sé a vos pero a mí me matan los recuerdos” la escuché decir en una canción de amor. El tiempo y el amor otra vez abrazándose, seduciéndose. El tiempo y el amor, esas ideas que son opuestas, pero que por algún misterio humano siempre se atraviesan; convergen en un mismo punto, la soledad. Allí se observan, se analizan, se juzgan, pero nunca se tocan, porque realmente en donde termina el amor comienza el tiempo. Mientras que el primero es inconsciencia y entrega hacia otro, otra, el tiempo se vuelve pensamiento, pensamiento recurrente que retorna sobre sí mismo y sobre la experiencia amorosa desplazada. Así, paradójicamente, el amor (que en otra acepción es encuentro) se experimenta vívidamente desde la distancia.
La distancia re-valoriza la experiencia amorosa vivida y acabada. La dificultad en la que me encuentro, debo decir, es que tengo alojamiento pago tanto en El Tiempo como en El Amor. Poseo dos hospedajes pero un solo cuerpo. También tengo pensamiento, y claro, sí, pensamiento y cuerpo también se contradicen. Cada uno desembaló sus pertenencias en el hogar que eligió. Cuerpo en Amor, Pensamiento en Tiempo. Lo que sucede no es tan difícil de entender: todo habita en un mismo Ser. Por lo que ese Ser entendió su multiplicidad, pero no supo qué hacer con ella. La compresión sobre sí mismo no lo ayudó a resolver la paradoja en la que se encontraba, solo detalló y especificó su panorama.
Hacerme cargo de ese Ser es lo primero que debería hacer, mas lo que me permite distinguirlo es, justamente, la distancia. Por lo que prefiero que seamos distintos.
La historia no difiere a otras arquetípicas que han leído o escuchado: hubo entrega e inconsciencia amorosa; de repente un pinchazo y ganó el dolor. Momentos lindos, momentos tristes, toda historia de amor los tiene. Ponerme a investigar cuál fue el que hizo que las cosas se sucedieran como se sucedieron no es lo que quiero, ya que no puedo volver en el tiempo y evitarlo. Tampoco puedo vivir la vida que no vivimos. Y pretender que hubo un solo momento que se puede reparar gracias a la literatura es aceptarnos niños ciegos, ya que todo instante temporal está atravesado por infinitas capas: poder, prioridades, historia. La vida misma.
Aun todo esto, con ella nos seguimos encontrando. Volvimos a existir en El Amor. Lo que sucedió, claro está, es que esa habitación ya estaba corroída por El Tiempo y Los Pensamientos. Nos seguimos encontrando, el calor de los cuerpos siguió intacto (hasta me animaría a decir que estos son los responsables del re-encuentro) pero cuando La Distancia vuelve a aparecer, sea en cualquiera de sus formas, porque ella también es múltiple, regresa El Pensamiento, ese típico Pensamiento que deviene tristeza.
“Condenados a extrañar esos pocos instantes de felicidad”, las ideas siendo interrumpidas por el estribillo de la misma canción. Ah, las ideas, cáscaras sin significados pero que indican un sentido, ahora mismo me hacen cabalgarlas y el destino es la condena de la felicidad, siempre en mi pasado, nunca palpable en el momento mismo. Las ideas, que me hacen extrañar la felicidad. También a ella, a mi compañera de hogar en El Amor y El Tiempo, condenados a las contradicciones que habitan en el mismo Ser. Las ideas, las malditas ideas, que me hacen pensar en mi madre que ayer falleció siendo joven, muy joven, la cual me enseñó lo que sé sobre el respeto a lo propio y a no ningunearlo, ya que es tan fuerte como el discurso de lo extranjero. Mi madre, Rosario divino, la que justamente me señaló la esperanza posterior a la muerte.
Mi madre, muerta ya, habita también en El Amor y en El Tiempo.
Pintura de guerra - Los Mundos Posibles - 2018 - ¿Independiente?: BANDCAMP
Partido Amistoso #6
Consigna: dos personas del mismo género dialogan en un baño público.
Meada:
Sintiéndome vivo:
El viaje había sido ya fantasmagórico. Tenía sentidos apagados cuando necesitaba focalizar otros. El olfato quedaba cancelado cuando necesitaba de la vista, y esta no funcionaba cuando debía prestar atención a los sonidos, etcétera. Claro está que no eran solo cinco, sino que cualquier impulso que le modificara su percepción podría considerarse “sentido”, por lo menos en la acepción de la palabra que estamos utilizando. Él estaba al tanto de esta particularidad por la que estaba pasando, pero se dio cuenta ese mismo día y no le dio mayor importancia. ¿Qué podía hacer? El precio del ticket ya lo había pagado, por lo que se dirigió hacia el recital sin mayor preocupación. En realidad lo que lo preocupó fue la situación que vivió en el segundo colectivo que debía tomarse, en el que su pareja de asiento contiguo expulsó bilis de su boca, lo cual le produjo asco pero no sintió ningún olor, mientras veía que el resto de sus compañeros viales se llevaban la mano a la nariz. Agrupados en el fondo, escaparon todos en la primera interrupción causada por un semáforo. Él, carente de personalidad, también bajó.
