Fuego y Sombra
Eres el tacto incendiario en la penumbra,
la lengua de un relámpago hambriento,
manos que esculpen pecados en la piel
como si la culpa fuera solo un eco distante.
Mis labios se pierden en tu geografía,
en los abismos donde el deseo gime,
donde la razón se arrastra a los pies de la carne
y la lujuria nos dicta su evangelio.
Prohibido, urgente, bendito pecado,
desgarras la seda entre dientes febriles,
y en el altar de un lecho deshecho
celebramos la fe de los cuerpos rendidos.
En cada jadeo se quiebra el mundo,
en cada embestida el tiempo se borra,
somos la urgencia de lo que no debe ser
y, aun así, es.














