Just you and me || recopilaciones
Cosas que subí a twitter y quiero compartir aquí <3
1. Inspirado en esta imagen
Suspira en sus labios cuando siente una nueva embestida que hace a su cuerpo entero temblar por la intensidad de la misma, sin embargo, el ritmo es tan lento que se siente desesperado.
Las pálidas manos del híbrido de oso polar se cruzan en su cintura y las de él van directo a su cuello para rodearlo, su lindo osito tiene las orejas pegadas a su cabeza pero aún así logra ver el sonrojo en ellas.
Es tan adorable como siempre y tan lindo como nunca, no puede pedirle que vaya más rápido cuando se está mostrando tan vulnerable ante él por primera vez — osito — susurra cuando logra encontrarse la voz, sus manos dejan de jugar con su cabello cuando solo recibe por respuesta un beso casto en cada una de sus clavículas — mírame ¿si?
Él hibrido lo hace cuando sus manos se posan en sus mejillas rojas y perladas por la ligera capa de sudor que los cubre a ambos, en sus ojos encuentra un abismo que nunca había visto, tan contradictorio que no sabe si no ve nada o lo ve todo, si ve amor o desinterés.
Aún así intenta consolarlo — está bien mi amor, aquí estás bien, estás a salvo conmigo — y aunque lo creía imposible, ve una pequeñísima lágrima escapar de su ojo derecho. Misma que besa con cariño buscando reconfortar al oso que después de un sollozo lo embiste más rápido.
2. Inspirado en una conversación que tuve con una amiga, no supe que nombre ponerle :p
Roier solía ser quien mejor conocía a Spreen, sabía que había tenido una infancia difícil, que era amado por sus padres adoptivos, que le costaba expresar sus emociones porque las había reprimido por tanto tiempo que no sabía lo que sentía en realidad. Que solía romper cada una de las normas que le imponían porque estaba en su naturaleza ser rebelde, demostrar que no era aquello que el resto esperaba de él, que podía ser mejor. Que no podía amarlo como él quería porque no sabía amar de esa forma y que, a veces prefería rendirse, o más bien, que lucharía por lo que fuera y contra lo que fuera pero prefería dejarlo ser libre, prefería no luchar por él y no le había quedado más que aceptarlo.
Aún así creyó que cuando le pidió que no visitara más su casa, él lo respetaría. Por el amor que podía haberle llegado a tener o cualquier cosa como esa. Y así había sido por unos meses.
Ahora se sentía con la libertad de hacer lo que quisiera en su casa, como plantar un jardín, hacer una gran fiesta, emborracharse hasta estar inconsciente. O llevar a su nuevo novio y dejar que lo follara en la sala, en el comedor, en la cocina. Después de todo, no habría nadie porque estaba en su casa, en su soledad, en su lugar seguro.
Así que ahí estaba, en el regazo de su novio, desabrochando con desesperación los botones de la camisa blanca que pertenecía a su uniforme mientras recibía besos por todo su cuello. Disfrutando de la respiración agitada que le provocaba a su osito y de los pequeños jadeos que le hacía soltar, acariciando su pálido pecho todo lo que podía mientras las manos del híbrido viajaban a su trasero para acercarlo más.
Pero toda su excitación se vio interrumpida al escuchar la puerta abrirse, por instinto se ocultó en los brazos de su novio que lo abrazó fuertemente.
Minutos después de un silencio pesado decidió levantar la cabeza encontrándose con la mirada de dos híbridos de oso, uno desde la puerta y el otro desde el sofá en el que aún estaba sentado.
— Spreen — dice con una risita nerviosa y rápidamente cubre el pecho del albino, abotonando mal los botones de su camisa, el híbrido le toma las manos con toda la tranquilidad que el no tiene y da tres apretones, gesto que siempre hace para decirle que se calme, que todo está bien porque el está ahí así que aspira fuerte y deja que le de un casto beso aún con el otro viéndolo.
Se pone de pie despacio y el chico asiente, no hay palabras porque no las necesitan. Desde que se conocen tienen esa comunicación que no sabe describir, con la mirada le dice “habla con él, yo espero” y lo ve marcharse a la cocina, seguramente para preparar la cena porque ese era el plan en un inicio. Suelta un suspiro embobado y luego recuerda que no está solo, que Spreen sigue ahí.
