Castración...
Los ojos estaban sobre mi alma, era imposible no sentir miedo, coraje y lujuria, habíamos vibrado de alguna manera al mismo tiempo, nos encontramos, destino tal vez, necesidad diría yo, sabía lo que me esperaba, quería entrar en un juego en donde pierdo siempre. No sabía el motivo, pero así era normalmente. ¿Era un desafío, era la sensación de sentirme no amado, aceptado o probar mis escudos y herramientas para sobrevivir? Honestamente no era bueno para esos misterios, secretos, palabras o verdades, siempre era vulnerable, me afectaba, sentía ese vacío en el estómago y la mente volaba para estrellarse. No me gustaba dañar aunque era capaz de aceptar mucho dolor y odio, tal vez era mi formación, lo que vi de niño, lo ignoro. Siempre había una falla, un error, algo que me incomodaba o pero aún, me hería, sin embargo no terminaba de alejarme, veía venir la decepción, la mentira y no me quitaba, al final aparecía como la víctima, queriendo cambiar a la gente, su historia, circunstancia, como si pudiera modificar sus patologías, no podía modificar ni las mías, era algo cínico, caía en la doctrina del yo sí pero tú no, me gustaba que sintieran culpa, que se quedaran con la sensación de que me debían algo, atados a mi voluntad, estaba enfermo, desde hace mucho, seducía, inventaba, jugada con mentiras e hipocresía, andaba de aquí para allá en las paredes de tu cerebro, te hablaba al oído con remordimiento, succionaba sin piedad la poca vida que quedaba entre tus venas, huesos y carne, insaciable, repetición vulgar, implantación de la tragedia y la angustia de la incertidumbre, mentiras e inventos, realidades paralelas que atormentan mi ser, seda en las manos, vino en la boca, suaves movimientos decadentes, hipnotizantes y llenos de sexualidad, imágenes no descritas antes de ti, de mí, de nosotros compartiendo y violándonos constantemente en la inocencia de las pupilas de la utopía, sembrando la duda sin respuesta que viaja en el tiempo y destruye lo poco que nacía, muerte instantánea, las luces son claras sobre el papiro viejo con las manchas de tinta sangre ocultas, tus labios escurren de semen de extraños a tu paso, acidez que derramas a tu paso para deshacer a los ingenuos que aún quedan.

















