Narvarte: El estereotipo de un crimen y la ridiculez de la investigación.
Ya mucho se ha escrito y hablado del multihomicidio de la Narvarte. Ya se han presentado videos; ha habido declaraciones de medio mundo: EPN, Mancera, Osorio Chong y hasta del Gober Duarte.
No se trata en éste pequeño escrito de redundar en lo que se ha dado a conocer. Ya nos lo sabemos de memoria.
Sólo quiero aportar mi muy humilde punto de vista, en base a lo que he escuchado y leído. He aquí mis conclusiones: El reportero, la activista, la edecán colombiana (que si Segob se los permitiera le dirían puta en cadena nacional), la estilista y la empleada doméstica (porque no es políticamente correcto decirle sirvienta). Sí, así como lo escribo, porque para buena parte de la prensa sólo son sus oficios y profesiones, sus nombres valen madres. Todos ellos fueron víctimas de un robo que “salió mal” durante un after en el que se consumieron alcohol y drogas; perpetrado por un lavacoches, un malabarista, un acomodador de carros y un personaje misterioso del que nadie sabe nada (o sea una especie de caso de Criminal Minds pero región 4 o un libreto para una mala película de Tarantino).
No puedo afirmar que Duarte fue autor intelectual, pero tampoco puedo tragarme semejante cuento de un “robo”. Un robo realizado a un grupo de jóvenes que llevaban una vida disipada que les permitía organizar fiestas entre semana, tomaban alcohol, algunos fumaban marihuana o inhalaban cocaína; es decir, la PGJDF utiliza el estereotipo para curarse en salud como diciendo: se lo merecían.
Dice la autoridad que este variopinto grupo de ladrones tardaron 45 minutos en distribuir a los habitantes por todo el domicilio, golpearlos, amarrarlos, dispararles y finalmente huir con el auto y una maleta sospechosa. ¡Que no chingue la PGJDF!
Permítanme ponerme en el lugar de un ladrón, no porque lo sea, pero mi carrera de psicología algo me ha enseñado de conducta humana y sobre todo mi sentido común, que parece que es el menos común en las autoridades:
Yo soy un cabrón que me dan el pitazo de que unos cuates, “armaron el after” desde la mañana de ese día. Me pongo de acuerdo con los weyes con los que voy de que vamos a robarles porque sabemos que una chava trae una buena nave y seguro como viven en la Narvarte tienen dinero. Si yo voy a robar, entro, te amago con la pistola y si te resistes, te disparo y me voy con lo que encuentre; no voy a arriesgarme a que me apañen por perder tiempo, sobre todo en una zona tan transitada y a plena luz del día.
La saña mostrada por los agresores es incompatible con ese escenario o de plano eran ladrones muy tontos o muy arriesgados.
Ese nivel de saña sugiere venganza o represión, nunca, un robo y se lo pueden preguntar a cualquier estudiante de criminalística o criminología de primer semestre.
El gobierno de Mancera se enfrenta a un desafío: Aclara las circunstancias en las que ocurrió ésta abominación aunque salgan a relucir nombres “incómodos” y deba reconocer de una vez por todas que el DF está infiltrado por el crimen organizado o apostarle a jugar al tío Lolo, sacando teorías hechas por alguien con mucha imaginación y presuntos implicados sacados de la manga.
Muñecón Mc Coy
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