Obsesión
【#O37┋Little Red Hood】#sᴇʀᴇɴᴅɪᴘɪᴛʏ_xso. ▶Obsession. ══════════════════════════════════════════════ “Under popular culture's obsession with a naive inclusion, everything is O.K.” ¿Para qué estoy en este mundo? ¿Por qué sigo vivo? ¿Cuándo sabemos que es una obsesión? ¿Dedicar la vida a una pasión? Muchas preguntas sin respuesta, verdaderamente es complejo para mí definir esto por ello, hablaré de la obsesión que me mueve a mí y en ello, buscar mi propia respuesta. ¿Cuál es el estándar de lo que significa dedicación/determinación pero no es aún una obsesión? Es un referente que aún no comprendo tampoco yo, después de todo siempre me han dicho que sentarse a llorar por lo que quiero no va a traerme nada a las manos; tiene mucho sentido ¿no es así? Pero ¿en qué parte este deseo comenzó a arrebatarme la vida? Ha variado desde la perspectiva:¿de verdad me arrebata la vida o es que yo vivo por un único propósito? ¿Y qué no es la vida una lucha por un objetivo? Si pierdes este objetivo, entonces pierdes el motivo para seguir viviendo. En un caso tendría que buscar un nuevo objetivo, ¡cuán terrible es eso! Para conciliar este deseo como obsesión, primero hay que estar desnudo de distracciones, despojado de todo aquello que a cualquier otro pueda interesar, la vida inclinada hacia el único aspecto que haga que permanecer en este mundo tenga un segundo de sentido y no sea un simple desperdicio de oxígeno llevado por el viento. Alguien, con una obsesión, no puede permitirse otras visiones, pues es este una pura distracción que no lleva a nada más que una satisfacción momentánea, nada duradero; la balanza de prioridades siempre se inclina hacia este único deseo, aún cuando se ramifiquen secundarios, llamados sólo ”deseos”. En mayor o menor medida, la balanza siempre estará inclinada y el balance no será nutrido en ningún otro aspecto de la vida sino es en éste objetivo únicamente, como un triángulo con una vértice muy aguda. La teoría entra fácil pero carece de verdadero significado legítimo, aplicable al pensar de muchos promedio, no para los apasionados. El deseo que va más allá de sólo eso, el que motiva a una lucha incomprensible, que pretende saciar el espíritu. Obsesión a la belleza, al conocimiento, al ejercicio, al orden, a la limpieza, a la perfección de alguna u otra manera, siempre. Objetivos que cada quien sabe la manera en que le hará sentir pleno (¿feliz quizás?), ¿puede alguien carente de esto, con su maldito balance promedio, comprenderlo? El arte siempre ha sido un método de expresión y es por esto que las elegidas son estas. Si bien la primera se explica por sí sola, bajo mi propia interpretación acompaña mi opinión al respecto. Los hilos rojos siempre se les han relacionado con el destino, pero ¿qué tal si el destino falla en atarnos a algo? ¿Y si somos nosotros quienes no lo atrapamos? Este hilo no consiguió anudarse a la carne, enterrarse y forzar parte de mí. Cada vez está lanzándose más y más alto, estos hilos desean que su fiel esclavo siga escalando, volando, porque entre más lejos del suelo, más dura será la caída. Sin embargo, uno de ellos pertenece a esta elástica carne y finalmente atravesará la coraza para volver a ser el fiel esclavo; será entonces que podrá concebir la meta lograda. El esfuerzo no siempre llevará al lugar donde se espera, pero de prueba y error es la única salida, a ese hilo destinado a esta carne. La perseverancia es ciega, la perfección es incierta. Siempre dicen que es dañino cuando controla la vida, pero lo dice aquél que no tiene un deseo así de fuerte, con la convicción de lo posible atado a este deseo inquebrantable. Aquél que no tiene un único motivo sino que tiene varias razones, que se rodea en una vida social saludable, laboral exitosa, un promedio balanceado, no lo comprende en esa medida “obsesiva”, ni siquiera podría comprender el porqué de la devoción. Pero de toda clase se atavía el mundo. Luego existimos las personas como yo. Alguien como yo que no tiene a nada ni por