heres a joke: my father

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heres a joke: my father
Los incidentes ocurridos con “El Sentenciador” esa semana y el hecho de que una persona más había muerto bajo sus manos provocaron que el estrés de la castaña se incrementara. Ya tenía demasiados demonios en su interior, se había trasladado a Bellevue con la idea de conseguir un poco de paz pero su plan no estaba dando resultado. En una de sus tantas noches de insomnio decidió que algo de alcohol no podría empeorar la situación. Se colocó un tapado sobre su camisón de satén y se dirigió al primer bar que encontró abierto. Tomó asiento en la barra, intentando no parecer tan demacrada y cansada como estaba—. Uno de lo que le sirvió a él, por favor —pidió, señalando a la persona que se hallaba sentada a su lado.
El estrés lo estaba consumiendo poco a poco. No podía pensar con claridad, no podía pintar ni tan siquiera dibujar. Por primera vez sus manos no podrían ser un escape. Los asesinatos que estaban ocurriendo en la ciudad, el ataque a su hermana y el hecho, de que estaba seguro que su padre era una posible víctima. Sabía que él también lo era. Los monstruos que le quitaban el sueño ahora se habían convertido en alguien de carne y hueso, que rondaba la ciudad haciendo de las suyas. Maximilien no podía escapar de la realidad como escapa de sus sueños. Sus medicaciones no podían salvarlo de lo que estaba sucediendo en Bellevue y tampoco es cómo si pudiese tener una conversación coherente con alguien de lo que le preocupaba. Por primera vez se sentía solo y desamparado. En un momento de desesperación decidió buscar ayuda en el peor lugar posible, un bar. No podía tomar por instrucciones de su doctor, pero no le importaba. Ahí estaba sentado en la barra con su nuevo mejor amigo, un vaso de whiskey con 7Up. Su mirada azulada estaba fija en los hielos de su trago, observando como poco a poco se iban desgastando, así se sentía él. Alzó la vista al escuchar una voz y giró su rostro en dirección a la mujer que se había sentado a su lado. “¿Día difícil?” Fue lo único que se atrevió a decir, bueno, a preguntar. Todos estaban teniendo unos días difíciles desde que el pánico se plantó en el centro de la ciudad. Era como un virus que iba carcomiendo la mente de todos los ciudadanos.
Eyes are distracting. You see too much. You don’t see enough.
Will Graham, “Apéritif” Hannibal (via wnq-movies)
Sam Claflin
No quería separarse. No quería abandonar la calidez y la tranquilidad que le brindaba la cercanía ajena, una de las tantas cosas que sólo podía sentir como era debido junto a Max. No le importaba en lo más mínimo cuán incorrecto era el hecho de que sus labios se rozaran, que sus corazones palpitaran acelerados al hacerlo, no le importaba tener sentimientos indebidos hacia su hermano… porque todo se sentía jodidamente bien, ella se sentía bien, y no muchas veces sucedía. Max aparentaba algún tipo de droga, pero mucho menos dañina, y definitivamente más plena, más verdadera.
¿Estaba siendo lo suficientemente directa? Creía que sí, pero de todas formas su hermano expresó aquellas palabras que la confundieron completamente. —No, Max… —. Ni siquiera estaba segura de cuáles iban a ser las palabras siguientes, pero no tuvo que pensarlas ya que el mayor la interrumpió al nuevamente unir sus labios. Sus párpados se presionaron entre sí, y sus dos brazos rodearon el cuello ajeno, para sostenerse en el momento en que la levantó del suelo, ya que no lo había hecho lo suficiente para que se enredara con las piernas. Sintió la suavidad del colchón bajo su espalda, y de todas formas sus labios nunca abandonaron la danza que mantenían con los ajenos, tan pura como si se tratara de una obra de arte expresada con las propias manos del francés.
