María.
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@mexicanisimosojos
María.
Joshua Tree visto a través de una Hassel
(por fin parió mi Hasselblad!!!)
Mi querido amigo Jason vino a pasear por mi desierto.
María.
24 horas en Joshua Tree.
cacahuates
Hace unos días fui a la playa con un amigo. En el trayecto llegamos a abastecernos de hielo, yo me quedé en el carro, y cuando él regresó, un vendedor le ofreció cacahuates. Mi amigo accedió a comprar y me pasó la bolsa de snacks. Mientras él buscaba dinero a mi se me hizo fácil pagarle al vendedor con un billete de 20 que estaba en el tablero del carro, se lo extendí y don cacahuatero volteó a ver a mi amigo a los ojos, le mostró el billete de Benito Juárez, y con unos gestos muy particulares le dio a entender que yo estaba tomándome la libertad de gastar su dinero, le pidió autorización pues.
El señor de los cacahuates tiene muy claro que las viejas no podermos andar por ahi despilfarrando el dinero sin permiso de los hombres que nos acompañan. El señor de los cacahuates tiene tambien muy claro que las viejas andamos por ahi tomándonos atribuciones que no nos corresponden.
A mí su acción me dejó muy claro que nosotras algo no andamos haciendo bien, o que mejor dicho no estamos haciendo lo necesario para ser voces válidas, aunque sea para cosas tan simples como decidir pagar o no pagar los cacahuates.
A.N.I.R.A.K. - A.N.I.R.A.K., a song by Fax on Spotify
Hace unos días una amiga me dijo con gran emoción: hay una canción tuya!!!! y es hermosa!
Tenía por lo menos una década sin escucharla, pero sonreí, porque aunque los tiempos y mi vida son otras esa canción siempre será mía.
Hoy la escuché, y sonreí muchísimo, en su sencillez contiene una cápsula de memoria exquisita: harta felicidad, un año lleno de risas, viajes y sonido, dos gatos y un depa donde se cocinaba diario.
La canción suena a felicidad sin mucho rebusque, y sí, asi recuerdo fue 2002.
Gracias R.
La canción más triste del mundo… de acuerdo a Karina Villalobos.
“Se me enchina hasta el cuerpo nada más de pensarlo…” – Los Tiranos del Norte.
Nací progre, fronteriza y norteña. Hija de la guerra fría y rebeldes del campo. Por crianza mamé a los Beatles y Deep Purple. Aprendí inglés de las caricaturas sabatinas. Testifiqué la pérdida de los ideales neohippies de los padres auspiciada por 1994.
Manuel y Magda hicieron un buen trabajo: le entregaron a los 80 una niña educada que veía en el futuro todas las posibilidades sin ver el pasado. Pero la tierra me habló, la tierra seca, cuarteada, insoportablemente pegajosa, llegó a mi corazón con sonido de miel amarga.
Mi infancia siempre tuvo viajes a la tierra inhóspita de los abuelos: cumbias y norteñas, polvosos bailes de cancha. Aprendí que era algo de los otros, esos bailes y esa música no eran míos. Eran de los parientes del rancho, la curiosa vida de los del valle.
Recuerdo bien el día que me estampé con la canción más triste del mundo. Una fiesta familiar me obligó a visitar el Zakamoto (poblado que hace un lustro fue tragado por un sismo). El conjuro que me llevó al no regreso incluía 17 años recién cumplidos, boca guinda, las Doctors moliéndome los talones, el vaso de foam con Tecate tibia y el verano de 40 grados de noche. Nadie veía en mi a la mejor compañía, así que sola observaba a los danzantes. Sola tragaba despacito la cerveza y veía las caras que no sonreían pero que soportaban estoicas el baile.
De repente sonaron acordes más pausados, las parejas que bailaban en la cancha se abrazaron con fuerza, y otras tantas se les unieron. Bailaban con pasos largos, manos bien agarradas de cinturas y hombros. Nadie miraba los ojos de su pareja, pero los cuerpos si hacían contacto en todos los puntos posibles. La tristeza, la nostalgia y el miedo se apoderaron de los rostros. El frío entró en mi corazón.
¿Qué sería de mi vida si tú me dejaras? ¿Qué sería de mi vida si tú te marcharas?
En ese momento no supe lo que pasó, ni por qué la tristeza se alojó en mi estómago. Pero algo había cambiado en mí, algo había tronado en mi espíritu y empecé a buscarlo. A partir de ese día cada que escucho esa canción, los ojos lloran y la piel arde. Con los años he ido entendiendo el lamento del desamor desértico, con los años he entendido que esa canción fue el primer chingazo que me hizo saber cómo se siente el dolor cuando estás parado en la nada.
Hasta la miel amarga es un compendio del miedo a la soledad cuando se vive en la desolación. No es lo mismo afrontar el desamor con parques, museos o playas a 25 grados, que con un sol que parece estar encima de tu cabeza. No es natural apelar a tu lado más humano cuando el silencio te atraviesa y el puto cielo azul concreto sin nubes te recuerda que no deberías estar ahí.
Por eso, cuando a pesar de lo animal que debes ser para no volverte loco porque el día no termina y el sol te recuerda lo endeble de tu piel; cuando a pesar de todos los pesares encuentras a otro ser que te mira y te reconoce, y decide amarte. Pasa que no puedes evitar pensar en volver a la soledad y carecer de un cuerpo y su cerebro como único parque de diversiones al alcance.
Por eso las canciones norteñas son un llanto bronco. Cada hijo del norte tiene su canción chillona destrozadora favorita. Hasta la miel amarga es para mí la canción más triste del mundo, la misma que me inició en eso de entender por qué siento como siento.
Karina Villalobos.
autoretrato con pieza de bienal.
Hoy fotografié a mi querido Nahúm.
anoche pude estar un rato en una fiesta de adolescentes festejando el término del semestre escolar. Algunos estaban incómodos, yo era el único adulto, pensaban que quería captarlos en mal estado, espero puedan ver la belleza de lo que fotografié.
Mariela, retratada para el proyecto El Entresijo.
el rey negrito.
durante el último día del 2014 mi amigo rubén marrufo nos regaló a varios amigos un viaje a Salvation Mountain y tambien una foto :)
no soy muy dada a hacer fotos onda naturaleza, pero a veces no puedo evitarlo.
testing. diaspora.
libros.
Hoy volví a sacar del librero esa novela de Fitzgerald que por alguna razón he releido algunos otoños, de entre sus hojas salió una nota, algo que escribí para el tipo que habitaba mi corazón en aquél tiempo...me sorprende leerme, me sorprende que no recordaba que mi corazón estuvo así de hinchado...
...como eres un hijo de la chingada llegaste y quebrantaste esa resignación. por favor, prométeme que no voy a volver al desierto de los solitarios. prométeme que te vas a cuidar esa cabeza de lógica hermosa. dime que vas a cuidar a tu corazón para que cada vez que yo quiera pueda escucharlo. que de vez en cuando tendrás piedad de tu estómago para que aguante el coraje que se necesita para quererme. tambien quiero que cuides tus manos, para que siempre puedan recibirme. cuida tus ojos, hay un millón de cosas que quiero ver contigo. cuidanos ******.