La traslación había durado más de lo planeado y llegó al recital cuando terminó la primera banda, que tenía ganas de ver pero sobreviviría a esa decepción. Ya había pasado por bastantes. La demora también le había generado unas demandantes ganas de ir al baño. Su adicción al gusto del agua lo hacía mantenerse atento a su aparato urinario; atención consecuente, en realidad, ya que cuando tomaba agua no podía pensar más que en la satisfacción que le causaba. Sentía una catarata de placer bajando hacia zonas de su cuerpo que él desconocía. Y que nunca conocería. Por lo que, apenas hubo entrado en el recinto se dirigió al baño, encontrándose con una fila de varias personas para utilizar o los cubículos o los mingitorios (migitorios en argentino rioplatense). En unos cortos minutos se convirtió en el ganador de la fila, encabezándola, haciéndose del próximo meadero. Pero lo negó: le tenía fobia a los mingitorios. No le gustaba la idea de ser observado mientras realizaba la expulsión de sus líquidos más propios. No le interesaba que nadie revelara un secreto con el que convivía: su placer se transformaba en deshechos. Todo goce tiene como consecuencia material descartable. Su quietud llamó la atención de los dos varones posteriores a él. Charlaban entre ellos, haciéndolo cómplice de su parlamento. “Este quiere entrar al cubículo para tomar falopa”; “¿Nos convidas?”, etcétera. Antes de volver a escuchar alguna otra de esas tonterías se libera el espacio de un inodoro por lo que nuestro Protagonista lo conquista. La persona que tenía inmediatamente atrás fue hacia el mingitorio libre y su compañero de gracia, al cubículo siguiente, pegado al de P.
- ¿Cómo es tu nombre? – Escucha de repente.
Silencio. No piensa que le están hablando a él.
- Ey, el que está cagando al lado, ¿cómo te llamás?
- No estoy cagando, quería mear.
- Claro, sí, mear. ¿No me das un poquito? Con una línea me empiezo a sentir mejor.
- ¿Qué línea? ¿De qué hablás? No me gusta drogarme, perder el poco control que tengo sobre mí mismo me estresa.
- Ah así que no solo sos mentiroso sino que también putito.
- …
Ganó devuelta el silencio. Pero esta vez de forma definitiva. P. sentía que no estaba en el baño de un boliche en el que tocaban bandas, no había murmullos ni música de fondo. El silencio era total.
- No me dijiste tu nombre – volvió a oír.
- No tengo nombre.
- Ah, un falopero místico me tocó al lado.
- ¿Pero de qué mierda hablás? No te conozco, no sé cómo es tu cara, no me interesa hablarte.
- Está bien, calmate. Pero por favor, decime, ¿por qué no measte en el mingitorio? ¿Sos pito chico?
- Pelotudo.
- Uh qué sensible.
- Forro.
- Dejá de putearme. Hablando en serio, ¿por qué no lo usaste?
- Porque soy tímido y todo me inhibe. Además no quiero que descubran mi secreto.
- ¿Qué secreto?
- Acabo de decirte que no quiero decírtelo. Ni a vos ni a nadie.
La abstracción continuaba. El tiempo se había detenido y con ello el movimiento cesó. Su extinción se había llevado también al sonido. A todos los sonidos menos los que salían de los dos cubículos siameses.
- ¿Tanto tardás meando?
- Dejame en paz, qué necesidad de juzgar lo que hace y la manera en que lo hace un extraño.
- …
- Sí, ya sé, “putito”.
- Amigo, tenés los sentidos destrozados.
- Lo sé, y es culpa de la ley tácita que existe nada más que en los baños de varones.
Escapó dando un portazo que no escuchó, se enguajó las manos como pudo y se fue a ubicar en la primera línea de observadores musicales. Para cuando salió la banda ya estaba agotado. Se sentó en una de las pocas sillas que había en los costados y escuchó.
Destrabando la palanca - El robot bajo el agua - 2004 - Independiente - 41 mbs - 320 kbps: LINK
Partido Amistoso #5
Consigna: Un detective en cuarentena.
Resolución del caso:
El Mensaje
La ficción poco a poco invadió y destruyó nuestra realidad. Con la excusa de embellecer un discurso, una oración, fue largando ideas que para mí son disparatadas. Un gran ejemplo es mi profesión: investigador privado. En la televisión los hubo como Dale Cooper, formando parte del FBI, pero que lleva a cabo su trabajo de una manera extra-institucional. En el cine tuvimos a Travis Bickle, que tiene una perspectiva solitaria, silenciosa y justiciera. Etcétera. Pero es la literatura la que mejor fotocopia a lo real. Y no hablo de Sherlock Holmes, estereotipo asqueroso de mi trabajo. Sino que me refiero a Jorge Villafañe, por lo menos en el comiendo de su historia, que no trata más que de un hombre común siguiendo gente por encargo, entre partidos de fútbol 5 y películas románticas. La vida, en general, no es tan entretenida. No tiene secretos o realidades paralelas, de eso trato de convencerme. Y mi legado, como persona, no como detective, es exponer el entramado de cosas que pasan, al mismo tiempo de mostrar que la diversión es un accesorio de la ficción.
