“Allí vamos, desfilando por la tierra, con los pies descalzos, a veces cubiertos de arena, otras veces es barro, pero si tropezamos no importa el material, todos caemos al fango; pero verás, al fin y al cabo allí vamos, almas disfrazadas de cuerpos humanos, encontrando su propia manera de hilar los pasos, descubriendo que el compás es distinto, que mi danza es diferente a la de mi compañero del frente, y que este puede querer volar, mientras yo sólo deseo saltar como en libertad. Porque Galeno no estaba tan lejos de su verdad, cuando mirando a los ojos de una página de vida nos confió: “estamos hechos de historias”, y si, somos lo más parecido a un infinito viviente de sucesos, a veces ocultos aunque vayan de frente, y en otras ocasiones, gritos que hieren, se muestran y hierven, aunque se escondan de la gente. Y por si se lo preguntaban, sin saber yo de lo incierto, somos diferentes, y así son nuestras historias, a veces dulces, otras amargas, con gusto a las mañanas en las que no queremos si quiera abrir los ojos, o con sabor a las tardes en las que nos duele el estomago de las risas que nos apuran, y las sonrisas que surgen. Estamos hechos de historias, de riscos que levantamos o que trepamos, de las caídas que vivimos u observamos, (aunque vamos, ¿quien no se ha tropezado?), hechos como telenovelas, como libros, incluso como las películas que repetimos una y otra vez hasta memorizar el guión, como un actor oculto; así somos, historias irrepetibles y vivientes, siempre con el poder de un punto y coma entre los dedos, porque ¿sabes una cosa?, todos empezamos de golpe, pero siempre habrá la esperanza de interrumpir la pausa en la historia y evitar que el final nos carcoma, el punto ya lo han escrito, pero falta nuestra coma.”