Akhenaten and his family presenting offerings to Aten, ca. 1353–1336 B.C.E, 18th Dynasty, New Kingdom *
el culto a a Aton <3
Lint Roller? I Barely Know Her

blake kathryn
KIROKAZE
Sweet Seals For You, Always
Game of Thrones Daily
he wasn't even looking at me and he found me
🪼

Kaledo Art
"I'm Dorothy Gale from Kansas"
Cosimo Galluzzi
let's talk about Bridgerton tea, my ask is open
Cosmic Funnies
Three Goblin Art
Jules of Nature

No title available
Today's Document

ellievsbear
$LAYYYTER

Origami Around

@theartofmadeline
seen from Ukraine
seen from France

seen from United States
seen from Singapore

seen from Georgia

seen from Poland

seen from South Korea

seen from United States
seen from Sweden

seen from Malaysia
seen from United States

seen from Türkiye
seen from Bangladesh

seen from Malaysia
seen from United States
seen from Türkiye
seen from United States

seen from United States
seen from France

seen from United Kingdom
@mysticalsight-blog
Akhenaten and his family presenting offerings to Aten, ca. 1353–1336 B.C.E, 18th Dynasty, New Kingdom *
el culto a a Aton <3
“El que permanece atento está vivo; el que no, es como si ya hubiera muerto” (Dhammapada)
hayao miyazaki’s kiki’s delivery service
Los signos como facciones en Divergente
Abnegación (altruismo, humildad): Piscis, Cáncer
Verdad (honesto, genuino): Sagitario, Acuario
Cordialidad (bondad, paz): Libra, Tauro
Erudición (análisis, conocimiento): Capricornio, Virgo, Géminis
Osadía (coraje, intensidad): Escorpio, Leo, Aries
“Cierto mercader envió a su hijo para aprender el secreto de la felicidad con el más sabio de todos los hombres. El joven anduvo durante cuarenta días por el desierto hasta llegar a un hermoso castillo, en lo alto de una montaña. Ahí vivía el sabio que buscaba. Sin embargo, en vez de encontrar a un hombre sabio, nuestro héroe entró en una sala, y vió una actividad inmensa; mercaderes que entraban y salían, personas conversando en los rincones, una pequeña orquesta que tocaba melodías suaves y una mesa repleta de los más deliciosos manjares de aquella región del mundo. El sabio conversaba con todos, y el joven tuvo que esperar dos horas hasta que le llegara el turno de ser atendido. 15 El sabio escuchó atentamente el motivo de su visita, pero le dijo que en aquel momento no tenía tiempo de explicarle el secreto de la felicidad. Le pidió que diese un paseo por el palacio y regresara dos horas más tarde. -Pero quiero pedirte un favor –completó el sabio, entregándole una cucharita de té, en la que dejó caer dos gotas de aceite– mientras estés caminando, llévate esta cucharita cuidando de que el aceite no se derrame. El joven empezó a subir y bajar las escalinatas del palacio, manteniendo siempre los ojos fijos en la cuchara. Pasadas dos horas retorno a la presencia del sabio. -¿Qué tal? –preguntó el sabio– ¿Viste los tapetes de Persia que hay en mi comedor? ¿Viste el jardín que el maestro de los jardineros tardó diez años en crear? ¿Reparaste en los bellos pergaminos de mi biblioteca? El joven, avergonzado, confesó que no había visto nada. Su única preocupación había sido no derramar las gotas de aceite que el sabio le había confiado. -Pues entonces vuelve y conoce las maravillas de mi mundo – dijo el sabio– No puedes confiar en un hombre si no conoces su casa. Ya más tranquilo, el joven cogió nuevamente la cuchara y volvió a pasear por el palacio, esta vez mirando con atención todas las obras de arte que adornaban el techo y las paredes. Vió los jardines, las montañas a su alrededor, la delicadeza de las flores, el esmero con que cada obra de arte estaba colocada 16 en su lugar. De regreso a la presencia del sabio le relató todo lo que había visto. -¿Pero dónde están las dos gotas de aceite que te confié? –preguntó el sabio. El joven miró la cuchara y se dió cuenta que las había derramado. -Pues es el único consejo que tengo para darte –le dijo el sabio de los sabios: “El secreto de la felicidad está en mirar todas las maravillas del mundo pero nunca olvidarse de las dos gotas de aceite en la cuchara”.
Paulo Coello , “El alquimista”
Aplicando el principio de polaridad - el Kybalion
Usando la oración de San Francisco de Asís:
Señor, haz de mi un instrumento de tu paz.
Donde haya odio, que yo lleve Amor.
Donde haya ofensa, que yo lleve Perdón.
Donde haya discordia, que yo lleve la unión.
Donde haya duda, que yo lleve la Fe.
Donde haya error, que yo lleve la Verdad.