Una de sus manos se enredó en los rubios cabellos de su hermano, y elevó apenas la cabeza del colchón para una mayor comodidad al besarlo. Tuvo que separarse luego de un par de segundos en búsqueda de aire, segundos en los que aprovechó decir: —Quédate —. Nuevamente volvió a juntar sus labios, cerrando los ojos e inclinándose como pudo un poco más hacia él. No estaba segura de cómo expresar de manera correcta lo que quería realmente decir, pero sin dudas esperaba que el mayor fuese lo suficientemente entendido para interpretar sus palabras de la manera debida. Y si sus palabras no lo aclaraban, probablemente el movimiento de sus labios y las ansias con las cuales se expresaban, lo harían.
De repente, la mente de Maximilien se iluminó y entonces, llegó a entender lo que su hermana realmente quería decir con esas palabras. Un nudo se formó en la garganta, porque quizás no era el mejor momento para que la menor le pidiera eso. Había tenido una noche horrenda y lo que necesitaba era descansar, Max lo sabía. Pero también sabía que su hermana no se iba a dar por vencida y que él terminaría dándole lo que ella deseaba. Así que se dejaría llevar por el momento y lidiaría con las consecuencias luego.
Se subió sobre la cama y se quitó los zapatos de forma torpe ( el pie izquierdo ayudando al pie derecho y viceversa ). Pegó su cuerpo contra el de ella, obligándola a quedar completamente acostada sobre la cama. Sus manos se pasearon por los costados de ella hasta bajar a su cintura y ahí se aferrando por unos segundos, mientras sus labios degustaban los ajenos. Rompió el beso, respirando algo agitado. Sus ojos habían pasado de un azul claro a un azul más oscuro, llenó de lujuria. Le dedicó una sonrisa, mas no dijo nada más. Sus labios se deslizaron por el mentón de ella, dejando un camino de besos mojados hasta su cuello y ahí dejó varias mordidas, marcándola sin realmente pensar que las marcas podían ser un problema más tarde. Las manos del francés abandonaron la cintura de su hermana para navegar hasta su trasero. Ahí apretó sus dedos contra su piel y la obligó a elevar su cadera hasta que quedara presionada contra la de él.
Si eso era lo que ella de verdad quería, Max se lo daría sin peros.
I think I’m a really good judge of character; I usually know within ten minutes whether I’m going to like somebody or not. But I like most people, I don’t hate anybody, not one person in the world do I hate or despise. And I’m very honest – my wife would probably say a bit too honest sometimes.
La incesante pregunta de qué haría sin su hermano en su vida seguía repitiéndose en su cabeza. No podría seguir sin él, eso era algo que tenía bastante claro y que nunca podría evitar pensar. Más allá de su independencia, más allá de lo mucho que había progresado, no podría vivir sin Max, y la vida le seguía dando golpes para demostrárselo, para que de una vez por todas lo aceptara. Y lo hacía, realmente lo hacía. No se imaginaba pasando por un momento similar en esa tranquilidad si no fuese por el mayor. Había perdido a su madre, su padre era prácticamente un fantasma, y las personas en su vida, por más importantes o buenas que fueran, no eran suficiente para que Anastasia se sintiera en plena confianza.
—Siempre —. Susurró ante sus palabras, ¿en quién confiar si no era en Max? Estaba completamente segura de que en ningún lado, ni con nadie más, se sentiría tan cómoda como con él. No había manera de pensar distinto, y por más que a veces hubiese intentado conectar de esa manera con alguien más, era simplemente imposible. Aunque, después de todo lo que habían vivido, no era raro que la francesa no pudiese depositar su confianza en cualquiera, muchísimo menos sus buenos sentimientos, los pocos que tenía estaban mayormente depositados en el hombre frente a ella. Presionó los labios en una sonrisa prácticamente invisible al escuchar que no la dejaría sola, aunque enseguida el rubio continuó hablando, y ella se sintió estúpida; estúpida y completamente perdida.
