Dijiste que vendrías a las 10:00 hrs. Eran las 7:15 hrs cuando miré el reloj; menos de tres horas para verte. Mi corazón no dejaba de acelerarse porque hace casi un año que no te veía. Esperaba con ansias el poder abrazarte, que tu me cargaras y me estrecharas entre tus brazos, tus fuertes y reconfortantes brazos.
Las ansias y el deseo eran amigos en fiesta, disfrutaban de la estadía y explotaban en armonía por todo mi cuerpo. Yo añoraba verte otra vez. Sentir tu fuerte agarre en mi suave mano, delinear tu rostro con mis dedos, besar tus suaves labios y verme reflejada en el brillo de tus ojos, ¡Sí, lo anhelaba con todo mi corazón! Como si no existiera un mañana. Como si fuera una gota refrescante de agua para esta alma sedienta de amor.
Todo estaba en perfecto orden. Sé que el universo conspiraba para que nuestro encuentro fuera el más grande evento de todos los tiempos. Todo había quedado organizado hace días, tu tenías la dirección del pequeño domicilio y yo estaba toda arreglada mientras te esperaba. ¿Qué podía salir mal? Solamente que te retractaras de tu palabra, y decidieras eliminara toda tu participación. Pero lo que más dolía era imaginarme que esas palabras de la noche anterior, fuesen simplemente un estúpido guión ensayado con demasiada antelación y la puesta en escena haya sido exitosa, pero sin la más mínima intención de hacerlo realidad a mi lado, pues todo era una vil obra de teatro.
Hice mil y un maniobras para que de las 10:00 a las 12:00 fuera nuestro tiempo, nuestro espacio privado, nuestro momento sin interrupciones por ladrones del tiempo. ¡Todo estaba tan perfecto! Había elegido los más finos manteles, el ambiental de vainilla, los arreglos florales que brindaban el perfume natural más exquisito y se entremezclaban con las notas frutales del ambientador. La mesa ya estaba preparada. ¡Todo estaba listo! ¿Pero?, solo faltabas tú.
Dieron las 10:15 hrs y estaba preocupada. Sentía que algo había sucedido durante el trayecto, pero me traté de tranquilizarme creyendo que las malas noticias son las primeras en comunicarse; así que guardé la calma y proseguí a continuar esperando.
Eran las 11:11 hrs y mi único deseo era que estuvieras bien. Pensé que el camino era bastante largo y viajar solo es cansado. Nunca me imaginé lo peor, pues mi corazón solo deseaba ver el café de tus oscuros ojos.
El reloj dio las 12:00 del medio día y sólo pensé: ¡Que gran estúpida y reverenda manera de desperdiciar mi tiempo! Revisé el teléfono y no encontré nada, ni un rastro de ti. No vi ni un mensaje o una llamada explicando tu retraso, o al menos una disculpa por faltar a nuestra cita.
Cancelé todos mis planes anteriores sólo para verte, aunque fuera por un corto lapso de tiempo. Planifiqué unas horas llenas de dulzura y ternura, porque mi corazón soñaba con volver a verte. Anhelaba sentirte cerca de nuevo, aunque fuera por unos miserables instantes, pero no fue así. Y no debería de sorprenderme, porque en el fondo presentía, que tu no llegarías. Sin embargo, quise mantener viva la llama de esperanza, pero tu la apagaste como balde de agua fría al dejarme plantada.
Y aun así, sigo pareciendo una ilusa creyendo en cada una de tus falacias exquisitas que endulzan mi oído, y alteran cada una de las partículas que conforman a este pobre ser. ¿Debería dejarte ir? Me hago esa pregunta constantemente. Si lo hiciera, tal vez así lograría rescatarme antes de perderme por completo en este amor que no construye sino que destruye, y hace trizas cada parte de mí.