EL BOSCO, Meditaciones de San Juan Bautista. Origen e iconografía de la tabla del Lázaro Galdiano
Descubre el origen de la tabla del Bosco conservada en el Museo Lázaro Galdiano, las dudas del coleccionista al adquirirla, los expertos como August Mayer, Max Friedländer y Hulin de Loo que le asesoraron en la compra, etc. Pero también la fascinante iconografía de la obra y los secretos que oculta. “Las meditaciones de san Juan Bautista”, del Bosco, es una de las obras maestras del museo, y una de las más preciadas.
PROCEDENCIA
Estuvo ausente de la colección desde 1936, y no pudo recuperarse para el museo hasta 1949, dos años después de la muerte de José Lázaro Galdiano. El coleccionista adquirió el cuadro, dudando que fuese del Bosco, en 1919, posiblemente aconsejado por su amigo August Mayer, un importante historiador del arte, que dio noticia de la obra, con sus dudas, en 1920. Tras consultar con otros especialistas, como Max Friedländer o Hulin de Loo, José Lázaro presentó la pintura en su catálogo de 1926 como obra del Bosco. Hoy, la historiografía la considera una de las obras indubitables del artista.
ICONOGRAFÍA
La composición resulta sorprendente y enigmática, como es habitual en la obra del Bosco. San Juan, recostado y en actitud de meditación, señala con su mano derecha el Cordero Místico como vía de salvación, siguiendo el evangelio de san Juan. La escena transcurre en un paisaje abierto, inquietante y lleno de vida. Al fondo, cierran el paisaje dos extrañas arquitecturas rocosas, y en primer plano, destaca una fantástica planta que, en contraste con el paisaje, confiere a la pintura un cierto desasosiego. La planta no es más que una quimera compuesta por fragmentos de diferentes especímenes vegetales: el rosal, el sello de salomón, la mandrágora o el lúpulo están en ella.
EL SECRETO QUE OCULTA
Los historiadores del arte le han buscado diferentes significados, sin embargo, la reflectografía infrarroja, ha dejado ver oculta bajo ella la figura de un donante, tal vez un comitente decepcionado. Esta no fue la única vez que el Bosco hizo desaparecer figuras ya pintadas. También hay personajes ocultos en la pintura de santa Liberata, en Venecia, o en el “Ecce Homo” de Fráncfort. No sabemos para qué pintó Hyeronimus Bosch esta obra. Desde 2001 se plantea la posibilidad de que sirviera como parte del cerramiento del retablo que el escultor van Wessel había hecho para la colegiata de san Juan, en la ciudad natal del Bosco. No existen, de momento, datos concluyentes.
¿Sobre qué nos invita a reflexionar hoy en día esta obra? ¿Es, tal vez, momento de parar y hacer un balance?











