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Thank you, Lightbringer. The Ruler of Hell is honorable, indeed. I will not forget this. Honorable? You joke, surely. THE SANDMAN (2022- ) | 1x04: A Hope in Hell
Merecida siesta
¿Ventana o pasillo?
–Será mejor que pases la noche aquí, Ilya. Hay una niebla muy densa afuera empezando a cubrir todo. Conducir así sería muy peligroso…
Desde el acogedor interior de la casa rodante, Ottar, con taza en mano, contemplaba el exterior a través de una de las ventanas. Entre los árboles, la fantasmagórica luz del crepúsculo trazaba sus últimas pinceladas antes de ser absorbida completamente por un espeso manto blanco-grisáceo. El hombre entonces deslizó el vidrio y puso el seguro, para que no se perdiera la calidez de aquel hogar.
Ilya, quien estaba a su lado, asintió mientras terminaba de quitar pequeñas astillas y hojas secas de su abrigo. Habían estado paseando por el bosque en donde se encontraban, lugar que estaba volviéndose panorama frecuente para compartir tardes libres. Varias hojitas habían quedado enganchadas cuando había dejado la prenda en el suelo a modo de manta para descansar y apreciar la belleza y armonía de los árboles y montañas más lejanos.
Ottar prendió la luz cuando la oscuridad de la noche arribó. La música de la radio a pilas en una de las repisas llenaba los silencios ocasionales, más no incómodos, que tenían ambos hombres mientras compartían un par de tazas de té y bocadillos.
De pronto, Ottar se dió cuenta de algo.
–No puedes dormir con eso puesto, después amanecerás con la hebilla del cinturón marcada en la piel. Déjame pasarte algo más cómodo.–Y tras eso, se levantó de su asiento e hizo un gesto con su mano para que Ilya le siguiera hacia la cama. Abajo del colchón, habían dos corridas de cajones, frente a los cuales Ottar se inclinó para buscar algo. El espacio se aprovechaba muy bien, pensó Ilya, y luego de eso, la realidad cayó de golpe.
Ilya sintió un golpe de calor en el rostro, que intentó mantener bajo control respirando tranquilamente, al tiempo que tomaba asiento en la cama. Lamentablemente para él, el bonito carmín en sus mejillas ya había sido captado por el reojo del noruego, a pesar de estar inclinado hurgando.
–Tengo esta polera y este short. Short porque aquí se conserva bastante el calor. Pero si lo prefieres, también tengo un pantalón.–Decía mientras exponía las prendas a su pareja, prefiriendo no hacer comentario del rubor. El ruso se tomó un segundo para ordenar sus pensamientos intrusivos y retiró de la manos extendidas de Ottar el conjunto que prefería.
–...Prefiero el pantalón, gracias.
Ottar entonces se levantó ágilmente, con una sonrisa en su rostro, y giró sobre sus talones. Conocía los espacios y distancias de su casa rodante como la palma de su mano, por lo que no era de extrañar que al momento de empezar a desvestirse, no chocara con los muebles o esquinas a su alrededor.
Empezar a desvestirse…
Ilya sintió que su pulso se disparaba. Su corazón latía con fuerza mientras sus ojos se mantenían clavados en el más alto, siguiendo la fluidez de sus movimientos. Ottar retiró su chaqueta primero, y prosiguió a liberar su cuerpo de la polera que lo cubría. El peliazul apreció la manera en que los músculos de su amplia espalda trabajaban y luego se relajaban, y su cabello caía y se acomodaba con gracia sobre sus hombros. Cuando Ottar llevó sus manos hacia su cinturón, Ilya no pudo evitar tensarse. El colchón bajo él sonó ligeramente, lo que ayudó a que el otro volviera su atención hacia él.
Ottar captó la tensión en su compañero y detuvo sus movimientos. Una pequeña alarma saltó dentro de él, al recordar que para el ruso, todo aquello era nuevo. Quería respetar sus límites y su comodidad siempre, por lo que se reacomodó el cinturón y le miró con leve preocupación.
–¿Te hago sentir incómodo? Disculpa, es que, es la costumbre. Puedo terminar en el baño para que te sientas tranquilo y también te cambies.–Dijo mientras señalaba la puerta tras él.