Todos estos ejemplos son para decir que la profesión de detective es un embole. No hay sorpresas, no hay puntos muertos, no hay pasaje de un estado a otro. Lo que sí hay son hombres inseguros y controladores que me piden que siga a sus esposas para saber qué hacen. Sí, por eso me encariñé con Jorge, a él le pasaba parecido. Aunque la cosa ya venía dura antes de la cuarentena. Mucho antes. Más de 10 años de peleas constantes con la telefonía móvil. Desde que los celulares se volvieron parte del cuerpo humano ya casi nadie necesita investigadores privados. Basta con esperar un momento de ausencia humana para revisar el teléfono de la otredad. Cuando esa cajita fuerte con 4g es violada toda privacidad queda al descubierto. Los únicos que seguían llamando a mi oficina eran jubilados carentes de descendencia, los cuales, Dios los bendiga, nunca se acostumbraron al uso del teléfono celular. Por lo que seguían recurriendo a mí para perseguir a los que ellos consideraban “amores”.
Llevando 50 años en el oficio puedo afirmar que ya estoy harto de él. Me peleo y me arreglo como me sucedió con todas mis parejas: primero mujeres, luego hombres. Pero nunca funcionó. Con nadie, sin distinción de género. Nací para estar solo y para ser investigador privado. Aunque lo deteste. Aunque no funcione. Como es de suponer, soy factor de riesgo. No puedo ir a la oficina, y con los pocos ahorros que logré rescatar de diversas hiperinflaciones le estoy pagando a un joven para que me haga las compras. Lo llamativo de esta cuarentena es que me separó de mi trabajo; nunca estuve tanto tiempo sin él. Eso podría darme otra perspectiva, me llevó a pensar en el retiro, o incluso en otras profesiones, pero lo extraño como lo odio cuando lo poseo. O me posee.
En todo caso de lo que quería hablar era de la última situación que viví. Estaba en mi casa, tugurio empolvado y sucio, con cortinas harapientas e impregnadas de años de tabaco compulsivo, cuando me llegó un mensaje de texto llamativo: un desconocido me pedía que realice un seguimiento a través de Zoom. Sí, eso. En una primera vista no lo comprendí, por lo que llamé al número del que me llegó ese mensaje. No respondieron y lo desestimé. Al rato me llega otro mensaje con coordenadas. Por lo que usé ese nuevo método de vigilancia llamado Google Maps. Cuando apenas las hube ingresado en el sistema me encontré en Hungría. El día era soleado y el cartel que indicaba el nombre de la calle en la que me encontraba era inentendible. Junto a mí, una carta que sostenía mi realidad. Ella decía lo siguiente: keressen egy számítógépet, és hívja ezt a számot. Como ustedes comprenderán, queridos lectores, no poseo la habilidad lingüística del húngaro. Esas letras, ordenadas de la manera en la que se me presentaron, no me decían nada. La intuición que me acompañó durante toda mi vida tuvo el impulso de pensar “hay que ir a una biblioteca y traducir este mensaje”. Pero mi hastío era máximo. ¿Qué otra cosa podía sentir? En un momento estás trabajando bajo el yugo del amor romántico, en otro estás encerrado porque hay un virus asesino en el exterior, y de repente el azar (qué más que azar puede ser esto) me pide que resuelva un misterio en otro continente. No. Mi prioridad era volver a las paredes con olor a nicotina que funcionan como hogar. Pero tal prioridad también implicaba la resolución de distintas preguntas: ¿por qué estaba en Hungría? ¿Cómo había llegado hasta ahí? ¿La computadora me había abducido? ¿Y quién me mandó ese mensaje? ¿Por qué querría que resolviera algo, sea lo que sea, en un país del que no sé nada? ¿Y por qué yo? Nada. La resolución necesitaba de mi trabajo deductivo, el cual clausuré a los pocos años de profesionalidad detectivesca, al encontrarme con que lo que yo pensaba como trabajo era ficción, y que la realidad era aburrida y efímera. Por lo que cedí el total control de mi cuerpo, dejando que fuerzas externas decidieran por mí. A partir de ese momento solo recuerdo cosas que no viví: videollamadas de gente que no conozco, búsquedas que no hice, recomendaciones que no me interesan ni me interpelan en lo más mínimo. Todo se volvió codificado, y yo ya no tenía más cuerpo.