Donde haya desesperación, que yo lleve la Esperanza.
Donde haya tristeza, que yo lleve la Alegría.
Donde haya tinieblas, que yo lleve la Luz
hayao miyazaki’s kiki’s delivery service
hacia la mejor de las aventuras: la vida
Reliefs from the Tomb of Amunherkhopshef (QV55) *
Un guerrero reconoce su dolor pero no se entrega a él.
Por eso el sentimiento de un guerrero que entra en lo desconocido no es de tristeza; al contrario, está alegre porque se siente humilde ante su gran fortuna, confiado en la impecabilidad de su espíritu, y sobre todo, completamente al tanto de su eficiencia.
La alegría del guerrero le viene de haber aceptado su destino, y de haber calculado de verdad lo que le espera.
CASTANEDA
“Somos hijos del Altísimo, y por ello nuestra voluntad debe ser respetada y cumplida a la larga aunque se exprese bajo la ilusión en forma de deseo. Podemos desear cosas ilusorias y sufrir en consecuencia, pero eso no importa. Es parte de nuestra educación y gradualmente nos hará desear las cosas justas, y al final no las cosas mismas sino a Dios. Él solo es la Fuente real y única de toda verdadera felicidad que equivocadamente buscamos en las cosas”. (I. K. Taimni)
@astisis
El águila y las gallinas “Un hombre se encontró un huevo de águila. Se lo llevó y lo colocó en el nido de una gallina de corral. El aguilucho fue incubado y creció con la nidada de pollos. Durante toda su vida, el águila hizo lo mismo que hacían los pollos, pensando que era un pollo. Escar- baba la tierra en busca de gusanos e insectos, piando y cacareando. Incluso sacudía las alas y volaba unos metros por el aire, al igual que los pollos. Después de todo, ¿no es así como vuelan los pollos? Pasaron los años y el águila se hizo vieja. Un día divisó muy por encima de ella, en el límpido cielo, una magnífica ave que flotaba elegante y majestuosamente por entre las corrientes de aire, moviendo apenas sus poderosas alas doradas. La vieja águila miraba asombrada hacia arriba. -¿Qué es eso?, preguntó a una gallina que estaba junto a ella. -Es el águila, el rey de las aves, respondió la gallina. Pero no pienses en ello. Tú y yo somos diferentes a ella. De manera que el águila no volvió a pensar en ello. Y murió creyendo que era una gallina de corral”.
Anthony de Mello
La enseñanza de lo cotidiano
Cuentan que, en cierta ocasión, un joven simple pidió entrar como novicio en un templo zen. El abad accedió, pero viendo su escasa capacidad para realizar incluso las tareas menos complejas, decidió encargarle que barriera bien el patio todos los días. Así pasaron las semanas, los meses y los años, y el joven simple se afanó en barrer minuciosamente el patio durante todos los días de su vida. Lloviera, nevara, hiciera calor o viento, estuviera enfermo o cansado, el joven simple no dejó jamás de barrer cuidadosamente el patio con su vieja escoba. Nunca antes se había visto el patio más limpio. Una mañana, el abad percibió en «el monje de la escoba» como si algo apenas perceptible emanara de él, algo que provocaba respeto y reconocimiento, algo en lo que antes no había reparado, acostumbrado como estaba a verlo un día tras otro casi formando ya parte del paisaje del patio. Llegó ante él, lo invitó a dejar la escoba un momento, y le propuso algunas preguntas de hondo contenido espiritual. Minutos después, el abad unió las manos sobre su pecho y se inclinó ante el monje simple con una profunda reverencia: había descubierto a un iluminado. -¿Cómo has alcanzado este estado? -le preguntó el abad-. Tú no has recibido enseñanza de los maestros del templo y ni siquiera has leído las escrituras, tampoco has meditado durante horas junto a los demás monjes, únicamente te has dedicado a barrer el patio todos los días, mañana y tarde.
-Dices bien querido abad -contestó el monje-, pero mi mejor maestro ha sido la escoba, que me mostró el valor del silencio, de la humildad y del servicio; mis escrituras han sido el polvo seco del verano, las hojas del otoño, las lluvias de primavera y la nieve del invierno; y mi meditación ha estado siempre presente en la intención de barrer lo mejor que he sabido y he podido. Oídas aquellas palabras, el abad se retiró en silencio y el monje continuó barriendo con su escoba.
Cuento de Ramiro Calle
Nada nos pertenece... ni siquiera la vida.
«Tengo hijos, tengo riquezas»… sufre el loco pensando así. Ni siquiera el ser propio es de uno mismo: ¿cómo habrían de serlo los hijos, las riquezas?
Buda