Pero no le importó. Rompió el abrazo, pero sin realmente separarse de él, sino que una de sus manos viajó hacia el rostro ajeno. Sus ojos no se atrevieron a abandonar los claros del mayor, y apenas movió la cabeza en negación, respondiendo a su anterior pregunta. Presionó la mano ajena que estaba entrelazada con la propia, y se elevó en puntas de pié, acercándose hacia su rostro y cortando la distancia entre ambos al presionar sus labios contra los de Max, y cerrar los ojos. Mantuvo el contacto por unos cuantos segundos, y apenas se separó, sin abrir los ojos y prácticamente sin moverse, para murmurar: —No me dejes sola —. Repitió.
Le alegraba saber que su hermana tenía infinita confía con él, porque él también tenía infinita confianza con ella. Era en la única persona que se atrevía a confiar ciegamente. Después de todo lo que habían pasado, una de las cosas que Max consideraba como la más positiva de su vida, es que se tenían el uno al otro. Habían perdido a su madre, su hogar, habían sido obligados a dejar el país que tanto amaban y tuvieron que vivir con un padre ausente. Además, de todos los diversos golpes que le seguía dando la vida, pero una cosa era importante, nunca se rendían. Se levantaban gracias a la ayuda del otro. El francés sabía que su único impulso para vivir era su hermana, porque sin ella, realmente su vida no tenía sentido. Y agradecía mil veces a los cielos de tenerla a ella como su mayor bendición.
Maximilien la miró algo confundido, no sabía exactamente que ella estaba pensando o planeando. Intentó analizar sus movimientos, mas no funcionó. De repente, todo hizo sentido, sus labios se encontraron con los de ella y no dudo en inclinarse hacia al frente. Mantuvo sus manos unidas y la que tenía libre la colocó en el mentón de ella. Correspondió el beso con delicadeza, atreviéndose a cerrar los ojos y simplemente, disfrutar del suave contacto con esos labios tan deseados. Sin embargo, la confusión volvió a bañar su semblante cuando ella se separó ( escasamente ) de sus labios. No sabía cómo interpretar lo que le decía. ¿Qué se supone que debía hacer?
“No te voy a dejar sola…..” Pausó, rozando sus labios con los de ella y suspiró. “Pero debes descansar.” Añadió con cierta frustración en su voz, porque no entendía del todo lo que ella quería. Sin decir nada más, volvió a unir sus labios, en un beso quizás un poco más intenso. Soltó su mano, para rodearle la cintura con el brazo. Con delicadeza la alzó del suelo y colocó la mano que tenía en el mentón de ella en su espalda baja, pegándola contra su cuerpo. Caminó casi a ciegas hasta la puerta de la habitación de ella y torpemente la abrió. Una vez adentro, cerró la puerta con el pie y caminó hasta la cama, colocándola sobre esta sin romper el beso. Max se inclinó sobre el cuerpo de su hermana, pero no se subió a la cama.
Se puso de pié al momento en que los brazos ajenos rodearon su pequeño y, en ese momento, indefenso cuerpo. Se acurrucó entre sus brazos, escondiendo su cabeza en su pecho por unos segundos y sin corresponder en un principio. Quería creerle, quería pensar que Max estaba diciendo la verdad… pero estaba segura de que él no sabía si eso sería verdad. Nadie lo sabía, y lo peor de toda la situación, era que ni siquiera la habían “atacado” por algo que ella había hecho, sino que era probablemente causa de su padre. Recordaba lo que había hablado con Dario un par de días atrás, sobre el cura asesinado… ¿acaso eso tendría algo que ver? Todo era demasiado confuso, y dudaba poder pensar con claridad aquella noche, o por lo menos lo que quedaba de ella; podía jurar que en cualquier momento presenciarían el amanecer por la ventana.