Partido Amistoso #4
Consigna: Hacer una lista de 50 sustantivos, tachar 35 y de los 15 restantes seleccionar uno para que sea el título, mientras que con los otros podés ir utilizándolos a lo largo del texto. (Sí, esa es la consigna)
Juventud (o la aparente gloria del no estar)
“Siento que la vida se me pasa y la re concha de su hermana tengo que ir a laburar”. Este no era más que un grito de guerra, aunque hilando fino también es un posicionamiento frente a la vida y todas sus condiciones. En el entramado había frustración, resignación, hasta odio, pero también despliegue de voluntad. Algún día los libros de historia hablarán de la voluntad del gil trabajador y la compararán con lo que en otras épocas se llamaba “revoluciones”, aunque, tal vez, el mejor orden de las palabras sea: lo que con los ojos de hoy llamamos revoluciones y en su momento eran sucesos que atravesaban a muy pocos, claramente beneficiados por ese cambio social. Etcétera.
Era un grito de guerra y un posicionamiento frente a la vida, pero también era la primera canción que sonaba en los auriculares de Ernesto apenas se hubo subido al 60, que lo depositaba en la puerta de su trabajo. El viaje era largo, duraba hora y media, por lo que podía escuchar un par de discos y alguna que otra canción suelta, caprichosa. Tenía la posibilidad de optar por otros métodos de viaje más económicos en lo temporal, pero implicaba tomarse varios medios de transporte, entre ellos el subte, lujo del porteño promedio, inaccesible para el que aguanta el mango. Esa mañana, que era como todas las anteriores, que sería como las siguientes, sonaron “Vuelvo de madrugada” y “You, me and he” enteros, sin pausa. Luego, el silencio. Dentro de todas las multiplicidades que conformaban al Colectivo había diversas existencias, y los pasajes musicales, o mejor dicho, los diversos pasajes sonoros por los que pasaba una misma persona eran el argumento irrefutable. No fue hasta que el silencio ganó cuando Ernesto pensó en los apuntes de la facultad que tenía en la mochila, en el parcial que tenía después del trabajo y en el cansancio que, ya a las siete y media de la mañana, lo agobiaba. Olvidó todo, enmudeció su percepción y se entregó a la rutina.
Su trabajo no era complicado. Lo difícil eran las relaciones humanas que este implicaba. Es tentador caer en el cuadro sinóptico.
Esta estructura obvia para el observador tenía como fin potenciar la competencia y el odio interno: el local A debía ser más eficiente que el B, mientras que el C tenía que dejar por el piso al B y así, etcétera, eran doce. Todos contra todos. Un Battle Royal del ámbito laboral.
Ernesto era parte del último escalón. Representaba a la escoria bonaerense, las sobras del sistema económico. Y al mismo tiempo ese estrato era el que más carga horaria laboral poseía, teniendo el menor rédito monetario posible. Y de esto se trataba la forma de la pirámide invertida, a mayor dinero más espacio y posibilidades de vida, por eso algunas zonas geográficas muestran amuchamiento mientras otras casas tienen entradas especiales para su servicio doméstico. Etcétera.
Ese día Ernesto entraba a las 9 para salir a las 20 horas, teniendo luego el último parcial de su cuatrimestre. Eso lo alegraba, le hacía sentir menor tensión en su cuello. Pero su corta estadía de placer se escapó cuando llegó al edificio laboral: su encargado lo regañó apenas llegó, exigiéndole detalles estéticos cuando a este todavía le salía aliento a moho de su boca. Otro concepto que aparecerá en los libros de historia: nunca subestimes el aliento a descanso y café que sale de la boca de un jefe exigente. El día transcurrió así, entre lentitud embarrada y ficción de automatismo. Lo dejó ir, como a los anteriores. Ernesto era consciente de que dejaría ir su juventud así: entre exigencias ridículas por parte de sus superiores en lo que respecta a lo laboral y exigencias ridículas por parte de su superior interno, esa necesidad del deber ser.
El local había cerrado, como cerrada también estaba la caja, lo cual indicaba su salida física de ese espacio de reclusión. Pero la persona que se encargaba de su vida le prohibió la salida, alegando una reunión laboral que tenía por finalidad subir la eficiencia de sus súbditos. Ernesto, temeroso él, respondió:
- Tengo un examen en menos de una hora, de hecho estoy llegando tarde, no me puedo quedar.
- Flaco, ¿vos querés seguir teniendo trabajo?
- ¿Pero estas reuniones no se pueden plantear con anterioridad? – haciendo esfuerzo para pronunciar estas palabras.
- Sí, la decidimos hace dos semanas, pero no tenemos por qué comunicársela a ustedes hasta que sea el momento perfecto. Y qué momento más perfecto que cuando tiene que suceder.
Así fue.
