Un Thundercat desvirgó a mi Barbie
en la repisa, junto a la porcelanita china.
La puso en cuatro patas,
con el látigo al cuello, la levantó
y la ensartó gravemente.
Ella lloró después un ratito.
Se paró. Se miró al espejo.
Se pintó los labios. Sonrió
y salió a la ruta.
Rubia como todas quisieran ser,
de ojos claros. Siempre sonriendo, Barbie
espera a Kent o a John. O a Barbie.
Barbie no puede dormir. Tiene que tomar el té
sentada en pequeños sillones
inflables anaranjados y verde manzana.
Barbie no puede cambiar
de nombre. Barbie
no puede ser actriz.
Barbie es Barbie.
Salvo cuando es pelirroja
o morocha. Así, Barbie no
es Barbie.
Barbie, claveteada,
enclavijada y deportiva.
Barbie, zapatillas tiesas
acordonadas al blancor
de tu figura esbelta
que quiero tener y
no puedo esperar.
Barbie. Barbie. Barbie.
Tantas loas a tí y a tu rubviedad.
La guerra nos atravesaba como
el amor, las miradas desde
el extremo de la mesa. Las
ganas de abrazarte me llevaban a
buscar el juego de la prisión, del
horror. Y entre una multitud de
pinceles y sillitas bajas sonaba
un disco de Rafaela Carrá que
no podía dejar de bailar. Desenfrenadamente.
Koji Kabuto se sienta en la tercera fila,
contra la pared del aula. Mantiene
su mirada esquiva, concentrado
en la misión de salvar al mundo.
Algunos compañeritos
dicen que soy Afrodita, encubierta.
Imaginan misiles en mis tetas,
armas de fuego.
Mercedes Gómez de la Cruz (Rosario, Argentina, 1974) Escribe poemas, crónicas, relatos y otras cosas. Su libro de poemas “Soy Fiestera” tiene ya su tercera edición (Le Pecore Nere, 2021) También publicó los libros Roca Madre (2019) Caudal (2019) Tres poemas (2018) 100 muñecas (2004) y Lo que huye (2003). Integra antologías como La Visita (2018) Danke (2016) Nada que ver (2012) Las 40. Poetas Santafesinas 1922-1981 (2008) entre otras. Fundó la editorial junco y capulí junto a Gabriela M. Rodi (2004-2006). Fue editora de la revista Viajeros de la Underwood (1997-2000). Hizo muchas cosas más.
Siento pena al tirar las semillas de los frutos que como. Pimientos, palta, manzanas. Igual que cada mes con la menstruación.
*
Quiero abrir mi corazón como abro la mano. Quiero darte un beso, que seamos un polo de amor. Quiero cerrar los ojos, abrilos, y ver todo de nuevo. Quiero dejar de decir quiero. Cada vez que digo quiero es como si sostuviese un ladrillo entre mis manos: algo que no me deja hacer ni construir nada, a menos que lo coloque o lo apoye en algún lugar.
*
Una de las cosas que más me gustan de andar en bici es hacerles un gesto con la cabeza, como de reverencia, a les conductorxs de autos que me ceden el paso.
*
Mientras paseo por el parque tengo un pensamiento, como un túnel en mi mente. Entonces el canto de un pájaro lo agujerea. Un perro ladra y lo deja mordisqueado. El pensamiento así cae y se levanta en mi cara una sonrisa pequeña. Tímida y avispada a la vez.
*
Acabo de pensar algo que me puso triste: lo que más me entusiasma es compartir cosas que leo, no cosas que vivo. Como si el mundo de la literatura estuviese por encima del mundo de la vida. Igual es posible que esa separación, literatura / vida, sea artificiosa. Ahora voy a dejar de escribir y voy a dormir, lo necesito. Me voy a dormir pensando en vos, mi amor.