–No, aquí está bien. Puedes terminar… solo… ¿Puedes mirar hacia otro lado?–Contestó Ilya sujetando más firme las prendas en sus manos. Ottar entendió que se refería a cuando él procediera a cambiarse de ropa y asintió.
–Perdón, sé que no es importante, pero me siento más cómodo así.–Aclaró el ruso todavía perturbado por el momento.
–Descuida, así será.–Respondió Ottar sin complicaciones. Éste se volteó nuevamente y continuó con su cambio. Rápidamente se puso su conjunto para descansar, y para no voltearse, acomodó los objetos de la repisa a su alcance, aprovechando de apagar la radio. Ilya tras él se desvistió rápidamente y se abrigó con la ropa prestada, dejando la propia doblada al final de la cama y sus lentes encima, suponiendo que no se dañarían. Cuando se sintió más preparado, aclaró su garganta.
–Ya estoy listo Ottar.
El más alto giró y observó a su pareja con el improvisado pijama. No pudo contener una fugaz risa cuando la tela se deslizó unos centímetros por el pálido hombro del más bajo. Si bien Ilya no era precisamente delgado, su contextura no terminaba de llenar la parte superior del atuendo. A decir verdad, pensó Ottar, no le lucía mal el estilo oversize.
El noruego se acercó al ruso y señaló la cama.
–¿Ventana o pasillo?
Ilya miró la cama y entendió que se refería a la ubicación para descansar. Observó la ventana, sin cortinas, y pensó que le permitiría observar el exterior, de paso le ayudaría a distraerse. La lámina polarizada con la que contaba le garantizaba que nadie podría verle desde afuera -aunque era casi imposible que alguien se intentara asomar dado el lugar en el que se encontraban-. A pesar de la neblina, todavía podría ver las copas de los árboles estando recostado. No le dió muchas vueltas y entregó su respuesta.
–...Ventana.–Fue la escueta respuesta del peliazul.
Ottar hizo un gesto con su mano invitándole a acomodarse, e Ilya lo hizo. Tan pronto como se recostó, se volteó quedando completamente en dirección a la ventana. Y tan pronto como terminó de instalarse, su cuerpo se tensó al sentir el notorio peso de Ottar invadiendo el colchón tras apagar la luz. Casi por instinto se aproximó más al límite de la cama, para dejarle más espacio al noruego. Ottar terminó de acomodarse, cubrió a ambos y se quedó quieto. Había distancia suficiente entre ambos cuerpos, pero para Ilya era como si lo tuviese a milímetros.
Y por fin había llegado el momento, ya no se podía retrasar más. Ahí estaban ambos, lado a lado en la misma cama.
–Si te dejo demasiado apretado contra la pared me dices. No tengo problema con dormir en la silla para que estés más cómodo.- rompió el silencio el más corpulento, hablando bajo.
–Estoy bien así, Ottar. No te preocupes.–Dijo Ilya intentando sonar tranquilo. Aunque juraría que los latidos de su corazón se escuchaban en toda la casa rodante.
Transcurrieron unos minutos de silencio, Ilya intentando dejarse llevar por la quietud de la noche, intentando que el sueño lo abrazara, esperando que algo sucediera afuera. Sin embargo, estaba más despierto que nunca; sus sentidos con un nivel de percepción demasiado elevado captaban la respiración regular de Ottar, y la temperatura que gradualmente iba aumentando bajo las sábanas gracias al calor de ambos cuerpos. Se enfocó en la ventana, pero la neblina afuera se negaba a cooperar siquiera con una pequeña apertura para poder ver las estrellas.
Se sentía más vulnerable que nunca. Había sido una pésima idea pedir la ventana, y peor aún, darle la espalda a Ottar. No podía verle, no podía saber en qué estaba, ni predecir algún movimiento de su parte. Era intimidante sentirse a merced de otra persona.
–¿Ottar?.–Su voz emergió débil en el silencio, el tono una mezcla de pregunta y súplica.
–¿Si?.–Contestó su pareja tras él, e Ilya captó que también estaba de lado… de lado mirando hacia él.
–¿Puedo moverme un poco? No necesitas levantarte, solo quiero darme la vuelta.
Escuchó la risa encantadora de Ottar. Esa que era muy varonil, y que no podía negar que le gustaba mucho, porque era contagiosa. Pero justo en ese momento no podía disfrutarla.
