Y nos vimos sin saber, que no era la primera pero si la última vez...

No title available
dirt enthusiast
Alisa U Zemlji Chuda
Monterey Bay Aquarium

shark vs the universe
TVSTRANGERTHINGS
No title available
RMH

Kiana Khansmith
2025 on Tumblr: Trends That Defined the Year
d e v o n
Peter Solarz
I'd rather be in outer space 🛸

pixel skylines
tumblr dot com
Cosmic Funnies
Today's Document

@theartofmadeline
One Nice Bug Per Day
AnasAbdin

seen from United States
seen from United States

seen from Singapore
seen from Türkiye
seen from United Kingdom
seen from France
seen from United States
seen from United States
seen from Germany

seen from United States

seen from Malaysia
seen from Germany

seen from Australia

seen from United States
seen from United Kingdom

seen from Australia

seen from Venezuela
seen from United States

seen from United States
seen from T1
@min-j1
Y nos vimos sin saber, que no era la primera pero si la última vez...
Palabras...
¿Y tú… cuántas veces has cometido un homicidio?
No con sangre en las manos, sino con palabras.
¿Cuántas veces empuñaste una daga invisible y la clavaste con precisión?
¿Cuántas veces sonreíste mientras amenazabas, mientras herías, mientras decías “tengo la razón”?
¿Cuántas veces alegaste inocencia siendo culpable,
refugiándote en la excusa de que sabías más,
de que lo hacías mejor,
o de que también te dolía?
Porque existe un arma más peligrosa que cualquier cuchillo:
las palabras.
Con ellas juzgamos, criticamos, condenamos.
Con ellas desgarramos a personas que no estaban listas para sangrar.
Las palabras no dejan marcas visibles,
pero carcomen, destruyen, matan lentamente.
Y el castigo para quienes hemos usado esa daga
no llega en forma de cárcel,
llega en forma de dolor.
Un dolor que se queda, que vuelve, que pesa.
Entonces vuelvo a preguntarme:
¿cuántas veces he cometido ese homicidio?
¿Y si no fue a otros a quienes apuñalé…
sino a mí misma,
una y otra vez,
clavándome el puñal desde adentro?
Hubo una época en mi vida en que tenía muy claro lo que quería hacer, mis metas, aspiraciones, tenía confianza en mí; y sin saber cómo, un día desperté perdida en el mundo, sin lugar, sin camino.
Y a veces la verdadera madurez está en entender que no todo lo que queremos nos hace bien y que no todos los que llegan merecen quedarse.
Dejemos de perder el tiempo con gente que no sabe lo que quiere. Con quienes dicen buscar algo real, pero se asustan en cuanto lo encuentran.
Con quienes prometen quedarse, pero viven con un pie en la puerta. Con quienes fingen un interés desmedido solo para alimentar su ego, para llenar vacíos y hacerte perder el tiempo.
Dejemos de conformarnos con las sobras emocionales de otros. Con las respuestas a medias, las excusas disfrazadas de sinceridad y los "te quiero" que suenan más a costumbre que a sentimiento.
Dejemos de aceptar migajas como si fueran banquetes, de justificar ausencias, de intentar reparar lo que el otro ni siquiera sostiene y no quiere. De no poner límites por miedo a perder, cuando en realidad lo que más nos ha desgastado es seguir sosteniendo lo que ya estaba roto.
y a tener el valor de elegirnos a nosotros mismos —aunque eso implique dejar atrás lo que alguna vez nos hizo sentir vivos—.
Dejemos de ignorar las señales y advertencias que la vida —y el instinto— nos repiten una y otra vez. Pero decidimos ignorar.
Hay que aprender a soltar lo que no se entrega con reciprocidad a reconocer cuándo algo dejó de florecer.
Porque el amor no debería doler, ni vaciarnos, ni convertirnos en la versión apagada de lo que fuimos.
Y a veces, la verdadera madurez está en entender que no todo lo que queremos nos hace bien y que no todos los que llegan merecen quedarse.
"Para mí, ya no eres un casi algo. Eres un círculo vicioso."
Le he dado muchas vueltas a las cosas, he llorado cuando no debía llorar, me he quejado cuando fui yo quien eligió estar ahí, aun sabiendo que me haría daño. Me he ilusionado con promesas rotas, con miradas que no decían nada y silencios que gritaban verdades que no quise escuchar.
Aun así, seguí. Seguí porque creí que el amor podía más, porque pensé que merecía esa historia, aunque fuera a costa de mi paz. Me perdí en la idea de lo que podría haber sido, olvidando lo que realmente era.
Pero ya no. Hoy elijo soltar sin rencor, cerrar sin drama, seguir sin mirar atrás. Porque aprendí que la libertad no siempre está en irse, sino en decidir no quedarse donde no floreces.
Por eso escogí ser una estrella fugaz: breve, intensa, inolvidable. No nací para quedarme apagada en un cielo que no me ve. Nací para brillar, aunque sea solo por un instante, en el lugar correcto.
Tengo tanto amor para dar lastima que no tenga a quien dárselo...
