27 de octubre del 2020, Manifiesto para cierre de taller “Herramientas para la creación escénica con toque feminista” basado en la actualización de mis procesos a partir de mi ejercicio de redacción “¿Por qué los actores somos tan valientes?” realizado el 20 de agosto del 2019.
¿Por qué ser actriz es un acto de valentía?
Mónica Ayala Vázquez
Cuando entré a la universidad me pidieron que escribiera lo que yo quisiera para una tarea, y yo escribí algo muy breve que nombré “¿Por qué los actores somos tan valientes?” un año después leí de nuevo el texto y muchas cosas de las que había escrito ya no eran totalmente mi percepción y lo más importante de todo, me di cuenta que estaba viendo un espacio muy general del panorama, sin apreciar los detalles. Después me centré en mis experiencias y pensé que hubiera sido un mejor colocar como título: “¿Por qué las actrices somos tan valientes?” también pensé que debería existir un libro que se llame “Una actriz se prepara” porque en este mundo ser actriz y ser actor son cosas muy diferentes.
Antes pensaba que ser actriz era un acto de valentía porque vivimos en un país en el que nuestra población general no está acostumbrada al teatro. Mis búsquedas casi siempre iban señalar la importancia de que el teatro sea conocido por los mexicanos y mexicanas. Decía que a la sociedad no le importa el teatro mientras que al teatro sí le importa la sociedad. Poco después fui modificando este discurso, actualmente considero que sí, es cierto, ser actriz es una labor que requiere esfuerzo y dedicación, y mucho coraje para enfrentarnos a un país en el que el teatro no están importante como el canal de chismes. Admito que ser actriz también implica atravesar esos momentos incómodos en los que nos cruzamos con desconocidos, hablamos sobre nuestra profesión y nos hacen comentarios como “¿Eso se estudia?” que no siempre son con intenciones de ofender, más bien son genuinos comentarios que ignoran la profesión de lxs artistas escénicxs. Y también a esto nos enfrentamos, a defender nuestra profesión ante quienes la desconocen. De igual forma, a menudo escuchamos que tenemos una responsabilidad enorme con la sociedad de “mostrarles la realidad” y enseñarle al mundo lo que está bien y lo que no. Otra cosa que incluso he llegado a creer en mis procesos es que los actores nacimos para cambiar el mundo o hacer un cambio en él. Ahora estas ideas no me convencen, porque estas ideas son las que me han hecho daño en mis procesos ¿Cambiar el mundo? ¿Enseñarle la realidad a la sociedad? ¿Educar teatralmente a la población mexicana? Si como actriz vivo pensando que tengo que hacer todas estas cosas entonces ¿Dónde quedan mis procesos? ¿Qué pasa con mi cuerpo y mi ser ante esta gran presión?
Lo que sucede es que nos enseñan desde el principio que si somos actores/actrices estamos formados para servir, para ser una materia prima con la que pueden crear lo que quieran otros directores. En este sistema patriarcal el teatro también participa, lo confirmo fijando la mirada en mi formación actoral, en la que nunca he sentido que como actriz pueda ser también una creadora escénica independiente y capaz de llevar a escena lo que yo quiera. Me enseñaron y yo también me enseñé (como método de protección) a cuidarme de los espacios teatrales donde existen conductas violentas, esos donde critican, agreden verbal, física y hasta sexualmente nuestros cuerpos, donde nos exigen ser un producto para el consumo del público, donde nos callan porque nosotras apenas estamos aprendiendo, donde critican nuestra voz diciendo que es demasiado aguda, donde sexualizan nuestros cuerpos en escena sin necesidad alguna, donde minimizan el trabajo de las actrices, dramaturgas, directoras, productoras, vestuaristas o creadoras escénicas de cualquier índole, donde nos acosan, nos gritan, nos dicen que no tenemos talento porque estamos aprendiendo, entre otras cosas más.
En este sentido, ser actriz es un acto de valentía, porque ahora resulta que tenemos que ser valientes para enfrentarnos ante una sociedad que no le importa el teatro y además cuidar nuestra salud mental y emocional ante la agresión del sistema patriarcal presente en nuestras comunidades teatrales.
Antes romantizaba la idea de que ser actor es un acto de valentía, hoy esto me da mucha tristeza y por ello, me deshago de este discurso. Hoy me declaro en libertad: como actriz no es mi completa responsabilidad cambiar el mundo, ni hacer un cambio en él, ni tampoco cambiar la sociedad mexicana. Todo lo anterior es parte de mis deberes como ciudadana, como mexicana, como mujer, como feminista y también como actriz, pero también es la responsabilidad de todxs, de médicxs, maestrxs, arquitectxs, científicxs, estudiantes, albañiles, cantantes, choferes, pintorxs, cocinerxs, contadorxs, escritorxs, ciudadanxs, etc.
Ser actriz no debería ser un acto de valentía. No debemos ser valientes al llegar a un ensayo, no debemos ser valientes al aguantar cosas que no tenemos la necesidad de soportar.
Hoy mi responsabilidad será hacer sentir seguras a mis compañeras y formar espacios de creación escénica seguros con ellas, donde nuestros miedos desaparezcan, donde ser actriz ya no sea un acto de valentía, sino un acto de amor y sororidad.

