–Está bien.–Dijo el otro.
Ilya apoyó los brazos sobre la cama y se movió con extremo cuidado y lentitud. Tanta que incluso él cayó en cuenta que era demasiada. Tras terminar, se encontró de frente con Ottar, y notó que sus ojos estaban esperando recibir la mirada del ruso, con la sonrisa todavía grabada en su expresión.
–Hola.–Le dió la bienvenida al peliazul, saludo que fue correspondido por éste.
Por alguna razón, al ver sus ojos, Ilya comenzó a tranquilizarse. Su corazón agitado lentamente volvió a una marcha más regular, y la mano que inconscientemente había apretado en su pecho se abrió. Quizás fue porque Ottar lucía muy relajado, y porque en su rostro tenía una expresión bastante boba. Era diferente a lo que esperaba, y lo agradeció en sus adentros.
Si Ottar se veía excitado, definitivamente no sabría qué hacer.
La agitación de Ilya poco a poco fue disminuyendo, lo suficiente como para que voluntariamente, se acercara unos centímetros más a Ottar. Ottar se aproximó también, sus manos estaban a una altura visible para Ilya. Se aproximó hasta que sus frentes hicieron tierno contacto. Estando más cerca de su rostro, y todavía con la sonrisa grabada en él, el grandote volvió a hablar.
–¿Puedo besarte?
Fue el turno de Ilya de liberar una risita. Cuando conoció a Ottar, a primera impresión no habría pensado que ese hombre tan fornido que realizaba trabajos pesados, fuera en verdad tan dulce, atento y preocupado.
–Sí, sí puedes.
El primer beso fue superficial, y le siguieron otros varios, muy calmos. Fueron acompañados con dulces caricias en las mejillas y para despejar el rostro de algunas hebras rebeldes, sobre todo en el caso de Ottar. Éste aprovechó la distancia después de recuperar el aire para profesar sus sentimientos una vez más.
–Me gustas mucho, Ilya.
–Eres muy dulce, ¿sabes? No lo habría pensado la primera vez que te ví.- confesó el ruso, perdido en el recuerdo del día en que se conocieron.
Eso dió paso a más recuerdos de aquel día, y de la primera semana tras eso. Una semana llena de malos entendidos, por culpa de los colegas de Ilya, que disfrutaban de perturbar su serenidad después de percatarse de la evidente química entre ambos.
El silencio volvió a hacerse presente en la noche, y con ello, resurgió la preocupación en Ilya. ¿No estaría decepcionando a su pareja? No era extraño que esas cosas pasaran cuando uno se quedaba a dormir en casa del otro.
No era extraño tener sexo. Con los nervios, que Ottar claramente había leído en él, quizás…
–¿Ottar?
–Dime.
–Y... cuando me pediste que me quedara a dormir aquí contigo, ¿no pensaste en que podía pasar algo más?
Ottar parpadeó confundido con la pregunta.
–¿Algo más?
–¿De verdad... no te molesta si no hacemos algo más que solo besarnos?.–La genuina urgencia por saber empapaba la pregunta del peliazul. Conociendo a Ottar, con lo respetuoso que siempre ha sido, tal vez no se animaría a expresarle ese tipo de emociones sin que le preguntaran.
Ottar se acomodó mejor en la cama, apoyando su cabeza en el dorso de su mano. Su cabello cayó hacia el lado con gracia. Observó a Ilya, absorbiendo cada detalle de sus facciones, y entonces soltó otra risa corta.
–Para partir no esperaba que te quedaras hasta tan tarde, así que eso ya es algo novedoso. Me siento muy bien contigo aquí, y desde luego no podía dejar que te marcharas en las condiciones que hay afuera. No podría dejar que algo te pase por un descuido...
Con su mano libre, se permitió repasar despacio la línea de su mentón. La encontraba delicada pero al mismo tiempo muy varonil.
–...Y eso es lo que me gustaría aplicar a nuestra relación, ¿Sabes? Ir con calma, con cautela, con paciencia... A veces las cosas solo se dan, y está bien. Y a veces hay momentos como este, y son lo mejor…–Al notar en la expresión de Ilya que aún persistía la duda, continuó, impregnando más seguridad a su voz.
