“En verdad deberías dejarlo estar” le espetó al hombre con el cual discutía. No deseaba tener problemas, y mucho menos aquel día que se había pasado de copas, aunque claramente no estaba borracho. “Si no te alejas, tendré que romperte la cara” amenazó, tomándose un vaso de bourbon de un trago.
“Oye, tranquilo. Él no me estaba haciendo nada” refunfuño en dirección al corpulento, amigo de su padre. Quién desde el día en que la francesa había puesto un píe en el lugar, no le había dejado de pisar los talones. En seguida, colocó ambas manos sobre los hombros del desconocido, y negó. “¿Estás bien? Él... mi amigo, ya estaba por irse. No será necesario que le rompas la cara” soltó, aunque en el fondo agradecería que lo hiciera. “¿Necesitas ayuda?”