Finalmente sus brazos rodearon el cuerpo de su hermano, y se permitió cerrar los ojos por unos segundos, intentando tranquilizar las pulsaciones aceleradas que repentinamente se habían apoderado de ella al pensar nuevamente en lo sucedido. —Necesito creer que será así… —. Susurró, dejando escapar el aire de entre sus labios en un suspiro entrecortado. Apartó apenas su cabeza del pecho de su hermano y sus ojos buscaron los ajenos. No iba a llorar, por más de que estuviese angustiada, nunca había encontrado el llanto como la mejor manera de expresar sus emociones, a pesar que a veces realmente no podía evitarlo y todo era más fuerte que ella. Pero en ese momento, estaba completamente sobria, a excepción de una pastilla que le habían dado, una especie de “calmante” que en realidad no había hecho absolutamente nada. Pero definitivamente era mejor de esa manera.
—No quiero quedarme sola, Max… yo… —. Presionó los labios, reprimiendo las palabras en su garganta, pero eso no duró demasiado tiempo; razón por la cual añadió en un susurro, sin abandonar sus ojos. —Quédate conmigo —.
Él no temía sobre su seguridad. No le importaba si alguien atentaba contra él, realmente, había dejado de tenerle miedo a morir hace mucho. Quizás las veces que tomó pastillas demás y terminó vomitándolas antes de que sucediera algo realmente malo. Tal vez, fue las múltiples veces que una navaja se “rozó” contra sus muñecas. Maximilien se había hundido en el abismo y había vuelto a salir, no del todo, una parte de él se quedó en la oscuridad. Sin embargo, que esas cosas hubiesen sucedido le dejaban una cosa clara: no le importaba su vida, pero sí la de su hermana y la de sus amigos. Quería verlos bien a todos, específicamente a Anastasia. Y estaba listo para hacer cualquier cosa para que su mayor deseo se cumpliese. Sabía que su madre estaría orgullosa de él, por lo bien que la cuidaba, aunque no todo hubiese salido como él esperaba.
Suspiró ciertamente aliviado al sentir los delicados brazos de ella rodearle el cuerpo. Dejó un pequeño beso en la cabello de la menor y la presionó cariñosamente contra su cuerpo. Quería ofrecerle esa calidez familiar que necesitaba, también empatía. No sería muy bueno con las palabras, pero estaba seguro de que con ese abrazo le transmitiría el apoyo necesario. Acarició suavemente sus costados con sus pulgares, buscando que se relajara y se siéntese segura entre sus brazos. De una cosa estaba seguro y es que nada ni nadie le podría hacer daño mientras estuviese dentro del departamento del mayor.
“Confía en mí, Anastasia.” Hubo más confianza en su voz cuando dijo esas palabras. Su hermana no podía seguir pasando por cosas horribles, él se encargaría de eso. Sus ojos se fijaron en los de ella, una vez se encontraron y decidió guardar silencio. Le dedicó una pequeña sonrisa y le dejó un beso en la frente. Sus manos pasaron de estar en sus costados, a descansar sobre sus hombros. Elevó una ceja al escuchar la frase que su hermana dejaba a medias y después de unos segundos asintió con la cabeza. “No te dejaré sola.” Aseguró y bajó una de sus manos para tomarla la de ella, suavemente entrelazando sus dedos. “¿Quieres ir a descansar? Ya preparé tú habitación.” Hizo un suave gesto con la cabeza, señalándola la puerta cerrada que daba con la habitación de ella.
Being an artist means forever healing your own wounds and at the same time endlessly exposing them.