–No sé tú pero para mí todo esto ya es un "algo más". ¿A cuántos les has dejado que te miren así? Que compartan contigo así… que puedan besarte así. Lo otro pasará cuando sea el momento. No es una obligación ahora.
Si bien sabía que aquella no era la primera relación de Ilya, estaba seguro de que varias experiencias sí eran completamente nuevas para él. El primer beso de ambos tomó tiempo, y varios intentos fallidos. Pero para Ottar, lo más importante era que su compañero se sintiera cómodo. Sabía que los sentimientos eran mutuos.
–Ottar…–Conmovido, Ilya se aproximó más hacia él, y fue acogido entre sus brazos. Por fin se sentía completamente aliviado, lo suficiente como para sentir por fin el cansancio. Cerró sus párpados y respiró profundamente.
–¿Más tranquilo?.–Preguntó Ottar, acariciando despacio su cabello, y cerrando sus párpados también, listo para intentar dormir por primera vez con su pareja. Ilya acomodó su mano, topando el pecho de Ottar. Podía sentir sus rítmicos latidos, lo que le hacía sentir aún más seguro.
–Sí... Buenas noches, Ottar.
Ángel de la guarda
Cuando tienes que levantarte y comenzar el día, pero estás atrapado en un abrazo de oso.
Ottar e Ilya
Cuestionario:
Ottar e Ilya 🐻🐺
En esta otra publicación, los pueden conocer más <3
Recordatorio
Había iniciado el día con una leve sensación de molestia, pero nada que fuese un real obstáculo para desarrollarse en sus funciones habituales.
Participó en las actividades rutinarias y también en los momentos de distensión junto a sus compañeros, pues sabía que era importante sumarse de vez en cuando y no ser sólo una figura de autoridad que los sermoneara o limitara constantemente. Reír era un buen aliado contra la rutina y los pensamientos intrusivos que a diario le invadían, seguramente igual que a sus camaradas.
Todo marchó bien durante unas horas, pero a pesar de que su ánimo era estable, la sensación de leve molestia había progresado, volviéndose una punzada persistente y cada vez más dolorosa en su pómulo, mismo que estaba tatuado con una notoria cicatriz que se extendía y perdía tras su oreja y cabello. Una marca que no tenía mucho tiempo de antigüedad.
Las experiencias tempranas con el dolor físico le habían llevado a acostumbrarse y tolerar distintos niveles, a soportarlos en silencio sin expresarlos ni preocupar a sus pares. Todo su cuerpo estaba lleno de recordatorios de episodios de su vida con los que en cierta medida ya había hecho las pases, y de los cuales, también había aprendido a aislarse cuando ya no podía disimular.
Eso fue lo que prefirió, cuando el dolor volvió a aumentar y reclamó toda su atención. Se excusó con el grupo diciendo que debía revisar documentos en su oficina, que tardaría y que se comportaran en su ausencia, y procedió a retirarse.
Subir las escaleras fue un castigo extra, pero a pesar de las dificultades de coordinación y equilibrio, finalmente logró llegar a su destino, cerrar la puerta y disfrutar de manera intermitente del silencio, cuando su tortuoso recordatorio se lo permitía.
Respiró profundamente, y como si su palma tuviese la cura a su sufrimiento, la llevó y depositó contra su piel afiebrada. Desde luego nada disminuyó, pero el sutil gesto de encogerse y contenerse a sí mismo era un consuelo. Con sus párpados cerrados y bien apretados quería usar las energías que le quedaban para seguir teniendo el control de la situación.
Sus oídos apenas percibían los sonidos a su alrededor, su cabeza lo engañaba con la amenaza de explotar o romperse en cualquier momento. Su único alivio era el frío que sentía cuando una brisa misericordiosa ingresaba por la ventana e interactuaba con las perlas de sudor en su piel.
Hubo un ruido cerca, aunque no tenía la capacidad siquiera para distinguir a qué correspondía. Entonces, una voz suave se abrió paso, en medio de su artificial sordera. Por la fonética parecía su nombre, o más bien su apodo "Howie", pero no tenía la energía para descifrarlo. No obstante, la voz volvió a dirigirle palabra.
–¿Te duele mucho?
