“Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón...”
Hace unos días me inscribí en un evento del GAM en el cual disfrutamos de una enternecedora velada, teniendo la oportunidad de vivir todo el proceso del gran ilustrador chileno Carlos Denis, que nos expuso como nació la creación de esta hermosa nueva edición del “El principito” con bosquejos realmente enfáticos.
"Sólo se ve bien con el corazón; lo esencial es invisible a los ojos"
Desde luego esta frase, como muchas, y esta obra se han convertido en un gran clásico que todos han leído alguna vez en su vida, esto independiente si ha encantado o no. Ha sido traducida en casi todos los idiomas, incluyendo el sistema de lectura braille, es por eso que ha podido estar en manos de muchas almas, haciéndonos pensar cómo un relato infantil e inofensivo, lleno de sabias ilustraciones, nos hace reflexionar en tan profundos temas.
“Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante”
No podía quedar atrás y me traje esta nueva publicación a casa, que por cierto está dotada de hermosura, sumándose a la colección que sin querer ha ido ascendiendo. Cuando recién navegué por estas páginas ya era adulta, por lo que no sé qué pudo haber simbolizado en mi infancia, aun así, cuando logré sumergirme en este mundo de fantasía me hizo descubrir valores, a complacerme de felicidad con cosas pequeñas y a ver la importancia del tiempo.
Cuando era niña tenía demasiada imaginación, pero nunca la compartí, quizás por el semejante miedo que se cuenta, el no ser comprendido y ser desanimado por los adultos. “Las personas grandes nunca comprenden nada por sí solas y es cansador para los niños tener que darles siempre explicaciones”. Escuché señalar esa tarde “no estuve rodeado de libros, pero sí de cancioneros y que aquellos estaban llenos de palabras”, pues me sentí tan identificada que me hizo recordar todas las tardes de música “leyendo” todas las canciones que traían esos “libritos” que por cierto me llenaron aún mas de utopías.
“El sentido de las cosas no está en las cosas mismas, sino en nuestra actitud hacia ellas".
Evidentemente es un cuento lleno de magia, repleto de poesía y filosofía, cargado de ilusión, tal cual como me gusta vivir cada libro independiente del género que sea. Sin alterar jamás su lenguaje diáfano, natural y fluido, donde nunca falta el humor y la sutil ironía, el narrador utiliza, de manera sugerente y oportuna, figuras literarias como la comparación; “cuando enciende el farol es como si hiciera nacer una estrella más, o una flor”; la metáfora: “¡Es tan misterioso el país de las lágrimas!”; la sinestesia: “Y por la noche me gusta oír las estrellas”.
"Al primer amor se le quiere más, a los otros se les quiere mejor".
Creo que “EL PRINCIPITO” es uno de esos trabajos que todos saben sobre su argumento, lo hayan leído o no, numerosas personas lo han estudiado a lo largo de sus vidas, reeditado y reimpreso por décadas, enriqueciendo la literatura universal. No revelaría detalles incómodos sobre el desenlace de esta historia que no hayan oído antes, todos conocen a ese hombrecito extraordinario, de cabellos dorados, de frente pálida, que luce una eterna bufanda de oro y que aparece en la vida del narrador comenzando la lectura. Todos están al tanto de ese frágil niño curioso, inteligente y algo misterioso, que formulaba numerosas preguntas, a las que jamás renunciaba, insistiendo hasta obtener sus contestaciones y que, en cambio, por lo general no respondía a las interrogaciones de los demás. Todos deben acordarse de la caja del cordero, del elefante, del increíble zorro, del cual todos están seducidos, de las espinas de una flor, de lo mucho que amaba las puestas de sol. Todos deben haber reflexionado sobre los principales motivos que sustenta el relato como, por una parte, la amistad, el amor, la ingenuidad, la beldad, la justicia, la ternura, la comprensión, el respeto, la honestidad, la disciplina, el conocimiento, la solidaridad, esperanza, y por otra, la incomunicación, el poder ocioso, la vanidad, la falta de imaginación, la intemperancia, la solidad egoísta, el creciente y absurdo afán posesivo, la inconstancia.
“EL PRINCIPITO” constituye, por lo tanto, un implícito llamado a examinar y ajustar nuestra conducta a la luz de éstos y otros valores de permanente y universal vigencia.
En un mundo en que cohabitan un apresurado y admirable progreso científico y tecnológico, en una sociedad desvelada por las apariencias más que por las esencias, este libro invita a ir al fondo de las cosas, a penetrar su verdadero sentido y proyección, y no a quedarse solamente en la superficie. Porque como dice su protagonista;
“Los ojos están ciegos. Es necesario buscar con el corazón”.