Annette Messager. (via brightmat)
Había permanecido en un silencio de cementerio todo el viaje hacia el departamento de su hermano, observando la pequeña gasa sobre el pliegue de su brazo, lugar donde le habían extraído un par de tubos pequeños de sangre, para hacer análisis. No sabía cuánto había estado en el hospital, pero estaba segura de que no había sido demasiado tiempo. Aún así, toda la situación y los sucesos de aquella noche la tenían sin habla. Tenía miedo, por primera vez en su vida Anastasia Le Bronn admitía que tenía miedo, por lo menos para sí misma… ¿pero cómo no tenerlo? Lo que había vivido no había sido una simple pelea callejera, razón por la cual creía que su padre había obligado a Max a que la llevara con ella… y estaba completamente conforme con eso. Sabía que podía estar en silencio con su hermano, sabía que podía simplemente mirarlo o tomar su mano y él la entendería; y en ese momento era todo lo que necesitaba.
Finalmente estaban dentro de la calidez del departamento ajeno, y las manos de la francesa rodeaban un vaso de vidrio que contenía agua. Ah, ojalá fuera otra cosa, algo con alcohol preferentemente. Le dio un sorbo, y sus ojos claros buscaron la figura de su hermano. Dejó el vaso sobre la pequeña mesita que se encontraba sobre el sofá, en el cual estaba sentada, y se atrevió finalmente a hablar: —Max… necesito un abrazo —. Susurró, con la voz ahogada producto del nudo en su garganta. Nunca se había sentido tan vulnerable, nunca había sentido lo que era realmente sufrir miedo, no ser capaz de defenderse a sí misma… porque había sido incompetencia propia, sin dudas. Como cuando era una niña y necesitaba de los demás para defenderse.
Estaba en la comodidad de su habitación, viendo una película con Cesare cuando su celular comenzó a sonar. Maximilien estiró su mano derecha, agarrando el mismo de la mesita de noche y respondiendo en cuestión de segundos. La voz alarmada de su padre, hizo que el joven Le Bronn agarrará el control de la televisión y apagará la misma. “Espera, habla más despacio…¡carajo, que no te entiendo!” Exclamó sobresaltado, bajándose de la cama. Escuchando lo que su padre le decía con detenimiento. El corazón se le hundió en el pecho y un nudo se le formó en el estómago. “Todo esto es tú culpa. ¡Maldita sea! Todo es tú maldita culpa. Tú y tú estúpido trabajo. ¡Nunca debimos abandonar Francia! Nunca fuiste buen padre y ahora eres una mierda de policía.” Las palabras dejaron su boca antes de que pudiera analizar bien la situación. “¡Claro que me voy a quedar con ella! No la voy a dejar sola en tú casa, no seas tan idiota, papá.” Escupió de mala gana y colgó la llamada.
Su corazón comenzó a latir con más rapidez, mientras se movía por la habitación. En segundos se quitó la ropa de dormir y se colocó algo más formal. No tardó en colocarse los zapatos y agarrar las llaves del auto. Metió su celular en el bolsillo de su pantalón, salió de su habitación y en segundos abandonó su flat. Debía ir por ella al hospital, necesitaba asegurarse que estaba bien. Sabía que era todo culpa de su padre, mas no podía evitar sentirse un poco culpable también. Quizás debió acompañarla, quizás debió protegerla un poco más.
[…..]
Max se mantuvo todo el camino callado hacia su departamento en silencio. De vez en cuando la miraba por el rabillo del ojo, asegurándose repetidas veces que estaba ahí con él, que estaba viva, que nada más le podía pasar. Una que otra vez estiró su mano y la colocó sobre la rodilla de ella, una forma de decirle que todo estaría bien sin tener que hablar. Hablarían cuando ella se sintiese lista. Una vez dentro del departamento, Max se encargó de dejarla en un lugar cómodo a lo que preparaba la habitación de ella. Organizó la cama y cambió las sábanas, también le prendió el aire acondicionado, para que la habitación estuviese fría para cuando ella quisiese dormir. Se encargó de cerrar bien las ventanas y luego salió de la habitación, para asegurarse que las puertas estuviesen bien cerradas. Ahí fue cuando ( apenas ) escuchó el pedido de su hermana.
