Pa’ mi abuela.
Cada vez que pienso en vos abuela, me imagino lo que estarás haciendo allá arriba en el cielo. Me imagino que ves con emoción y alegría, como cada uno de tus hijos, nietos, y bisnietos, lucha por materializar sus sueños. Así como lo hiciste vos abuelita, ¿te acordas? Porque yo sí me acuerdo. Recuerdo como luchaste por la vida de tus hijos, y como cada uno fue dejando sus malos hábitos poco a poco, gracias a las bofetadas que le pegaste a la vida. Me imagino que te has de sentir impotente, cuando la vida se nos pone cuesta arriba a los que seguimos aquí abajo, y perdemos las esperanzas poco a poco. Así como te pasó a vos muchas veces, ¿te acordas? Porque es que yo sí me acuerdo. Recuerdo lo mal que la pasaste cuando el abuelo nos dejó. Como te tocó dormir en esa gran cama sola, y afrontar la vida sin tu fiel acompañante, por 7 largos años. Pero abuela, ni así dejaste de ser un ejemplo para muchas mujeres. Ejemplo de fuerza, de determinación y de lo que significa no rendirse. Me imagino como te has de entristecer, o incluso molestar, al ver cómo a veces, solo a veces, tomamos las decisiones equivocadas acá abajo. Como a veces decidimos tomar el camino ancho, el que aparentemente es el “más fácil”. Pero abuela, a vos también te pasó, ¿te acordas? Pero lo bonito de tu historia abuela, es que me demostraste que se puede dar vuelta, que se puede enmendar lo que hacemos mal. Y para este chavalo que aún sigue tratando de descifrar la vida, saber que los errores no son los que nos matan, sino el temor a cometerlos, es lo que me mantiene caminando sin miedo. Seguimos aprendiendo a caminar sin vos abuela, y no es fácil, pero seguimos.















