Las desventuras del doctor Fleischmann acabaron emitiéndose en España a horas intempestivas en La 2; una de mis primeras anécdotas seriéfilas deriva de esto, cuando yo en mi tierna pre-adolescencia me iba a la cama después de ‘Vivir con Mr. Cooper’, ‘Infelices para siempre’ o la sitcom post-cena del momento en TVE2. Horas más tarde, a la 1 de la madrugada, mi padre subía el volumen de la inolvidable canción que acompañaba a la intro de la serie para despertarme. Y yo corría al salón para no perderme ni uno sólo de los programas de Chris, de los accidentes de los novios de Maggie, de las películas de Ed o de los monosílabos de Marilyn.
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