El rubio regresó a la sala y se inclinó sobre la menor, rodeándole el torso con los brazos de forma cariñosa. La elevó, para que quedara parada, mas él estaba sosteniendo todo su peso. “Todo estará bien.” Susurró contra su oído, pero…..¿acaso podía asegurarle eso? No, lamentablemente, no podía. La ciudad se estaba convirtiendo en un lugar peligroso. En un suspenso psicológico sacado de una serie. Por lo menos, le podía asegurar que estaría bien mientras estuviese bajo su cuidado. Max no dejaría que nada le pasara, al menos, mientras estuviesen en el mismo lugar. Estaba dispuesto a dar su vida para salvar a su hermana de cualquier cosa o persona.
I’m quite reserved – I enjoy listening more than I enjoy talking. And I’m usually really difficult to break, I have a guard up. I don’t know whether that’s because of the jobs that I’ve been on or whether it’s always been there, but I’m always really quiet to begin with.
No entendía el secretismo que quería mantener Staz ante su hermano; al fin y al cabo parecía un muchacho más lleno de buenas intenciones y con ganas de divertirse, como cualquier joven de su edad. “Yo también lo espero, pero gracias por tu preocupación.” le devolvió el agradecimiento con una hogareña sonrisa y apretó los labios ante la decisión del rubio. “Uh-cualquier cosa, ¿eh?” alzó una ceja y sus dedos comenzaron a rasgar la guitarra al ritmo de una de las más famosas canciones del país, cantando la letra y esperando que le siguiese.
El francés hizo un gesto afable con la cabeza. “No hay de qué, hombre.” Agregó, manteniendo ese tono carismático en su voz. Maximilien realmente era una persona agradable y muchas personas lo consideraban inocente, quizás porque la mayoría de las personas carecían de buenos modales y una actitud positiva hacia la vida. “Sí, sí, cualquier cosa. Yo me dejo llevar….” Murmuró y colocó sus manos correctamente en la guitarra. Escuchó las tonalidades que Jude había comenzado a tocar y en segundos, las siguió. Conocía la canción, aunque prefería ‘Jack & Diane’ de John Mellencamp. Dejó a su acompañante cantado solo por un momento, al francés le daba algo de ansiedad cantar en público y más en ese lugar, donde tantas personas pasaban por delante de ellos. Pero después de unos segundos se ánimo y olvidó sus miedos, comenzando a cantar sin remordimiento alguno, con una sonrisa plasmada en sus labios.
“Sí, Bowie siempre me acompaña a la cafetería” dijo simplemente, encogiéndose de hombros mientras caminaba ese ya tan conocido recorrido “Espero encontrarlo, siento que han pasado años desde la última vez… “murmuró algo preocupada, ¿Estaría bien? ¿Estaría comiendo algo? Bowie era el único ser vivo por el cual Eve se preocupaba tanto además de su padre, claro, pero esa era otra historia, el perro no la mandaba lejos cada que intentaba cuidarle y definitivamente el perro no amenazaba con armas de fuego a los chicos que llegaran a acercarse a la morena en actitud “romántica”
Maximilien asintió suavemente con la cabeza. “Eso es bueno, entonces, él reconoce el área y quizás a las personas que trabajan ahí.” Comentó de forma optimista y estiró su mano, para darle un cariñoso apretón al hombro de Eve. Solo deseaba ayudarla a encontrar a su perro lo antes posible, era una buena chica y la idea de que ella se pusiera triste no le agregaba en lo absoluto al moreno. “Estoy seguro de que lo encontraremos, no te preocupes.” Murmuró, metiendo las manos en los bolsillos de su chaqueta y caminando a su lado.