*
Bueno, ¿dije mi amor? ¿Pensé en vos y dije mi amor? A esto me refiero cuando digo que el mundo de la literatura se antepone al mundo de la vida. De cualquier manera, sigo sin estar segura de que sea así. Del mi amor sí estoy segura, aunque suene descabellado. Me acuerdo del caballo que vi a principios de año en Córdoba, de su cabeza metiéndose entre los huecos del alambrado para poder comer los yuyos del otro lado. Siento que nombrarte de esa forma, mi amor, es como meter el corazón en unos huecos. Traspasar algo. Hablar desde otro lado de las cosas. Desde este lado de las cosas — el lado “correcto” o “esperable” o “lógico”— , sos una persona que apenas conozco. Una persona que difícilmente diga mi amor cuando piensa en mí.
El 9 de septiembre de este año, fui a una lectura de poemas en la Biblioteca Alfonsina Storni (Ovidio Lagos, 367, Rosario) que se llamó En sintonía federal mi amor. Una lectura de poetas que se habían conocido a través de las redes, a partir de la residencia virtual del FIPR edición 2020.
Me acuerdo que fue una noche de septiembre de mucho frío. Con mi amiga Camila caminamos hasta la biblioteca después de haber pasado un rato por la feria del libro, que también estaba haciéndose esa misma semana. El contraste fue significativo, de luces blancas y gente amontonada, a unas lucecitas de colores y un disco de Javiera Mena sonando de fondo. Daría y Belén eran las invitadas fuera de la ciudad, y Fer, la anfitriona residente en Rosario. Daría leyó un poema dedicado a la memoria de la joven poeta chilena Anais Luâ, que había compartido también la residencia del Festival. Belén recitó un poema de Marlu, la otra poeta invitada esa noche, que al final no pudo viajar. Entre un verso y otro yo me sumergía más en el universo de cada una, como una suerte de playlist. La sensación que me quedó después de la lectura fueron sus versos de largo aliento y una hermosa verborragia que salía como una suerte de impulso.
Los siguientes poemas intentan ser una suerte de registro de esa noche.
Velocidad, ayudame
Viento artificial, automovilístico
La tarde es una perla ácida
que se desvanece sublingual
entra aire a mi boca
dejo abrirla al sexo eólico
Viento humano, hecho para sí
No podría conseguir esta velocidad
a no ser por los motores
Mis tetas de falso hombre y falsa mujer chorreando grasa de motor
diría otras palabras automovilísticas, pero no las sé
No hay que saber
el vientito fresco en la carita
qué pelotuda fui ayer pensando en morirme
si toda esta gracia se sirve de mí
yo me sirvo de ella
en la intersección de Cañada y San Juan
vendí mi alma a esa euforia
fui perdiendo pelo en el exceso
Tomo las riendas de tu pelo
como se doman los caballos
Esa fuerza que nace de la nada
cuando el reloj no admitía sus pilas
¿De repente debo obsesionarme en la empresa de mí, vos y yo
de lo que se fuma o de las revoluciones?
¿Cómo trabajan este impulso efervescente los bien organizados
las operativizadas los estrategas?
Porque yo volqué sobre vos ideas unas noches
te quise cerca porque no había más canales en el cable
y lo quise a él cerca y a ella
congregados en el mismo yugo, mi amor
¿Qué si hay otras cosas falsas?
¿estamos perdiendo el tiempo?
¿se esmeraban antes con más efusividad en las pasiones?
¿apostaban por cosas más grandes que los besitos entre tres?
¿más heroicas que el homeoffice?
¿más tamaño que la droga del fin de semana?
Chorrean nafta mis tetas falsas
de verdadero hombre y verdadera mujer
Llevame donde el mundo se pliega en sí y se cae
el mundo no se merece más a sí mismo
donde las cansadas corren en elipse hasta bajar a los infiernos
ahí en el viento artificialmente psicodélico
Mañana hablamos, mi amor,no tengo las flechas
sí los arcos en los ojos
me metí a bailar a un lugar vacío tomé ese aire como droga fina
Mañana hablamos, mi amor, puede que ahora las palabras se quieran acostar
Daría Milveces (Villa María, Córdoba, 1998)
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vísperas de cumpleaños ¿te quiero pero para qué?
