Se me quemó un fusible...
Hoy me voy a desahogar, así que prepárense, este post va a ser largo. El 18 de enero del 2015 mi cerebro se apagó por unos segundos y nunca volvió a ser el mismo.
Mi hijo Diego tenía 6 meses de edad, trabajaba demasiadas horas en la empresa familiar y desde que mi hijo nació, mi cuerpo y mi cerebro decidieron volverse en mi contra.
Después de que Diego nació a los días note que me costaba hablar, no lograba encontrar las palabras que necesitaba ni podía decirlas, el dolor de cabeza eterno era mi peor enemigo y yo como buena madre primeriza, le echaba la culpa al cansancio por el bebé. Cada vez que comía algo delicioso como pizza, hamburguesas o postres, tenía una reacción alérgica que podía ser desde unos labios hinchados a la dificultad de respirar, con el paso de los meses mi esposo y yo nos empezamos a preocupar, dejé de hacer bromas sobre cómo mi cuerpo me estaba diciendo que debía ser delgada e hicimos varias pruebas pero no encontramos nada que explicara lo que me pasaba, hasta ese 18 de enero.
Estaba saliendo de la oficina y no había almorzado bien, como era de costumbre, mi hermano menor se había comprado una hamburguesa de pollo en McDonalds, le di un mordisco y me fui a mi casa a ver a mi hijo, mi papá quién en ese momento y hasta el día hoy, está loco por mi hijo, decidió irse detrás de mi carro para verlo, sin saber que iba a ser mi ángel de la guarda. Mientras iba manejando llamé a mi mamá y note que el dolor de cabeza estaba empeorando, en tan solo 1 kilometro de haber salido de la oficina mi mamá me dijo que no podía entender lo que le hablaba, le colgué de inmediato y llamé a mi esposo, quién es médico y usualmente mientras está en consulta no contesta su celular, por respeto a sus pacientes, pero esa vez sí lo hizo. Intenté desesperada hablar pero no pude y note que ya casi no podía mover mi brazo izquierdo, solo pude decir “Papi”, en ese momento estaba entrando a la autopista, mi esposo llamó a mi papá y le dijo que yo necesitaba ayuda, que me llevara de emergencia al hospital y que él nos esperaba ahí. Con la mayor dificultad del mundo logre poner el carro en el espaldón de la autopista y abrirle la puerta del carro a mi papá. En menos de tres minutos estábamos en el hospital, ya no podía mover mi lado izquierdo, la comisura del labio me llegaba a la oreja (la exagerada), no podía hablar y lo único que podía pensar era en mi hijo; mientras mi esposo solo pensaba que se me había reventado una vena en el cerebro mientras me veía como una lechuga por el resto de mi vida, yo solo podía decir “bebé... bebé” y mi esposo intentaba tranquilizarme mientras me metían en sala de shock. Me hicieron de todo y el TAC no demostró nada, el diagnóstico de 2 neurólogos fue Crisis de Histeria y Dios sabe porque no me podía mover, por que de haberlo podido hacer lo hubiera pateado, clínicamente lo entiendo, pero no podía hablar, no entendía lo que me decían y los ojos me bailaban. Otro neurólogo iba pasando y al ver la cara de angustia de mi esposo se acercó a verme y con solo mirarme dijo “es una migraña complicada” y ese doctor se convirtió en mi segundo héroe clínico, el primero, es mi esposo. Me internaron, me estudiaron y mi diagnóstico fue: Migraña complicada causada por alergias alimenticias (huevo y leche) y una depresión post parto (que claramente no sabía que tenía, pero eso es tema para otro blog).
Entonces tuve que volver a aprender todo, desde comer hasta hablar de nuevo. A pesar de que no se observa nada en el TAC ni en los exámenes, a mí se me quemó un fusible, mi cerebro nunca volvió a ser el mismo, esa milésima de segundo causó algo que se llama Isquemia Cerebral Transitoria (ICT) y la condenada me marcó de por vida.
Lo más frustrante no fue el movimiento o el habla, fue dejar de comer todo lo que me gustaba, no más postres, no más pinto con natilla, ni desayuno típico de la Tapia y mucho menos mi postre favorito, el flan de coco. Si como huevo parece que me está dando otro derrame, no puedo hablar lo que se llama afasia (en mi caso de Wernike y Broca), hemiparesia o dificultad para movilizar la mitad del cuerpo y siento que la cabeza se me llena de aire, como sino fuera mía, algo parecido a la sensación que sufrimos todos cuando nos pasamos de copas.
Pero ahora mi frustración cambió, al darme cuenta de que no puedo aprender igual que antes, debo de leer hasta 3 veces un documento para lograr memorizarlo, intento buscar palabras que sé que están en mi cerebro y sé cuáles son pero no logro decirlas, mis emociones son una montaña rusa digna de Universal Studios, no logro organizar mis ideas y mi mente, en la cuál ya de base existe mucho ruido, se convirtió en un concierto de AC/DC.
Y lo comprendí, tenía que volver a empezar, si ya de base mi personalidad y comportamiento social era anormal, ahora mi cerebro me iba a convertir en un digno acto de circo, perdí muchos filtros y gané mucha experiencia. Mi manera de enseñar cambió aún más, dónde mi mayor deseo es que mis estudiantes realmente entiendan y pongan en práctica su conocimiento, clínico y emocional, no solo que vean pasar la información sino que la hagan suya para que puedan ayudar a alguien en el futuro.
Aprendí que la familia es impuesta pero los amigos son escogidos, esta decisión no fue escogida, fue impuesta y ahí aprendí a aceptar todo lo que no podía controlar. En la cola perdí muchas cosas, pero nada se compara a sentir que me había perdido, recuerdo quién era antes y extraño esas capacidades y seguridad, pero gracias a eso he logrado ser mejor persona, profesional y docente de lo que era antes, aunque la batalla por mi salud mental aún está en combate digno de las Termopilas, comienzo a aprender sobre estrategia poco a poco.
Así que al final he comprendido que nunca voy a dejar de aprender y que mi cerebro puede volver a hacerme una zancadilla en cualquier momento, pero voy a estar preparada, por si de algo estoy segura, tan segura cómo el hecho de que no puedo volver a comer huevo, es que la rehabilitación neurocognitiva funciona y voy a hacer de ella un medio para ayudar a mis pacientes y quién sabe, tal vez en el camino encuentre mi propia cura.
Y ya desahogada recuerdo que todos los blogs deben de terminar en una pregunta y esta sería la mía:
Que desayunarías sino puedes comer más huevo y leche en tu vida? Es que ya me estoy quedando sin opciones de menú....