Quizás tenía problemas de abandono, quizás de autoestima, quizás simplemente nunca había pensado de ella lo suficiente, pero le resultaba tan complicado comprender lo que su hermano decía. Era casi ficticio pensar que alguien la viera de esa manera, y sin embargo Max, de una manera u otra, siempre lo había hecho. Mediante su arte, mediante sus palabras, mediante sus cuidados y acciones. Muy en el fondo, Anastasia sabía que lo que él decía era cierto, pero aún así sonaba irreal. Irreal como la situación completa. Sabía que era incorrecto, aceptaba que era incorrecto, pero no podía importarle menos que lo fuera. Cuántas cosas terribles sucedían en el mundo, ¿ellos iban a ser juzgados por estar un poquito –bastante– jodidos? Bah.
No quiso contestar. No quiso decirle que le creía o no, no quiso aceptar sus palabras pero tampoco rechazarlas, y sabía que Max la entendería, y lo haría porque la conocía excesivamente bien, peligrosamente bien sería más acertado. Y de todas formas, concentrarse en las palabras no era una opción cuando el tacto ajeno se expandía sobre su cuerpo.
Sus labios danzaban de manera arriesgada y ansiosa. Sabía que apartarse no era una opción, no simplemente por no poder hacerlo, sino porque tampoco deseaba hacerlo, y eso era físicamente demostrable, por parte de ambos. Se quejó apenas cuando el mayor mordió su labio, y en el momento en que se separaron, la francesa intentó regularizar su respiración, sus pulsaciones, aunque sus alientos continuaban mezclándose y sus ojos devorándose con el simple mirar. Su mirada cayó en el momento en que se atrevió a pronunciar aquellas palabras. No podía decirle eso, simplemente no podía. Todo su cuerpo tembló y su respiración nuevamente comenzó a acelerarse. —No digas eso… —. Se atrevió a susurrar, justo antes de que sus labios volviesen a encontrarse… y no hubo nada que agradeciera más en el mundo.
Estaba completamente segura de que él la entendía, que no necesitaba una respuesta igual, porque Anastasia no era buena con las palabras, o sentimientos, quizás sí con las acciones; razón por la cual se aferró al cuerpo ajeno con necesidad. El movimiento de sus labios se aceleró, y la mano que reposaba sobre su rostro, se enredo en los cabellos ajenos, al momento en que se elevaba en puntas de pié para tener más acceso a los labios ajenos una vez que la pared no fue más su soporte, aunque esto no provocó que sus cuerpos se separaran, sino probablemente todo lo contrario. Sus labios temblaron contra los del mayor y sus párpados se presionaron. Amor, nunca hubiese pensado en algo así para ella.
Tenerlo más cerca era prácticamente imposible, pero eso no evadía que la castaña intentara demostrar lo que él hacía con arte y palabras, con sus labios. Colocó su mano libre sobre uno de sus hombros para tener un mayor soporte, y al mismo tiempo evitar más distancia de la necesaria entre ellos, a pesar de que en ese momento, ninguna distancia era realmente necesaria, porque como bien había dicho su hermano… él la amaba, y en ese momento era lo único que importaba.
Estaba jodido. Corrección. Estaban jodidos. Lo peor de todo es lo sabían y lo reconocían, quizás Staz lo hacía más que Max. Él prefería tragarse todo lo que sentía y simplemente plasmaba lo que pensaba en pinturas abstractas, las cuales nunca serían descifradas. De igual manera, el francés sabía que lo que sentía por su hermana estaba mal. Sin embargo, ¿quién podía juzgarlo? Oh, todo el mundo podía levantar el dedo índice y señalarlo, decirle que era un monstruo, enfermo, que estaba loco, claro, claro, podían decirle mil y una cosa, más quién fuera realmente inocente, pues que lanzara la primera piedra. Todo el mundo en su maldita vida había hecho algo erróneo o amoral, había cometido una falta. Lamentablemente, ‘el error’ de Max era amar a su hermana más que una simple hermana. El lazo fraternal fue lanzado a la basura y remplazado por algo más. Y no se le podía culpar del todo, después de todo lo que había vivido y visto, después de tanta opresión por parte de su padre, después de la pérdida de su madre, por algún lado el francés iba a salir defectuoso. Definitivamente el peor defecto que se podía tener era amar a la persona equivocada.