Reconocería esa voz en cualquier lugar, fuese vidente o ciego. Era la voz de Ilya, su camarada, su amigo, su hermano de alma. Con él sabía que no necesitaba mentir, ni ocultar, pues ambos compartían un vínculo más profundo y un nivel de intimidad mayor. No obstante, su terca forma de ser lo empujó a querer minimizar su real estado de todos modos incluso con él. Retiró la mano de su rostro y se esforzó por sonreír al recién llegado.
–Estoy bien, solo me fui por algunos pensamientos.
Absolutamente, su peor intento.
–¿Estás seguro?– preguntó Ilya, y él sabía que era más bien por darle la oportunidad de ser sincero que porque realmente tuviera la duda. Howard abrió los párpados y trató de enfocarse en la figura que le acompañaba. Logró posarse en el rostro del otro, que reflejaba una expresión de angustia, poco común para los demás seguramente, pero que él ya había visto y grabado a fuego antes en su memoria. Ya la había visto en el día de su milagroso despertar, después del accidente con el que justamente había decorado su mejilla con medalla de guerra permanente. No se arrepentía de nada en cualquier caso. A cambio de eso, la persona más importante para él estaba con vida, y ahí, a su lado.
–Te puedo traer un analgésico, no seas terco…– Howard notó cómo el otro se acercaba más a observarle detenidamente. Cerró sus párpados ante una nueva arremetida del dolor, lo que hizo que los músculos de su cara se tensaran inevitablemente. Tomó aire por enésima vez y asintió a la sugerencia del más bajo.
–Creo que me haría bien… olvidé traer las de casa. Pero… no quiero causar problemas, sabes que todo lo que sale del botiquín tiene que quedar registrado… No quiero darle más motivos a los superiores para desconfiar de mí.
–Lo sé...– desde luego sabía que Ilya entendía el motivo de su preocupación. Su milagrosa recuperación no estaba exenta de ciertas sospechas de algunos altos mandos. "Tonterías" coincidían muy en sus adentros ambos.
–...Pero no puedo simplemente dejarlo así.– La firmeza a través de la calidez en esas palabras sacó otra sonrisa suave en Howard. De pronto, sintió los dedos de Ilya rozar con extrema delicadeza la línea de la cicatriz. El gesto era cuidadoso y transmitía comprensión, y empatía. Sabía que Ilya nunca haría algo que buscara provocarle más dolor. Sus siguientes palabras terminaron por cobijarle completamente:
–No te preocupes, quedará registrado a mi nombre. Cualquier duda al respecto sabré desviarla. En seguida regreso.– Y antes de ir por el medicamento, Ilya acortó la diferencia de alturas fugazmente, con un beso corto sobre la marca, movido por el agradecimiento a la valentía de aquel hombre que se había lastimado cuidando de él. Ambos podían llamarse con orgullo hermanos, más que solo compañeros de equipo. Ya tenían muchas historias juntos; la marca en la mejilla del más alto era un recordatorio frecuente.
Una sonrisa como promesa de que volvería pronto, y el primero al mando se retiró de la oficina hacia la enfermería.
Howard se tocó la cicatriz, en medio de la molestia, podía sentir un suave hormigueo justo en donde Ilya depositó sus labios.
–Aquí esperaré entonces.– afirmó ya más aliviado.
¡Redoble de tambores!
(Una pequeña pausa dramática y...)
@my-unfortunate-souls @mori-tazul ¡Morita! ¡yo soy tu secret santa!
Deseo de corazón que este próximo año esté lleno de experiencias positivas y enriquecedoras porque te lo mereces desde aquí hasta el infinito.
¡Un abrazo y abajo las luces! (espero que sea cercana a tu bella inframundana)
(muy soft-Nsfw)
Cariño, calidez~💜🌻
Regalo especial~
"Lo ví y me recordó a tí. Incluso está listo para dibujar lo que se le ocurra, como tú. Con cariño, Howard"
(Contexto: En medio de un paseo, Howard vio un simpático y muy rellenito búho de peluche, que le recordó a cierto ruso peliazul a quien estima muchísimo. Siempre es buen momento para dar un detallito a alguien querido. El ruso peliazul es Ilya, claro que sí).
Como oso y lobo.
Baño relajante después de un largo día.
¡Felicidades Seb!