hacia frío quiero decir era julio todavía
más bien el final pero
el invierno nos regaló una noche iluminada como los veranos
me metí bajo la ducha sentí el calor
abrir mis huesos luego me peiné no tuve frizz
el pelo magnífico todo en su lugar
la cara los dientes
el corazón
lo recuperé el fin de semana lo tomé desde abajo con mis dedos
lo apreté fuerte le dije te quedas quieto ahí
y desactivé al miedo como se desactivan
las bombas en las películas
me fui a tu casa tomé el 12 luego un taxi
sentí nervios qué es el amor pensé
mirando la ventanilla
recordé un video de instagram donde lo explican
muy bien parece insulso pero es verdad
despertamos lo primero que dije fue
leiste a spinozza es pregunta
no dijiste siempre quise yo también
en realidad necesito a alguien que lo explique mejor que diga algo sobre entregarse sobre el espejo
sobre amar qué es el amor no sé
esta mañana desperté tenía tu olor
tan suave y liviano en los hombros
es raro se convierte en mi identidad por unas horas
hasta que voy a la ducha y te escurrís
te escapás
yo me voy
una canción de The Smiths dice
love is natural and real
una de Bowie dice
and love is not loving
anoche llegué a tu casa estaba todo en su lugar
hoy cuando nos despedimos pude ver el verdadero color de tus ojos un poco de verde un poco de marrón recuerdo a un viejo amor
y cómo dolía
tomo el colectivo llegó al barrio luego al trabajo
mi corazón no está donde estaba anoche a las 9 p.m qué hiciste
podría escribir un poema dijo ajá
hice todo para esto
te encuentro en la cocina abandonada
nos invade el fulgor brillante
de un dulce destino que marca
nuestras manos con tinta
cuántas veces dijimos
no necesitar de la otra
de su cuerpo y su indulgencia
y aquí estamos, revolviendo el pasado que se ha ido y no deja de irse pero
¿qué hacemos tomándolo
del cachito que nos deja
para acomodarnos y dormir?
sos tan joven frente a la luz
somos tan pequeñas frente a eso enorme que nos mantiene calientes en julio. detrás del agua había un país
detrás de esto estaba yo,
cubierta de nieve
frente a la tristeza ahogada pero
que hermosa se ve
cuando en el río se hace tarde
y las ciudades
parecen tan fáciles.
soledad de mi ventana
amiga inolvidable
¿era tuya la voz
en aquel sueño celeste?
¿era tuyo el silencio
que me hizo crecer?
Belén Nahuz (San Miguel de Tucumán,1998)
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Mi cuerpo es el derrumbe.
No lo derrumbado
Ni lo que derrumba.
Si no el derrumbe.
El temblor de la mano al agarrar el vaso,
el movimiento del agua
que se escapa
entre los costados del vidrio
—¿Yo soy ese vidrio que contiene y se le escapa?—
Temblor que abre grietas de distancia
entre boca y vaso.
—¿Cómo es que el tiempo es más lejano
que la distancia?—
Temblor de pensamientos que sacuden
en espasmos
mis brazos,
piernas,
pies
—¿Me debo sentar en el derrumbe?
Mi corazón late en pedazos de cuerpo.
Cada latido, cada temblor,
deja partes de mí.
Van cayendo, deslizándose en piso,
tierra quebrada por sequía.
¿Cómo hacer para llegar al vaso de agua,
esas pastillas rojas en mi mano
—rojo de advertencia, prohibición, transgresión—
pastillas que alcanzan,
movimiento rápido-lento,
respiro de espacio,
hasta llegar a un rostro vacío?
Ya no hay boca para abrir esos espacios.
El tiempo se desliza.
El respiro ya es vacío.
¿Cómo se detiene el derrumbe
si uno está hecho de él?
Martina Lucas (CABA, Buenos Aires, 1998)
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Una vez escribí un poema
sobre los buscadores de metal
decía algo así como
los buscadores de metal usan botas de lluvia
entran al agua que fue bajando y ahora es un estanque amplio
gris plateado inmenso espejo sonido de aves y perros corriendo en el barro
cazando los teros.