Se voltea a él con la cara roja y vuelve a reír, tiene la mandíbula tensa y parece una estatua — capo, ¿que tal? No te esperaba por aquí — cuando llega hasta el señala con la palma abierta hacia afuera, el de ojos morados lo sigue con movimientos mecánicos y él que aún lo conoce, entiende que está teniendo una revolución de sentimientos que seguramente no puede entender.
— Lamentó que hayas visto eso, es que no esperaba visitas — cruza los brazos bajo su pecho, mordiendo su lengua para no decir algo más. Spreen tampoco dice algo al respecto, ambos intentando olvidar el incómodo momento.
— ¿Perdón? — Roier ladea la cabeza y por primera vez en todo ese rato lo mira. Incapaz de entender su pregunta a pesar de haberla escuchado.
— Que si tú y el otro son novios.
— Ahh, ehh… Si, creo que si — Lo ve levantar una ceja y traga saliva — lo somos — le asegura. De nuevo se produce un silencio, uno aún más incómodo que el de antes.
— Les va muy bien por lo que veo.
— Si — dice Roier en volumen bajo — me trata muy bien.
— ¿Te ama como siempre quisiste? — No tiene que responder, no quiere hacerlo. Pero la mirada amatista es tan insistente que se ve obligado.
— Lo intenta, es complicado…
— Porque nunca ha amado antes — se muerde el labio inferior, no quiere que suene a ellos, no quiere que crea que se ha conseguido un reemplazo, un sustituto que si esté dispuesto a tomar el puesto que él dejó porque no es así, porque él ama a su osito. — pero lo intenta, intenta amarme de la forma en que quiero, quería ser amado — aclara — porque me ama.
— ¿Cómo te ama? — las preguntas comienzan a abrumarlo, las siente tantas que no nota que Spreen solo intenta entender que él ha avanzado y el no ha podido. Que sigue estancado en la culpa.
— Demostrandomelo públicamente y no solo en privado, porque él cree que aún quiero ser amado así, él cree que quiero flores y una casa en el campo, que quiero tener hijos y una boda enorme porque es mi sueño desde niño.
— Es lo que quería — en la punta de su lengua se queda la palabra “contigo” — pero no quiero eso con él, porque él quiere la vida en la ciudad, quiere el compromiso pero no la boda enorme con la que yo he soñado.
— Cambiaste de parecer entonces — Roier revuelve su cabello y se sienta en la orilla del pequeño muelle al que han llegado sin planearlo, aquel en el que pescaban hace tiempo, cuando aún eran solo ellos, sabe que Spreen hace lo mismo porque lo ve en el reflejo del agua.
— Si, eso creo — sonrie de lado — es irónico pero él está dispuesto a darme todo eso que siempre quise así que solo quiero complacerlo, hacerle saber que no necesito todo eso para amarlo como él me ama a mi.
— ¿Qué fue diferente conmigo? — vuelve a mirarlo encontrando su mirada ya esperándolo, hay una profundidad en sus ojos que no había visto antes y que puede notar aún a través de los cristales oscuros.
— No lo sé — le susurra. — No era nuestro momento o tal vez simplemente no éramos, Spreen.
— En este momento si — Ahora es el azabache quien mira el cuerpo de agua frente a ellos.
— Lo soy — pone una mano en su hombro y le da un suave apretón cuando nota su aura tan nostálgica — y tú también lo serás, solo… No te cierres las puertas porque no funciono conmigo.
— Quería que funcionáramos, Roier.
— Yo también — confiesa — pero amamos de formas diferentes Spreen, de formas que no comprendimos y que nos lastimaron — suelta un suspiro cuando el chico pone su mano sobre la suya — ahora tenemos que avanzar.
— Lo dices como si fuera fácil — se muerde el labio para no reír, si el supiera…
— No lo es, lo sé. Pero tampoco es imposible. — de nuevo se forma un silencio entre ambos, esta vez más cómodo y reflexivo.
— Prometo no volver a irrumpir así en tu casa.
— Por favor — dice suplicante — me cortaste todo el rollo — y las risas escandalosas vuelven. Tal vez no estaban hechos para estar juntos pero con la mano en el hombro del azabache se da cuenta de que si pueden ser amigos.