Vuelvo de madrugada - Hojas Secas - 2015 - Laptra - 53 MB - 320 kbps: LINK / BANDCAMP
Partido Amistoso #3
Consigna: un relato en primera persona sobre un abuela mala, “lobo feroz”
Contextualización de maldad:
pppppp
Lo que había comenzado como el summum del placer terminó siendo una tormenta eterna. Nunca dejó de llover, ni en mis momentos más felices.
Tu abuelo y yo nos casamos a los 19 años, y con motivo de la luna de miel vinimos acá, a Argentina, ¿podés creer? Me trajo de luna de miel a la Capital Federal. Lo decidió por consejo de un amigo. En los comienzos de la relación él era tierno, dulce, atento. Me miraba, me quería. Me mimaba. Era tal el amor que me demostraba que nos casamos a los cinco meses de noviazgo, ¿qué podía salir mal? Nada. Nada podía salir mal. El amor que me demostraba en esos momentos iba a durar para toda la vida. Íbamos a tener hijos, nietos, bisnietos, y él me iba a seguir mirando de la misma manera. Los tuvimos. Tuvimos todo eso y mucho más: propiedades, caballos, una calle en tu pueblo natal lleva su apellido. Tu segundo apellido. Pero con el correr del tiempo (y de la vida) todo fue tornándose oscuro, distante, frío. De a poco dejó de mirarme, al tiempo de hablarme. Mucho antes de que él muriera ya no dormíamos juntos. Había días en los que no lo veía, no sabía dónde estaba. ¿Y cómo iba a saberlo, si no me dejaba preguntarle? Toda respuesta que recibía de él decía más o menos así:
- Raquel, no me rompas las pelotas.
Nuestra estadía en la Argentina no debía durar más de treinta días; teníamos que volver a trabajar: él lustraba zapatos, que no le dejaba mucha pasta, mientras yo me encargaba de la contabilidad del negocio familiar, las minas de oro y plata que poseíamos hace varias generaciones. Sucede que las cosas nunca salen como una las planea: cuando era hora de embarcar con destino hacia nuestra España hubo un temporal que postergó la salida del hogar flotante. Lujoso él, tanto dinero me costó, tan invencible que parecía y cayó derrotado ante fenómenos comunachos como una lluvia y un vientecito. Pasados unos días estábamos por volver cuando nos enteramos de lo peor: Francisco Franco.
- “Compremos una casa acá, nos instalamos durante un tiempo y cuando termine su régimen nos volvemos”, dijo él.
- “Bueno, ¿cuánto puede durar? En unos años volveremos con nuestros amigos y familia”, asentí.
No hubo caso. Nos quedamos para siempre. Y con el nuevo continente llegaron los golpes.
Carolina, yo a tu tía la crié con todo el amor que tenía para dar, pero con tu mamá no pude. No pude porque cómo iba a desenredarle sus inseguridades si yo vivía asustada, asustada de la única persona que conocía en un país extraño, angustiada y sin poder escapar. Con el tiempo me di cuenta de que el matrimonio es una cerradura moral en una puerta de obsidiana, y que la única manera de que se venga abajo es con la muerte. Por suerte él murió antes que yo. Pero antes de que tu abuelo nos dejara, mucho antes de tener tiempo para llegar a esas conclusiones, yo ya estaba perdida. Perdida y seca. No tenía capacidad de sentir. Seguía criando y cuidando como un automatismo. Tal vez todas esas películas sobre robots que se hicieron en las décadas pasadas eran una metáfora sobre la insensibilidad del humano. Eso es, el robot no era más que un espejo que pretendía cargar con todos los comportamientos problemáticos del hombre, para luego purificarlo. Patrañas. Tu abuelo era un hombre de mierda y no hay discurso que pueda justificarlo.
Pero yo me comí su mierda. Y me transformé en una mujer de mierda. En una abuela de mierda. Quise vengarme de la vida, que me había pasado por encima desde joven. Y me sigue pasando por encima ahora que te escribo mis confesiones, Carolina. Te las escribo a vos porque, a pesar de asumirme como una persona carente de empatía, puedo percibir muy bien el tipo de sensibilidad que tienen las personas. Y vos, Caro, no sos más que el reflejo de lo que fui yo: te casaste joven, tuviste un hijo y tu marido te dejó, los abandonó. Aunque sepas que nunca te quise, porque nunca quise volver a querer a alguien, quiero regalarte un pensamiento que tengo hace años: toda la historia se repite. Las tormentas. Las dictaduras. Los matrimonios fallidos. Los hombres de mierda. Las tecnologías avanzan y eso nos hace creer que la humanidad también progresa. Pero seguimos siendo los mismos salvajes de siempre.
Aplanando la curva - Entidad Animada - 2020 - Independiente - 69 MB - 320 kbps: LINK / BANDCAMP
Partido Amistoso #2
Consigna: El mundo se viene abajo y tenés que hacer un conteo en orden descendente de experiencias que te llevás con vos.
