The Bowery Presents
official daine visual archive
cherry valley forever
Today's Document

pixel skylines

titsay

tannertan36
occasionally subtle

ellievsbear
🪼
Fieri Frames
Color Me Curious
taylor price
Aqua Utopia|海の底で記憶を紡ぐ

blake kathryn
Cosmic Funnies

izzy's playlists!

Game Changer & Make Some Noise
The Stonewall Inn
Claire Keane
seen from Malaysia
seen from Germany
seen from United States
seen from Ireland
seen from Canada

seen from United States
seen from Switzerland
seen from Russia
seen from United States

seen from Switzerland

seen from United States
seen from Colombia
seen from India
seen from United States
seen from Norway
seen from United States
seen from Russia

seen from Singapore
seen from United States

seen from United States
@neurastenias
Peldaños.
02 de octubre del 2021.
Últimamente vienen mucho a mí aquellos días lejanos cuando solía vivir con mi padre, recién entraba a la adolescencia y lo único que me definía con claridad era una inclinación innata por el caos, descubrirlo y exponenciarlo, mi madre nunca supo cómo lidiar con tan marcada rebeldía y terminé yéndome de la casa a los diecisiete, fue una temporada confusa, no necesariamente mala sino más bien borrosa, años que actualmente me cuesta acomodar en orden cronológico, anduve de aquí para allá y alguno de estos (o probablemente más) me acogió mi padre; siempre fue excesivamente paciente y yo en cambio tenía un desenfado tan precoz que ni siquiera me tomaba la molestia de dimensionarlo, después supe que en repetidas ocasiones puse en balanza la tan trabajada e integridad de mi padre, me aprovechaba sin remordimientos de la excesiva libertad que él me ofrecía intentando que me hartara de ella, cosa que jamás sucedió, había algo en la madrugada que me llamaba y que se sentía tan genuino que hasta la fecha no he dejado de perseguirla.
Historias de aquellos días hay muchas, como muchas más que ya se han olvidado, pero lo que siempre se sostiene de que ellos días es una visión muy particular, esa en donde me asomaba por la esquina ya bien entrada la noche y veía la casa de mi padre allá a lo lejos iluminada por un farol de luz opaca, una luz terriblemente melancólica brillando con dificultad enfrente de ésta, lo que restaba de la calle permanecía en las sombras (o así me gusta recordarlo) y aquellas paredes verdes con el pedazo de asfalto que las sostenía flotaban en medio de la oscuridad, como sacadas de algún sueño que nunca terminó de formarse; recuerdo que siempre había algo incómodo que se me atoraba en el pecho en esa parte del trayecto, incomodidad seguramente exponenciada por los excesos, esos pasos los daba con la vista baja acompañado por una despersonalización que se iba acrecentando, mientras lo único que veía era mi sombra alargándose por la calle, como queriendo intentar huir de luz.
Llegar era un ritual que exigía completo silencio, desde abrir la puerta hasta caminar por el pasillo hacia el cuarto, no era necesario pero adentro el trance debía perpetuarse, no había quién me esperase ni mucho menos quien me reclamara mi ausencia, sólo esa oscuridad turbia, estancada por horas con sus siluetas petrificadas. Lo que restaba era entrar a la habitación, quitarse la ropa sin hacer ruidos bruscos, acostarse boca arriba y acostumbrarse de a poco a luz pálida del farol que entraba por la ventana y que iluminaba gran parte de la cama, mientras llegaba el sueño esa nueva realidad terminaba de asentarse, se sentía como en aquellas películas en las que usan un constante filtro azul para emular un día nublado que nunca se acaba, el frío de una mañana que deliberadamente se extiende para envolver a los personajes o el escozor nostálgico de una tarde que nunca terminará de convertirse en noche.
No recuerdo despertar, ni las mañanas siguientes, sólo las noches de absoluto silencio, cobijado por esa luz, sintiendo algo que no sabía explicar pero qué extrañamente respetaba, y eventualmente dormir sintiéndome extranjero de lo que me rodeaba, soñar dentro de un sueño.
Con los años he tenido pesadillas recurrentes estando en esa casa, en ese preciso momento de la madrugada, en el último que tuve escuchaba el llanto de una niña que nunca pude encontrar a pesar de todos mis esfuerzos, la casa a oscuras, la luz azul, la habitación de mi padre siempre cerrada y la interminable búsqueda, nublado por esa desesperación que está apunto de convertirse en absoluto pánico, ya presintiendo que aquello tendría que durar para siempre, que ese lugar nunca se fue, que seguía esperándome intacto después de todo y yo por fin había cruzado el umbral para regresar. El sueño terminaba conmigo saliendo de la casa y dándome cuenta que dónde terminaba la luz empezaba la nada, el llanto aún se escuchaba a lo lejos y yo me sentaba en la banqueta mirando fijamente la luz pálida del farol, esperando y esperando a que ésta finalmente se apagara.
Gold Coast, Australia after Tropical Cyclone Marcia
suzaku 萌の朱雀 (1997), kawase naomi
Bosques lejanos.
By Lukas Furlan
Bajo tierra en doble exposición: corte enmarcado.
via flickr
Fujiyama
Kozo Miyoshi
https://8x10.jp/series/fujiyama.html
Fifth Avenue at Twilight Birge Harrison ca. 1910
“We carry the ocean within us; our veins mirror the tides.” Diane Ackerman / A Natural History of the Senses
Details of “Flora” (1892) by Max Nonnenbruch
Archive.
Peldaños.
19 de septiembre del 2021.
Los domingos, ya no recuerdo la última vez que no se sentían como un trabajo progresivo de auto convencimiento, de encontrar fuerzas, de repetirse el mismo discurso hasta que adquiera sentido, un poco, lo que sea; ha sido un año difícil, y aún no he podido empezar a aprender de él, la voluntad se siente hueca, ficticia, y terriblemente intermitente, la oscuridad se sostiene detrás, como siempre, pero ahora cuando se pronuncia en días cómo éste tiende a galoparse en el corazón, la vida se opaca de tal manera que la única opción que resta es abandonarse en la inmovilidad, intentar dormir, fumar un cigarrillo mientras se mira el rincón acostumbrado, escribir aunque aún me cueste sincerarme o encontrar las palabras para plasmar esto que siento o qué ya dejé sentir desde hace mucho, lo importante es el paralelismo que ofrece, aunque nadie me lea, aunque escriba sobre lo mismo una y otra vez, descansar un poco señalando el cansancio, el pretexto para reposar de la rutina suicida abriéndose paso desde lo más profundo de ella, resistir, crear compañía en estos párrafos, tranquilizarse con el contraste, inclusive hasta tener fe de que esta mala racha ya está llegando a su fin. Ha sido un año difícil, de resignificar el dolor que no ha dado tregua, de flaqueza pero también de sorpresiva congruencia y de soltarse sin temor a la duración de la caída, un domingo más y uno menos, aún no me siento preparado para imaginar días mejores pero he aprendido a creer en el cambio y por momentos eso es suficiente consuelo.
Nocturno en la gran ciudad.