Escuchó el fuerte grito de la persona a la que anteriormente le tiró su bebida por mojar su libro. A la perfección se entendió el “perra” que emitieron los labios de la otra persona. Némesis sonrió burlona y se dedicó a ignorarle, acomodándose mejor en el asiento – Vale, está bien por mí – Murmuró, posando sus brazos sobre la barra, apoyando su cabeza sobre sus manos. No evitó observar de reojo al rubio, claramente buscando ser disimulada, pero se detuvo en sus labios; eran tan malditamente gruesos. Pensó y rápidamente sacudió la cabeza. – Un idiota ha regado su bebida en mi libro – Murmuró, apretando los labios.
Una carcajada se escapó de los labios del rubio, quién posteriormente se apoyó en la barra y observó a la muchacha que tenía al frente detenidamente --¿Y era un libro de los buenos? --Preguntó en voz baja, tratando de cabrearla un poquito más tan solo por placer--. Porque si era uno de los buenos, deberías estar partiéndole los genitales a quien te lo estropeó.














