𝐴𝑚𝑒́𝑟𝑖𝑐𝑎.
Sin mucho más que agrega, copia el acto femenino y cuando su compañera lleva una de las galletas a sus labios, ella también lo hace, saboreando el sabor y cumpliendo la promesa de hacerlo al mismo tiempo. “Están muy buenas.” Dice entonces esperando que no sea uno de esos trucos en donde el veneno tarda en hacer efecto y al final del día terminen por convertirse en víctimas. Decide eliminar esos pensamientos negativos de su mente. “¿A qué te refieres con eso?” Frunce levemente el ceño, un tanto confundida. “Digo, ¿por qué piensas que nadie desconfiaría de mí?” Desde su punto de vista, no tiene ninguna condición especial, es un ser humano como cualquier otro y claro, tiene sus fallas. Por otra parte, es cierto: nunca sería deshonesta, de seguro es algo que la mayoría de los ciudadanos saben. “Puedo asegurarte que no debes temerme, si bien sería una jugada perfecta, dudo que algún día pueda lastimar a alguien de esta forma y luego mentir descaradamente.” Muchos son sus defectos, claro está, de seguro ha lastimado a muchas personas de otras maneras, pero cuando se trata de decir la verdad es la primera en fila.
— Uhm ¿qué es algo bueno? Supongo, hasta cierto punto… — le costaba no imaginar constantemente breves historias en su cabeza mientras se distraía intentando adivinar lo más característico de las personas con sólo observarles — Tienes una mirada dulce, seguro es peor cuando sonríes, dime ¿alguna vez has hecho daño consciente a alguien? — cuestionó sumamente curiosa dando un mordisco más a la galleta que sostenían sus dígitos y soltó una risita, quizá un tanto nerviosa para ocultar sus pensamientos que surgieron de manera inesperada con aquellas palabras ¿cabía la posibilidad de temerle a la fémina? Tal vez su respuesta sería un rotundo “no” aunque estaría mintiendo — Y ¿qué pasaría si tu vida dependiera de ello? ¿Qué crees que sea peor, dañar a las personas física o mentalmente? — probablemente a esas alturas la contraria pensaría que Narue estaba loca por hacer preguntas tan raras pero, le gustaba indagar demasiado en cuanto al pensar de los demás, en especial en la situación en la que se encontraban.





















