Nunca entendí si me quería o no.
Pero por su forma de demostrarlo
supe que no se quería bien ni a él.
Es decir, se amaba tanto así mismo
que creo que no había cuota de amor
para nadie más.
Qué bueno que, aunque poco,
yo sí me quería.
Y me dejé escapar.
Porque tal vez no sea la mejor opción,
el partido ideal,
pero tampoco merezco
migajas de cariño,
ni retazos de amor.
Y sí.
A veces el marcharse
de donde no nos quieren,
ese pequeño y sencillo acto heroico,
hace que nos amemos un poquito más.
-Juego de palabras
Me tengo que ir...