Cuando uno está confundido, se conforma con cualquier cosa: malas compañías, perdona ofensas que duelen más de lo que sanan, acepta errores como si fueran el precio de estar acompañado. Se pierde en lugares donde nunca quiso estar, sonríe para no llorar, y se aferra a migajas pensando que es un banquete. Pero no es amor, es confusión. No es compañía, es miedo a la soledad. Y no es paz, es resignación.
Despertar duele, pero quedarse dormido también destruye.
Entonces le pregunté: En que te diferencias de los demás hombres?
Respondió: Que a mí me gustas de verdad
Respondí: lo mismo dijeron los demás y desaparecieron hubieron razones pero nunca me las dijeron
Debo llorar, ¿cierto?
Para sentirme mejor, para vaciarme, para que el peso en mi pecho se disuelva en cada lágrima.
Debo dejarlo salir, vivirlo en carne propia hasta que duela menos,
hasta que el eco de esta tristeza se vuelva un susurro lejano.
Se supone que debo continuar,
que esto es solo una etapa,
que este ciclo acabará y algo nuevo florecerá.
Pero, ¿y si no quiero seguir con la certeza de lo incierto?
¿Y si el dolor se aferra como raíces a mi alma, negándose a soltar?
Que sea, pero que duela.
Al final, sigue doliendo.
Es difícil fingir fortaleza,
pensar en positivo,
continuar como si el peso no estuviera ahí.
Porque duele.
Porque sigue pesando,
aunque el mundo insista en que pasará.
Y tal vez pase.
Tal vez un día el dolor se vuelva recuerdo,
y el recuerdo deje de arder.
Pero hoy… hoy solo puedo sentirlo.
"Desde lo más profundo de mi corazón... ojalá encuentres a alguien."
Ojalá encuentres a alguien que te valore por quien eres y no por lo que aparentas.
Ojalá encuentres a alguien que te escuche incluso cuando no digas nada.
Ojalá encuentres a alguien que entienda tus miedos sin usarlos en tu contra.
Ojalá encuentres a alguien que no solo ame tus virtudes, sino que también abrace tus defectos.
Ojalá encuentres a alguien que te elija todos los días, incluso en los más difíciles.
Ojalá encuentres a alguien que se quede, incluso cuando el resto decida marcharse.
Porque si no fui yo, entonces desde lo más profundo de mi corazón… ojalá encuentres a alguien que sea todo lo que yo no pude ser.
No quiero entregarte mi corazón porque es frágil, y sé que lo romperás en un segundo con una frase, tu comportamiento o tu actitud...
Prefiero guardarlo, protegerlo tras muros que construí con cada herida del pasado. No porque no quiera amarte, sino porque temo que, al hacerlo, me pierda a mí misma en el proceso. Temo que tu indiferencia sea la daga y tu distancia el veneno.
Y aun así, aquí estoy, debatiéndome entre el deseo de entregarte cada parte de mí y el miedo de que no lo valores. ¿Cómo se ama sin miedo? ¿Cómo se abre un corazón que lleva tanto tiempo cerrado?
"No les pasa que sirvo para todo y, al mismo tiempo, no sirvo para nada?"
Es como si mi existencia fuera un comodín en un juego donde nadie tiene idea de las reglas. Estoy ahí, listo para encajar donde sea, pero nunca lo suficientemente esencial como para quedarme. Una mezcla de utilidad pasajera y una profunda sensación de vacío. Capaz de hacer tanto, pero sintiendo que, al final, nada importa realmente. ¿Será que somos piezas mal colocadas o que el rompecabezas no es el correcto?
No soy de nadie, porque nadie me ama,
porque nadie ha querido quedarse en mi cama.
Soy un alma errante, buscando su hogar,
pero siempre termino sola al caminar.
No soy de nadie, porque nadie ha llegado,
nadie ha querido amar lo que soy, lo que he dado.
Y aunque me duela esta soledad tan callada,
sigo esperando que mi alma sea abrazada.
Llevo más de 20 años esperando a que llegues,
y siento que mi esperanza poco a poco se quiebre.
¿Y si no llegas? ¿Si olvidaste el camino?
¿Si al final te rendiste, te alejaste de mi destino?
Estoy perdiendo la fe, las ganas y el alma,
y aunque aún te espero, ya no encuentro calma.
¿Serás solo un sueño, una dulce mentira,
o alguien que en silencio algún día suspira?
Perdiste en el momento en que dejaste que te afectara,
cuando le diste poder sobre tu cuerpo y tu alma entera.
Perdiste cuando dedicaste tiempo y esfuerzo a sus momentos,
cuando abandonaste tus sueños, tus propios intentos.
Perdiste al poner sus necesidades sobre las tuyas,
al ignorar tus metas y dejar que su presencia te influya.
Perdiste cuando ignoraste esas señales tan claras,
cuando aceptaste sus rarezas, aunque te lastimaran.
Perdiste cada vez que permitiste lo que te hería,
que dejaste de ser tú por complacer su fantasía.
Y perdiste, no porque amar fuera un error,
sino porque te olvidaste de ti mismo en ese amor.
Perdiste al ceder, al silenciar tu propia voz,
al soportar lo insostenible y no encontrar otra opción.
Y ahora, superar se convierte en un reto amargo,
pero es hora de soltarte y de renacer sin embargo.