El día del huracán:
“No estoy nada descansado” fue su pensamiento apenas bajó del tren. “Qué estafa” fueron las palabras que luego aparecieron en su cabeza cuando se hubo subido al siguiente. Era entendible: había viajado hasta Rosario para luego tomar un micro hacia Dean Funes, su aparente objetivo final. Aparente porque en realidad lo que él quería lograr era apagar la cabeza, salir de su círculo endogámico durante catorce días y encontrarse con la soledad, soledad que lo devolvería renovado a su querido conurbano.
Mas nunca hubo predisposición. En la planeación había decidido ir primero en tren hasta Rosario porque no conocía la ciudad. Su ideal era visitarla durante uno o dos días para luego encarar hacia las sierras. Pero esa voluntad de placer se vio afectada cuando quiso sacar los pasajes, los horarios no le daban y tuvo que hacer ambos viajes el mismo día, por lo que llegó a Funes con mucho cansancio tanto físico como mental.
Estando allí disfrutó de lo lejano que se sintió de todo, pero nunca dejó de pensar. De hecho, estaba siendo consciente de que su goce pasaba por el sentirse alejado de las personas y de los lugares que más quería. Tal sentimiento era contradictorio, porque había placer pero también incomodidad. ¿Cómo podía ser que su complacencia pasara por no estar con su círculo cercano? ¿Realmente era cercano a estas personas? ¿Se sentía cómodo allí? Etcétera. Las lágrimas y el cansancio lo adormecieron.
Los días siguientes se sucedieron así, entre angustia y relajación. Llegó a la conclusión de que la idea de las vacaciones que tenía (influenciado por sus amistades, la familia y las redes sociales, oh, malditas redes sociales) era tan falaz como el mate dulce: segundos de placer, momentos de confusión, arrepentimiento tardío.
“Qué estafa” fueron las palabras que luego aparecieron en su cabeza cuando subió al segundo tren de su día, el que lo dejaba en su estación hogar. Qué extraño lugar Retiro; te invita y te expulsa, te devuelve de otras provincias para, sin mediación, empujarte.
Apenas bajó de su transportador, sintió ruidos y un olor conocido: el olor del fuego. Pensó lo peor, como siempre hacía, pero esta vez estaría en lo correcto, dándose cuenta en la misma cuadra en la que estaba estacionado el edificio en el que vivía. Le sorprendió la ausencia de bomberos, o policías, o ambulancias; los ruidos que oía eran escombros cayendo tal que hojas en otoño. Estaba solo frente a un edificio cubierto en llamas. A ambos sustantivos los separaban pocos pasos de distancia. Diez, los compacts que tantas historias disparaban, aunque ya casi no las recordara. Nueve, los libros, que a diferencia de los anteriores eran portadores de relatos, aunque también tenían su historia propia. Con estos sí tenía más afinidad, amistad, recordaba el lugar en el que se había encontrado con cada uno. Ocho, la mudanza complicada que había tenido, dejando atrás todo su pasado, poniendo énfasis en lo complicado que es generar un espacio propio en el que se pueda sentir cómodo. Cuando estaba por dar el séptimo paso empezó a oír las primeras sirenas. “Tengo que apurarme” pensó, interrumpiendo recuerdos anteriores. Siete, las pocas plantas que tenía, que lo acompañaban, que le demostraron que era más atento de lo que creía. Seis, los gatos, también compañeros, ya asumía que no formaban parte de su vida. Cinco, las charlas sucedidas y las que no, las que él siempre quiso tener en su hogar, con sus amigues, pero que por diversas razones no pudieron ser. Cuatro, la computadora y sus cuadernos, portadores de sus sentimientos más profundos y de experimentación de la palabra, tratando de poner en lenguaje lo intraducible.
Sus recuerdos (que no eran más que un compilado de su vida, sus búsquedas, deseos y relaciones) lo abstrajeron tanto, poniéndose como protagonista de una experiencia destrozándose, que no notó lo obvio: los rascacielos contiguos también estaban en llamas. Todo ardía. Incluso el camión de bomberos que sintió pasar por sus espaldas. Pensó en el poco dinero que guardaba, en los viajes que no quiso hacer y los lugares que no quiso conocer, también en los que sí. Pensó como si se hubiese detenido el tiempo, como si estuviese volviendo fresco de un viaje de placer, que le devolvía las ganas de llevar una vida rutinaria y repetitiva. Pensó y caminó. Pensó y abrió el portón que divide la propiedad privada del lenguaje callejero. Traspasó el campo de fuerza imaginario y dejó de pensar. Se sintió atraído por el fuego y caminó.
Día de los muertos - Él mató a un policía motorizado - 2008 - Laptra - 67 MB - 320 kbps: LINK
Partido Amistoso #1
Consiga: escribir sobre amar en secreto/ una historia que no fue.