Pero para él amar a Anastasia no era una equivocación ni un error. Era lo que sentía con cada fibra de su ser. El amor que sentía por ella le calaba los huesos de forma dolorosa. Le arrebataba el sueño de forma peligrosa. Lo había dejado sin aliento más de una vez. Era real y lo sabía. Por mucho tiempo se sintió culpable de ese amor que había florecido dentro de su corazón y los pensamientos que inundaban su mente. Él no había escogido amarla a ella, no fue su decisión, simplemente pasó. Se podía negar una y mil veces de ello, podía no aceptarlo, pero eso no significaba que los sentimientos se iban a ir de la noche a la mañana.
Luchó, claro que luchó contra lo que sentía y por más que luchó, la batalla se le hizo imposible al darse cuenta que la menor se sentía igual que él. Y en un momento similar al que estaban teniendo, dejó todo fluir. Las consecuencias serían grandes, pero….¿qué importaba eso cuando tenía al amor de su vida entre sus brazos?
Oh, dios, y se lo diría cuantas veces fueran necesarias para que ella le creyera. La amaba, la amaba y solo a ella. ¡Estaba maldito! El amor le consumía las entrañas y lo hacía sentir débil, al mismo tiempo, lo hacía sentir libre y feliz. Nada importaba, solo ellos dos importaban. El amor que se tenían era lo que importaba. El hecho de que se tendrían el uno al otro por el resto de sus vidas. Eso era lo que realmente importaba. La sociedad y todos sus tabús se podían ir directo al infierno. Si vivieran en otra época, estar juntos ni sería mal visto. ¡Podría ser hasta celebrado el amor tan puro que había entre ellos!
Y no le importaba que ella no le pudiera decir que lo amaba verbalmente, porque lo sabía. Sabía que ella lo amaba como él la amaba a ella. Por la forma en que lo miraba, lo tocaba y definitivamente lo besaba. No había nada más real en ese momento que sus labios juntos en un beso llenó de frenesí. Ya ni siquiera estaban jugando con fuego, ahora estaban decididos a vivir entre las llamas sin miedo alguno. Max….él no tenía miedo. Estaba feliz, ya todos los sentimientos estaban a flor de piel, no tenía nada que esconderle a ella. Miedo había tenido cuando no sabía si ella lo amaba o no, pero ahora ese miedo se había ido. Lo único que quedaba dentro de sí….era el amor que sentía por ella.
La mantuvo cerca de su cuerpo. Sus labios pegados a los de ella, moviéndose con el uno contra el otro en un baile privado y completamente prohibido. Sus manos subieron del trasero de ella por su espalda, acariciándole por encima de la ropa con tanta delicadeza, con miedo de quebrarla, pero quebrada ya ella estaba. Sus labios se deslizaron lentamente hasta llegar a su mentón y luego, se rozaron contra la tersa piel de su cuello. Max aspiró la dulce fragancia de ella, envolviéndose aún más en el momento, sintiéndose completamente hipnotizado por ella y todo lo que la representaba. Mantuvo sus labios sobre la piel de ella, dejándole suaves besos y suspiró con pesadez. Debía alejarse, no quería asustarla y tampoco deseaba que las cosas pasaran a mayores.
Con suavidad despegó sus labios del cuello ajeno y elevó el rostro, encontrándose con los ojos de ella casi automáticamente. “Debo….curarte tus heridas.” Su voz sonó espesa y dulce, como miel. Su tono estaba algo agitado por culpa del beso. Tomó una bocanada de aire intentando calmarse y mantuvo sus ojos sobre los de ella, mas no movió su cuerpo ni sus manos. Se mantuvo en la misma posición con ella pegada completamente a él, mientras sus manos la sostenían con cuidado de la espalda.