quien vivir. Alguien como yo sin nada que no tiene absolutamente nada que perder al final de esta travesía, nada más que la vida. Pero la vida se convierte en esta obsesión y esta obsesión es el único método de vida, es la única vida posible. Después de todo, no hay nada más a lo que pueda dedicar la inútil existencia sino es a ello, para este único objetivo trazado. Alguien, a quien esta agua apasionada no consigue ni menguar la intensa sed, las únicas aguas que llenan el cáliz del espíritu desgraciado. La obsesión por un objetivo, aquella que de verdad da un sentido como núcleo primitivo y a partir de ahí se desprenden miles de redes de deseos insatisfechos en su mayoría. secundarios, incluso otros olvidados.¿Cuándo se detiene? No lo sé. Lo que lleva a la siguiente obra, cuyas manos desprenden toda expresión de un mismo rostro, cada quien halando para su lado: Lo que es normal, lo que es vivir, lo que es sobrevivir, lo que es la determinación, lo que es la pasión y finalmente, lo que es la obsesión. Duele, cada pedazo que se desprende, caminando en un sólo sendero a ciegas y un día detenerte, darte cuenta que uno a uno los fragmentos fueron arrebatados sin retorno, un destilado de humanidad hasta quedar sólo la máquina perfecta diseñada para una única razón, desnudándose de maneras de vivir hasta conseguir resumir las miles de facetas a una sola: ¿la obsesión? En esta obsesión siempre hay un punto al cual llegar (se supone) pero después de esta montaña, un nuevo panorama se abre, uno que antes no se podía ver, al final siempre hay uno aún más alto que alcanzar. Muchos no lo comprenden, el promedio se conforma con el ”bien” pero no alguien así. Bien no basta, “bien” es mediocre, “bien” no es el tope de las capacidades, es el consuelo del promedio, de quienes no pueden aspirar a nada más, de los mediocres, del perfecto balance. El balance carente de la pasión que motiva, enciende hasta arrebatar el sueño y la claridad. Los dedos pican, arden, por continuar. Es un sentimiento de sentirse insatisfecho, insaciable. ¿Cuándo saber que estás obsesionado? Si el deleite sabe demasiado bien, la sensación inalcanzable, el trabajo inagotable; así como es una pesadilla imaginar una vida sin este sentir. La locura sería lo único de esperar si se arrebata este objeto de pasión eterna. Bien encaminada, con un objetivo verdaderamente planteado, puede ser un trabajo arduo que para otros será incongruente, poco común, carente de realidad y del factor “promedio”, con el predispuesto al sacrificio. Los grandes no se conformaron con un bien, se obsesionaron con el “perfecto” pero a cambio, perdieron todo lo demás, sacrificaron su humanidad y su tiempo (¿su vida?). Es un precio muy alto por un premio que el acreedor considera válido, un contrato con el diablo. Dedicar parte de la vida a una pasión que no hace más que crecer y elevarse. ¿Es muy soberbio acaso aspirar al mismo ático de historia, estar dispuesto a ese sacrificio? Incluso por más que se piense, esa perfección alcanzada por otros, mediante talento, esfuerzo y disciplina, es todavía algo de lo que muchos carecen cuando se mueven por esta pasión, no es suficiente, probablemente nunca sea suficiente. ¿Y quién dice cuándo es suficiente? En cada persona existe una respuesta distinta a esto, un referente del cual tomar como vara estándar, una escala para medir los logros y objetivos fijada por alguien o algo externo: ”a esto quiero llegar”. Realista o no, esa escala se fija como objetivo y menos que eso es inaceptable. Una vez llegado a eso, si es suficiente o no, el resultado lo dictará. Y es así como entra en un ciclo sin fin, cuando conocen el inicio de su sacrificio. ¿Para qué estoy en este mundo? Para luchar por una única pasión, no me queda más, no sirvo para más, mi sacrificio. ¿Por qué sigo vivo? Porque aún no he alcanzado mi propia escala. Deseo, determinación, confianza, envidia, ansiedad, angustia, tormento, culpa, cansancio, euforia, narcisismo, pasión… Finalmente, obsesión.






