Qué idealizadas están las relaciones de pareja, como si el amor bastara para sostenerlo todo, cuando en realidad cuesta mantener los vínculos, cuesta entenderse con el otro cada día, convivir con las heridas propias y las ajenas, seguir eligiéndose, aprender, mejorar y perdonar, quizá porque amar también implica renunciar a la ilusión de que el otro existe para llenar lo que nunca aprendimos a habitar en nosotros mismos.















