Definitivamente lo único que necesitaba era a Dhasia a su lado, no por el hecho de que le agradara emocionalmente sino que representaba un soporte para él, había estado temeroso la mayor parte del tiempo. Vagos recuerdos llegaban a su mente, Alexander tenía alrededor de 15 años cuando acompaño a su padre a una cirugía, estaba consiente de que él era la única persona que tenía en esos momentos y a pesar de ser bastante joven, se armo de valentía y se mantuvo lo más quieto que pudo en aquella sala de espera; sin embargo, la curiosidad había acabado con él y se escabulló a uno de los quirófanos, el ambiente era tenso y ahí estaba su padre con un sinfín de enfermeras y médicos que se movían aceleradamente. “Lo estamos perdiendo” “esta saturando al 50, al 40, llego hasta 30” no sabía la definición de saturar, pero presentía que era algo negativo, entonces miro los ojos de su papá y sus palabras “todo estará bien” y así fue como poco a poco regreso todo a su normalidad. —Demasiado duro, lamento fastidiarte, supongo que el asma y el tabaco no se ven bien juntos ¿no es así? —Alzó ambas cejas intentando sentarse, aunque se le dificultaba. —Me sacaras de aquí ¿verdad? —.
Negó con la cabeza ante la afirmación del chico y se acercó a la camilla tan sólo para ver el expediente contrario, aunque realmente aún no aprendía a leer bien los procedimientos. Después de todo, lo suyo no era la salud física, sino la mental. — ¿Combinaste ambos porque... querías sentirte perder los pulmones? — preguntó con un dejo de diversión en la voz y finalmente volvió la mirada a él. — No creo que quitarte de aquí sea la mejor de las ideas.









