La radio generalista no arriesga
El consumo de audio bajo demanda gana cada vez más fuerza. Existen en todo el mundo casi 4 millones de podcasts activos con 63 millones de episodios, según estadísticas de Buzzsprout del pasado mes de octubre. El boom del podcasting podría explicarse, en parte, por un cambio en la forma de producir cultura y entretenimiento. Las nuevas formas de búsqueda de contenidos, auspiciadas por las nuevas tecnologías, suponen un hábito ya adquirido que aplicamos a cualquier tipo de producto. En caso del sonoro, si hablamos del podcast, es ya una herramienta que consolida la era del conocimiento. Algo por lo que la audiencia apuesta en mayor grado.
No obstante, cabe recordar que la información es un bien esencial. El aquí y el ahora, el directo, una voz que nos relata los acontecimientos y a la que creemos por transmitirnos rigor y confianza. Son ingredientes base de la radio generalista. Mayoritariamente, es efímera en contenidos. Está al pie del cañón de la actualidad y de los sucesos del día, con algunas dosis de contexto. La mayor parte de su trabajo diario muere pasadas las horas o no se continúa dando cobertura o seguimiento a cuestiones que pierden presencia o interés mediático pasados unos días, aunque permanezca vigente. Siguen pasando cosas, se les da cabida y abordaje. Siguiendo una jerarquía en base al tramo horario y a quiénes se dirige. Pero la radio generalista no bucea en todas las posibilidades que sí hace suyas el audio bajo demanda.
Con este último, han nacido nuevos modelos de producción y diferentes modos de narrar, de opinar o de informar de una forma interactiva. De ahí que la radio deba adaptarse a los nuevos intereses e inquietudes, además de al ecosistema digital que ha modificado el consumo de los oyentes. El objetivo sería continuar siendo relevante y eficiente en la difusión de contenidos sonoros y que la audiencia no abandone la radio, sino que la compagine con podcasts. La radio debe reivindicar su valor para que no tenga sustituto, combinando recetas tradicionales y vanguardistas.
Lo cierto es que la oferta permanece inamovible prácticamente en las últimas dos décadas. La investigación La programación radiofónica en la era del consumo bajo demanda. Evolución de la oferta generalista en España (1999-2020), publicada en Estudios Complutenses, constata una progresiva reducción en la oferta y tratamiento expresivo de los programas, que tienden a una simplificación y homogeneidad en los temas y géneros poco competitiva con la cada vez mayor diversidad de las plataformas de audio bajo demanda.
Toma como objeto de estudio las principales cadenas comerciales españolas (Cadena SER, Cadena COPE y Onda Cero). Todas ellas se caracterizan por seguir tendencias comunes en el diseño de contenidos, estrategias de comercialización publicitaria, en la distribución y en los horarios para la desconexión territorial. La conclusión es clara. Según el estudio, “cualquier cambio significativo en alguna de ellas es replicado por las demás”.
El análisis se basa en los macrogéneros, géneros y subgéneros, además de su tratamiento en las parrillas. Destaca que las emisoras mantienen en el tiempo su programación para consolidar la audiencia. Algunas de las conclusiones a las que se llegan siendo partícipe del estudio y son:
Reducción de espacios: Ganan los grandes programas informativos y magacines. Los de corta duración y/o de un sólo día quedan ubicados en el fin de semana. Otras temáticas más especializadas y concretas también ven acortado su tiempo en antena para hacerlo prácticamente durante el fin de semana. El espacio que dejan es ocupado por el fútbol.
Aumento de la duración: Los informativos y magacines ocupan más horas y son conducidos por estrellas de la radio. Se busca mejorar el impacto de la marca de cada cadena y, por consecuencia, las tarifas de la publicidad. Se traduce en una reducción en los temas y públicos.
Predominio de la información: Es el macrogénero que más crece. Noticias, crónicas, entrevistas y tertulias son los géneros y subgéneros más presentes. El reportaje radiofónico no es tan común, ya que son necesarios más recursos. Se reduce la línea editorial. El entretenimiento es el segundo macrogénero. La ficción sonora está ausente en la radio generalista. Sí se aprecia tendencia al alza del deporte.
Limitación de las narrativas sonoras como recurso: Ninguna de las cadenas comerciales explota el potencial de la música, a pesar de que todas pertenecen a grupos empresariales con emisoras de temática musical. La música se reserva para pequeños espacios en los magacines. Solo protagoniza un 4% en el conjunto de las parrillas de las tres cadenas de radio comercial.
La radio visual: La tecnología de acceso gracias a las pantallas de smartphones y tabletas han naturalizado que la imagen acompañe a la radio. Se añade la señal audiovisual que para determinados targets resulta imprescindible como incentivo de captación de su interés.
En definitiva, la radio generalista ha incluido el elemento visual que las redes sociales y nuevas tecnologías han erigido en una máxima. Es un reclamo para los llamados nativos digitales, para quienes la imagen lo es todo y con la que tienen plena familiaridad. Es un paso para que la radio generalista se posicione en el reino de la imagen y la consuma las nuevas generaciones.
En cuanto a narrativa y formatos, teniendo en cuenta que el consumo de podcast está más que consolidado, adolece de una exploración y apuesta por el diseño sonoro que pueda hacer más atractivos sus contenidos. Uno de los géneros informativos que más podrían ganar con esto es el reportaje, al que se destina poco espacio, tiempo y recursos. Poco han variado las parrillas generalistas en 20 años. Además, han renunciado a contenidos más especializados que, en tiempos anteriores, se posicionaban como programas. Ahora, quedan en secciones.