Visiones de un pirado.
El cielo se está resquebrajando y a nadie parece importarle. A mí al que menos. Las luces del rótulo del motel parpadean al son de los gritos procedentes de las peleas del callejón de al lado. No he pegado ojo en toda la noche: Es difícil hacerlo cuando eres experto en encontrar problemas donde no los hay. La radio acompaña mi particular calvario con melodías tristes que parecen susurrarme que acabe con todo.
La luna entra por la ventana reflejando la cara de mi ex-mujer, tumbada a mi lado. No puedo decirle que no. Me asomo a la ventana mientras pienso el motivo de por qué mis libros no se venden una mierda. Tal vez las historias no sean creíbles.
¿Queréis historias reales, no?
Saco una pequeña caja debajo de la cama donde guardo mi viejo block casi sin espacio ya en las páginas para escribir. También guardo ahí la pistola.
“Las sirenas de la policía se acercaban más rápido de lo que me daba tiempo a correr…”
Apunto a la cabeza de mi ex-mujer con la pistola.
“Les he dejado un mensaje en la pared con la sangre y los sesos…”
Pero antes de disparar le despierto para que me vea sonreír como tanto deseaba que hiciera.
“Mientras huyo me desfiguro la cara con un cuchillo…”
Buenos días, cariño. Y… BANG.
“El aire apenas me llega al cerebro y pienso que me voy a desmayar. Me paro a descansar. Ya se me ha ocurrido el título del libro”.
—¿Miguel, qué haces con ese secador, y por qué tienes la cara llena de mermelada?.












