Como el dÃa en que Galileo Galilei creo su propio telescopio; y su cuerpo se llenó de extasis y emociones al poder contemplar las estrellas de una forma la cual nunca nadie más lo habÃa hecho.
Asà mismo me sentà yo, el dÃa que el destino tomó la noble decisión de hacernos coincidir, y poder ver en ti la misma magia y destellos que Galileo vio en las inconmensurables estrellas esa magnÃfica noche.
—Foster.