Descargo:
Las maneras de vivir (y sentir) el amor son tan confusas como diversas. Algunas personas aman en oculto, practican el secreto, desean en silencio. Aunque lo practiquen y ejerzan de manera, mal llamada, legal o normativa (pareja estable, convivencia, hijes, etcétera) su fuerza amorosa está en el misterio del no-ser-descubiertxs, cubierta por un velo de sombras, un velo furtivo que pone en pausa a lo social y su entorno.
Otras se entregan a lo indeterminado del amor: lo experimentan como un sinsentido dentro del sinsentido mayor que es la existencia. Lo que reina es lo confuso, pero que luego deviene en compañerismo, cariño, potencia tanto del otro como del yo.
Podríamos pensar que el primer grupo caracterizado también puede sentir lo indeterminado, pero si hice una distinción es porque en lxs primerxs hay decisión, y en lxs segundxs, entrega hacia la nada que forma el todo.
En cualquier medida, se puede teorizar, se puede pensar, debatir, llorar. Aun haciendo todo esto, no entiendo lo que es el amor, pero sí lo ejerzo.
Sí puedo decir que he amado, y que amo. Pero no en secreto, porque ante cada situación parecida al amor en la que me he involucrado, lo he expresado. Esta historia sucedió, pero también terminó, y de todas maneras se sigue amando. No importa si se ama a alguien más. Ese recorrido temporal finalizó, no existe más que en impulsos cerebrales e imágenes mentales, no existe más que en un yo anterior a mí, al que escribe estas líneas, pero que sigue amando. Los momentos compartidos con esa otredad fueron forjando ese sentimiento amoroso, lo solidificaron, lo volvieron algo real, no pura representación mental. Pero como lo ideó, también se encargó de ir desgastándolo, perdiendo materia, desgranando el orden de un momento, volviéndose entropía y lejanía. Hoy día ese amor queda almacenado en el hipocampo, que es tan resistente a los químicos que ni el alcohol ni la marihuana pudieron penetrarlo.
El amor presente no destrona ni reemplaza al amor pasado, porque estas dos líneas temporales funcionan como secuencia y consecuencia: el pasado se transforma en presente, pero nunca existe como tal, por lo que desde su significado ontológico no se solapa con el tiempo presente, pero si lo influye. Se mezclan, siendo distintos pero siendo el mismo. Por lo que la creencia de que un amor reemplaza a otro anterior es una falacia. En lo que respecta a experiencias no hay sustitución, sino continuación.
Insisto, se puede (y debe) pensar en el amor, en sus diversas prácticas, en las categorías ficticias que creamos para tratar de entenderlo, en las personas que aman, cómo aman, y hasta hacer un análisis relacionando con el contexto en el que se ama y, yendo más allá, el prejuicio de clase que hay en la práctica amorosa (porque sí, no mires para otro costado, existe y hay que hacerse cargo de eso). Pero de lo que estoy seguro es de que una historia amorosa nunca “no es”, porque ya el hecho de que te atraviese ese sentimiento hace que sea, que exista. Si hay encuentro con el otro, el encuentro que unx desea, es otra cosa. Pero cuando hay amor, ese encuentro sucede, tal vez no de la manera que unx quiera, pero para que haya amor tiene que existir ese encuentro previo, que, por encuentro no me refiero a la coincidencia sexual, sino a algo previo, del plano de lo emocional y lo perceptivo.
Música para el silencio
El espacio que genera un silencio, ese espacio que se puede traducir en calma, en serenidad. Un no-lugar que convive entre sonidos distantes pero habitantes. Un no-lugar que hace significar al todo, sin aquel no habría existencia posible, pese a su no existencia ontológica.
Ese silencio-espacio es el vacío: un lugar que semánticamente no existe, pero que necesita ser ficcionalizado, ya que él, al ser hecho lenguaje, nos permite la existencia.
Excelencia inmaterial limitada a (no) existir.
Music for silence - Nick Murphy/ Chet Faker - 2020 - Detail Records - 145 MB - 320 kbps: Link
Acústico y solo
La entrada a un nuevo espacio se tornó complicada, aún hoy lo es. Funciona como una guerra interna, en la que lo nuevo es avasallante; todo lo anterior y conocido queda subordinado. No minimizado, pero si puesto en pausa, hasta que se produzca el encastre de las nuevas piezas.
Ante esto, existe el evidente problema del progreso del cosmos. Podríamos decir “fortuna”, pero aquí hay un desfasaje, y como tal necesita del inconveniente: ante una actitud pasiva, y un cosmos en constante crecimiento, deja atrás todo, convirtiendo a la pasividad en la estela del avance.
Pero el desfasaje como consecuencia de la pasividad es una postura política. Y, como tal, admite discusión, pero también existencia, respeto, evidencia. La pasividad como modo de vida no tiene como fin la soledad, sino buscar otra mirada. La constante búsqueda. El vivir buscando, sin temporalidad, pero sí con espacialidad. Etcétera.
Santiago Motorizado - Santiago Motorizado - ??? - S/D.
