—Pero, pero… ¡Hazlo por mí, por tu querídisima amiga! —hizo un leve puchero, el cuál quitó rápidamente al escucharla—. Mi orgullo estaría intacto, aunque no estoy tan segura del tuyo —bromeó.
Sabes que amo la comida, ¡pero ese reto es absurdo! —Negó con la cabeza e hizo una mueca de sorpresa dramática al escucharla—. Oh no, ni se te ocurra amenazar a mi orgullo para salirte con la tuya, Alexia.