El cielo es gris aturde la vista son las diez de la mañana de
un domingo de septiembre, todo está tan quieto.
Pero eso era solo lo que veía de los buscadores de metal
ahora pienso en los sentimientos que me despiertan
a veces no puedo dejar de verlos cuando voy a la laguna
ellos tranquilos pasan horas con el agua en los tobillos y los detesto
su vida es miserable y me dan lástima
y después
los veo concentrados en su trabajo
persistentes, los admiro
van despacio tanteando el suelo con su bastón, tratando de dar con el tesoro
con un anillo precioso o algo así
como si pasaran la mano por una pared y buscarán en ella
la parte rajada, la arruga.
Mueven a ciegas su herramienta
en el agua oscura
olfatean lo que no huele a nada.
Siento gusto metálico en la boca
pueden ser caries o que algo muy adentro mío
se está pudriendo,
soy Terminator o tengo una placa en el estómago
otra posibilidad es que me haya comido un metal
el 21 de septiembre
ese día le hice una torta a mi novia por su cumpleaños y cuando integraba el azúcar
veía la batidora dejar un camino
con pedacitos de metal en la crema, entonces quise abortar.
Pero la terminé, saqué cinco o seis metales y no ví más
después le dije a mi hermana que tenía miedo de que todo el mundo se intoxicara,
pero me dijo que era estúpido preocuparse por eso, que la gente comía teflón todos los días
y se ponía plásticos en la piel, que no me persiguiera.
Herbario doméstico es una serie de fotografías en 35 mm blanco y negro, reveladas a partir de menta y té negro como agentes reveladores. Narra nuestros propios procesos de trabajo, la investigación y exploración del medio natural cotidiano con el que nos rodeamos y del que nos servimos para llevar a cabo el proceso fotográfico.
que me nombre que me diga que me llame y sangriente vomitarla hacerla rodar
sobre la padrera del viento
entre ramas y edificios ensuciarlo todo con mi nombre
como una sopa ácida derritiendo
hacer que nada vuelva a crecer en este lugar desaparecerlo
seguir corriendo
hasta que sólo quede mi palabra
como una mancha luminosa
en una esquina cualquiera y luego ya no.
Thaís Espaillat Ureña (Santo Domingo, 1994) poeta, editore y artista audiovisual. Es incapaz de elegir mal las mandarinas en el supermercado. Ha publicado algunos libros y fanzines, entre ellos: Pudo haberse evitado (Eloísa Cartonera, 2017; Ediciones Cielonaranja, 2018), A veces quisiera dormir dentro de un pomelo (Ediciones Nebliplateada, 2019), ¿Tienes quien te cuide la mula? (Ediciones Liliputienses, 2020), Cuaderno 4: Colección Frasco de Paisaje (Moñohecho, 2020), Notas sobre la morfología del Malecón (Ediciones de A Poco, 2020) y ¿Viste los pingüinos? (Editorial Matrerita, 2021). Su trabajo aparece en revistas y antologías de Latinoamérica y Europa. Actualmente está escribiendo una novela por Twitter.
Raimon de Durfort describía en sus cantos a Arnaut Daniel
como un estudiante pobre y malvestido.
Porque los poetas de la clase alta en mi país
predicaban una literatura atemporal,
pero el tiempo sucede aquí,
en los gestos que hacemos en la pantalla de Zoom
y en este verso abierto
para que entremos al fondo
de un restaurante mal iluminado
donde Sonia Scarabelli
ante un plato de comida peruana
ríe con mi amigo Leandro Llull.
Inti García Santamaría (Nezahualcóyotl, México, 1983). Ha publicado Évelyn (2018), Nunca cambies (2011), Hasta aquí nada pudo separarme del cielo (2010) y Corazoncito (2004). Obtuvo la beca del Sistema Nacional de Creadores de Arte (2021-2024).