Por un momento tan siquiera escuchó las palabras del hombre en el momento que este pronunció que todos tenían días malos, a los que recordó de nuevo Boston. Sacudió su cabeza y con una débil sonrisa en sus labios miró a su hija, la cual daba patadas al aire sin más.— Eleanh, se llama Eleanh y de verdad…me siento realmente mal por eso ¿Le puedo invitar aunque sea a un café? No me lo niegue.
— Eleanh, curioso nombre, me gusta. —después de hacer reír durante unos segundos a la pequeña, se puso de pie y le miró sonriente, asintiendo un par de veces.— Nunca puedo decirle que no a un café, así que vale. Aunque creo que mejor primero nos presentamos, ¿no? Soy Diederick Breiner, pero si lo prefieres puedes llamarme Dirk.















