Por instantes el rubio olvidaba aquel inmenso detalle que aun lo ataba a su familia, a sus hermanos, o más bien, a ella. Claro, no es como que si entre veces no encontrase actitudes por parte de su hija que le recordasen a su madre, o cada una de esas veces en las que lo sorprendía con un argumento tan estructurado y lógico para ganar el caso, justo como lo hacía Natasha en las infinitas discusiones que compartían en el pasado. La sonrisa, esa definitivamente no la había heredado de James y poco a poco fue de esa manera como el recuerdo de Natasha jamás murió para el mayor. Aunque claro, ¿Cómo olvidarse de la hermana a la que embarazaste y luego le rompiste el corazón? Ni un millón de historias más podrían encubrir los acontecimientos que terminaron por levantar el mismo infierno en su familia, su compromiso y su vida en general. No obstante, el contacto con la morena no había sido algo que se hubiese mantenido firme, pues comúnmente los recados o simples avisos se transportaban por medio de su hija. Ahora, el estar de pie frente a una persona cuyo rostro comenzaba a borrarse por los escombros del olvido en su cabeza se presentaba intacto frente a su puerta, como si apenas ayer hubiese sido la última vez que contaba con su presencia. Su cabeza tardaba más de lo necesario en conectar con la boca y formular palabras o interrogantes coherentes, agradeciendo entonces cuando la fémina excusó su visita por su propia cuenta. Sus cejas se alzaron aunque el motivo no fuese sorpresa, reaccionando finalmente con una de esas características y breves carcajadas cargadas en cierta ironía. “Claro, claro. ¿Qué esperaba? ¿Que me vinieras a ver a mí?” Inquirió, mas se decidió por dejar la cuestión en el aire, abriéndole paso a su hermana dentro de los lujos que conformaban su casa. “Adelante.” Murmuró, sin querer aún soltar la real ubicación de su hija, pues de ser así, estaría perdiendo la oportunidad de resolver esas dudas que por tanto tiempo lo habían carcomido por dentro. “¿Quieres algo de beber? ¿Bocadillos? Pide lo que quieras, no voy a echarte a patadas si es lo que esperas de mí. Después de todo, no me sorprendería que aun me vieras de esa manera.” Palabras que podrían resultar hipócritas, aunque en parte lo eran, pero por otro lado, trataba del reflejo de la nueva persona en la que se había convertido.
“Obviamente no, eso suena bastante ridículo.” Replicó la morena, pues tan solo habían bastado un par de comentarios para que Natasha volviera meterse en su piel y ser ella misma. Altanería se filtró en sus movimientos cuando colocó ambas manos sobre la cadera y esbozó una de sus sonrisas; esas que estaban cargadas de picardía y sólo ocupaban la mitad de sus labios. No esperó más, ingresó a la lujosa residencia sin dudar ni un segundo y pronto se topó con ciertos detalles que la transportaron a un tiempo lejano, donde una mansión sumergida en la oscuridad, donde las sombras bailaban en los rincones, le daba la bienvenida. Por supuesto que aquella casa no tenía la lúgubre sofisticación de la mansión Black, pero si tenía un extracto de ello, cortesía de James, claramente. Pero la marca de Cassie estaba por todos lados: en las decoraciones, retratos y colores. Y ahí, a mitad de la gran sala de estar, se sintió como la gran intrusa que era. Ni siquiera debería estar ahí, más no dejó que su cuerpo reflejara sus pensamientos y pronto se dejó caer, con gráciles movimientos, sobre la piel azabache de un sofá. Su mirada castaña recayó en su acompañante con extrañeza que luego dio paso a la burla. ¿Pensar que iba a echarla? Pudo pensar muchas cosas en el último minuto, pero nunca que él la echaría de ahí. Estaban en buenos términos la última vez que se vieron y, según creía, no había pasado nada que cambiara eso. Así que se limitó a reír. “¿Acaso eres idiota?” Interrogó, burlándose abiertamente en su cara. “O es eso o de verdad piensas que no he madurado para nada. Han pasado años, hermanito, guardar rencor es cosa de mortales…” Un ademán desdeñoso siguió a la enfática palabra, casi cariñosa, con que se refirió a su hermano. Palabras soltadas con toda la intención, por supuesto. “Y habiendo aclarado eso, no diré que no a ese trago que me prometiste. Por los viejos tiempos.”












