Exceptuando el pequeño encontronazo que había tenido en la mañana al ver a la princesa metida en la cama con Jiwon y el hecho de que después casi ni la vio en toda la tarde, Taehyun había tenido un día bastante normal hasta que llegó la hora de la cena y Taemin los reunió a todos en el comedor para- hacer un anuncio que, básicamente, los dejó a todos boquiabiertos. Primero que nada, tenían un nuevo integrante en el harem. Perfecto, genial, como si necesitara más inútiles a los que querer pisotear. Segundo, por sí eso ya no era suficiente, el tipito tenía más rango que ellos. ¡Lo que le faltaba! “Bienvenido, Yook Sungjae.” Saludó haciendo una reverencia, tragándose su odio porque Andrómeda los estaba mirando y obviamente no podía dar una mala imagen frente a ella si quería mantenerse de su lado bueno. Maldita sea, ahora que estaba tan cerca de poder lograr lo que quería venía este inútil sacado de quién sabía dónde a arruinar todo. ¡Pero él no iba a permitírselo, de ninguna manera! “¿Qué hacías en tu tiempo libre, Sungjae? Cuéntanos un poco de ti. Si no es molestia, claro.” Dijo mirando a la princesa por aprobación, la cual ella dio antes de que el taradito empezara a hablar. ¿O debía decir presumir? Todo lo que Taehyun escuchó fue ‘yo fui a Yale, bla bla bla, tengo un degree en bla bla bla, me gusta jugar al ajedrez y juegos de estrategia, hablo nueve idiomas, bla bla bla, mi familia es billonaria...’ todas cosas de esa índole, llevándolo a la conclusión de que si este mamarracho tenía un degree, seguro era de pelotudo insoportable universal.
Por suerte la hora de retirarse de la mesa llegó más rápido de lo que esperaba y tras enviarse un par de mensajes con Yugyeom para ponerse al tanto de lo molestos que estaban, y luego con el verdadero rey snake a.k.a. Taehyung, Taehyun fue a cambiarse de ropa a algo más cómodo porque todavía tenía una especie de cita con Andrómeda de la que hacerse cargo y bueno... digamos que ahora sí ya no podía pasar ni un solo segundo más con el mismo rango insignificante que los demás. Era hora de jugar todas sus cartas y hacerse valer como el hombre ambicioso que era, el que se merecía todo lo que tenía para ganar si llegaba a tener éxito. Ahora era cuando empezaba la verdadera guerra, y Taehyun sabía que era a todo o nada. Qué suerte que él no solía perder.














