El despertar fue lento. Primero llegó el amanecer, con la luz colándose entre las cortinas. Después se hizo palpable el dolor de cabeza, originado por haber perdido el número de copas ingeridas. SentÃa un cuerpo cálido pegado a ella, y lo ignoró durante los primeros minutos, mientras trataba de descansar un poco más.
Un suspiro removió sus cabellos. Se removió y se dio cuenta entonces de que estaba encima de Jupiter. No abrió los ojos, sino que disfrutó de la respiración relajada del hombre, del olor que desprendÃan su piel y su ropa, de la paz que le otorgaba. HabÃa tenido esa capacidad desde que le dejó entrar en su vida. PreferÃa no pensar en aquello que cruzó sus caminos, o la culpa amenazaba con invadir sus pensamientos.
Culpa porque no querÃa volver a sentir, porque tenÃa miedo, porque preferÃa ser una cobarde a abrir de nuevo su corazón. Lo tuvo todo tiempo atrás y le fue arrebatado. ¿Qué pasarÃa si...?
Se obligó a alejar aquellas ideas de la mente para no hacerse ilusiones. No las merecÃa y tampoco podÃa hacerse daño de aquella forma. Respiró hondo, aspirando el aroma de Jupiter, grabando ese momento a fuego en su memoria.
Vio sus ojos entreabrirse mientras la rodeaba por la cintura, atrayéndola más hacia él si era posible, y la sonrisa del auror se le contagió. Volvió a apoyar la cabeza sobre su pecho, quedándose unos minutos más asÃ. El beso en la coronilla le provocó un calor en el pecho para el que no tenÃa palabras. Era su hogar, su refugio.