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Escuchar en Youtube
(Agradezco a todas aquellas personas, aún vivas, o ya fallecidas, que me enseñaron que el placer no está en la acción, sino en la espera como motor sensible)
Donuts
Ante el flujo constante de información y cultura que recorren nuestros distintos presentes, elegimos posicionarnos. Unas opciones son más maleables: elecciones con toda la carga de su significado, casi mutaciones, en las que el descubrimiento hace que se pueda pasear de un lado al otro, sin la rigurosidad de la determinación. Otras son más radicales. Un ejemplo de estas últimas seria “me paro acá, eso es mío, así soy yo, no cambio por nada”. A lo que, además, se le puede sumar a este no-movimiento (el cual es válido, no se busca hacer un juicio de valor de lo elegible) el nacimiento de un pedestal, permitiendo que un ser mire a todos sus contemporáneos desde arriba. Dicha masa inmaterial-sentimental, también conocida como “engreimiento”, hace que, quien la domine a la perfección, rechace todas las formas no designadas por él/ella, subordinándolas a la(s) suya(s), a veces hasta el punto de ridiculizarlas o insultarlas.
Esta última emoción si admite juicio: cercar los sentimientos no tiene otro fin que no sea el de clausurar la experiencia. Experiencia de ver otras realidades, de sentir otros sentimientos, de observar los presentes desde otras perspectivas.
El sample es la antítesis de este egoísmo: se aprehenden creaciones de otrxs, se internalizan al límite, se vuelven propias, y se devuelven a una realidad con otra perspectiva. Desde un campo, como puede ser el hip hop, se genera una búsqueda, que puede llevar a miles de millones de otros campos, en los cuales se encuentran miles de millones de otras visiones mundanas, re-creando al ser, desde lugares que podrían ser inesperados (por lo menos para lxs engreídxs).
Donuts - J Dilla - 2006 - Stones Throw Records
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Escuchar en Bandcamp
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(En Youtube no está para escuchar, lo siento).
You’re dreaming
En el medio de la noche me despierto debido a palabras palabras que forman pensamientos pensamientos que no me dejan dormir pensamientos que me hacen sentir mal me hacen sentir culpa culpa por algo que no debería haber hecho ¿o sí debería haber hecho? pensamientos que me hacen dudar pensamientos que me hacen pensar pensar pensar pensamientos que me hacen sentir mal me levanto y como pizza me acuesto y no puedo dormir porque pienso me duermo sueño con esos pensamientos se forman imágenes se forman habitaciones color verde color amarillo pensamientos situaciones habitaciones investigaciones ¿investigaciones? investigaciones
Durante el día me siento cansado agotado agobiado arrastrado por no haber dormido bien por haber dormido poco por no haber dormido por haber soñado por haber vivido mientras soñaba por pensar en sueños por vivir los sueños por ser un sueño No me levanta el café no me levanta el agua no me levanta andar en bici me siento cansado agotado agobiado arrastrado El agua sirve el agua ayuda el agua ¿por qué el agua y no la agua? La agua sirve la agua ayuda la agua la agua arrastra la agua se lleva lejos bien lejos la historia la histeria la historia la vida los pensamientos que forman palabras arrastrados por el agua por la historia por la histeria se mueren me mueren me muerden
You’re dreaming - 2016 - Red House Records - 76 MB - 320 kbps: LINK
Wolfgang Amadeus Phoenix
Poesía es que la angustia que querés evitar se sienta siempre en la piel debido a las palabras.
Poesía es tu piel, transpirada, acalorada, fundiéndose con la mía.
Wolfgang Amadeus Phoenix - 2009 - Glassnote Records - 80 MB - 320 kbps: LINK
PJ Harvey en Argentina 2017
El pasado quedó grabado en nuestra piel
¿Por qué destruirla?
Si fuimos uno, somos uno.
En nuestras pieles.
En el pasado.
En los recuerdos.
En la vida
seguimos siendo
compañerxs.
PJ Harvey en Buenos Aires - 2017 - 151 MB - 320 kbps: LINK
Girls in peacetime want to dance
Hace un par de años murió Funes Mori por primera vez. El deceso se debió, en parte, a una falla en la página Mega, que cambió una de sus políticas, volviendo más complejas las subidas, y en otra parte, a las limitaciones neuronales de quien escribe, que no entendió ese cambio.
No lo llamaría estrictamente un cambio, pero “el agregado” que aparece en este disco de Belle & Sebastian fue algo que tampoco entró de lleno. Si gustó, y mucho. En el depósito de la zapatería lo escuchaba y bailaba mientras ordenaba. Pero era raro. “La banda folkita que ahora se tira pasos”. Y el agregado me fascinó, me terminó atrapando y me hizo suyo.
En la primera muerte de Funes Mori, el disco que se iba a subir fue el del agregado. Intentaré que esta vez salga.
Girls in peacetime want to dance - 2015 - Matador Records - 141 MB - 320 kbps: LINK