heres a joke: my father

⁂
Game of Thrones Daily
almost home
untitled
TVSTRANGERTHINGS

blake kathryn
Stranger Things
Mike Driver
noise dept.
he wasn't even looking at me and he found me

★

shark vs the universe
Aqua Utopia|海の底で記憶を紡ぐ
tumblr dot com

roma★
$LAYYYTER
Fai_Ryy

No title available
todays bird
"I'm Dorothy Gale from Kansas"

seen from Poland

seen from United States

seen from Iraq

seen from Germany
seen from United Kingdom
seen from Bangladesh
seen from Ecuador

seen from United Kingdom

seen from Malaysia
seen from United States

seen from Türkiye
seen from Brazil

seen from Thailand
seen from Belgium
seen from Belgium

seen from United Kingdom
seen from Japan

seen from Italy
seen from Tunisia
seen from Ukraine
@ephraim-salford
heres a joke: my father
—Lo verás — entornó los ojos en su dirección, incluso las palabras abandonando sus labios antes de pensarlas con verdadero detenimiento. Encogió los hombros, dispuesta a restarle importancia. —Quiero la mayor recompensa que me puedas ofrecer — alzó las cejas, haciendo énfasis en cada una de las palabras que habían sido usadas por el contrario. Ladeó una sonrisa y asintió, pues quería dejar en claro que era lo único que tenía para decir al respecto. Colocó los brazos sobre la barra, inclinándose un poco hacia adelante a la espera de poder observar todo con detenimiento y tan detalladamente como fuera posible. Siguió los movimientos ajenos y esperó. Una expresión de sorpresa pura se abrió paso hasta instalarse en cada una de sus facciones, decidiendo que si no lo hubiera tratado antes, entonces se lo hubiera creído completamente. Sus labios se separaron entre sí con la intención de articular una respuesta, pero decidió guardar silencio cuando las sugerencias fueron otorgadas. Una sonrisa ladina se instaló en sus labios, River tomándose el tiempo necesario para procesar aquella información. —¿Crees que me sorprendería? — entornó los ojos en su dirección, como si esperase encontrar una respuesta que no tuviera que ser pronunciada en voz alta. Sí, quizá se lo había tomado con dobles intenciones pero, ¿y qué? —Hasta no ver, no creer — y, una vez más, recurrió a las palabras ajenas. —Pero hablando ahora de la bebida…. — pausó, escudriñando las facciones ajenas. —Me voy a por esa opción de sexo con el bartender — asintió, permitiendo que sus dedos bailaran sobre la barra.
Si ponía en perspectiva lo que estaba ocurriendo y su comportamiento extrañamente animado, culparía al alcohol. Siempre culparía al alcohol, que si bien no era suficiente como para hacerlo olvidar, sí era el necesario como para tenerlo en una mejor actitud. Y, bueno, tampoco se quejaba. River no era desagradable a la vista, y mentiría si dijera que no tenía ya bien ubicadas sus femeninas curvas en su memoria. ¿Qué hombre no lo haría? Quizá lo único que echaría en menos sería un linaje limpio, aunque por otro lado, ¿quién era él para criticar ese asunto? Claro, sus padres seguían casados, pero Michael Salford era un inútil que seguía casado por conveniencia con su madre, que apenas tenía tiempo que dedicar a su familia. No, no era nadie para criticar una familia, y aún así, no tenía inconveniente en hacerlo. ---Suena a un trato justo,--- admitió, entrecerrando los ojos, como si en realidad se lo estuviera planteando en medio de sus pensamientos que eran liderados por los impulsos del licor. Observó la postura de la castaña, sin poder evitar que, por un segundo su atención se desviara al discreto escote que poco podía hacer para ocultar los generosos atributos, como los había llamado. Volvió a fijar sus ojos en los ajenos, antes de responder con arrolladora seguridad. ---Oh, creo que podría dejarte bastante satisfecha,--- aseguró, completa y totalmente consciente del doble sentido que estaba siendo intercambiado, lanzado de lado a lado sin tregua aparente. ---Lo verás,--- copió sus palabras, antes de espabilar e incorporarse, comenzando a reunir el Malibú, después de encontrarlo en el montón de botellas ordenadas de una forma que no comprendía, el jugo de limón, la soda y los demás ingredientes. Dejó todo en el vaso agitador, antes de hacer una pausa, y entonces, agregar medio shot de vodka de cítricos. ---Algo me dice que lo prefieres... duro,--- una sonrisa bailó en sus labios, y claro que se refería sólo a la bebida... O no. Una vez agitó todo, sirvió en una copa de cocktail, y la empujó con suavidad a la chica con su izquierda, mientras que la diestra se posaba con un calculado movimiento sobre la mano ajena. ---¿Veredicto?---
Guardó silencio durante una fracción de segundo, contemplando de dicha manera las palabras salidas de entre los labios masculinos. Afirmar que estaba en lo correcto se encontraba lejos de sus planes, así que tras pensarlo con detenimiento finalmente añadió: —Podría, sí — y también lo haría, claro estaba. El primer encuentro que había tenido con el rubio estaba lo suficientemente fresco en su memoria como para reproducirlo si así lo quería, aunque lo cierto era que no lo consideraba necesario. Algunos detalles se presentaban por cuenta propia, ocasionando que la sonrisa en los labios femeninos se mantuviera durante más tiempo del planeado. El suspiro se le escapó de nueva cuenta, la bartender girando los ojos una vez más mientras escudriñaba con detenimiento las facciones ajenas. Entrecerró los ojos, pensativa. —Estoy lejos de serlo — porque era verdad y porque no estaba interesada en adentrarse a una discusión que realmente no llegaría a ningún lado. ¿Una respuesta detallada? Tampoco era necesario, pues consideraba que lo había dejado suficientemente claro. Además, era consciente de los generosos atributos que poseía. —Me lo imaginé — admitió, negando con la cabeza y permitiendo que un tinte divertido se instalara en sus facciones. Por una parte era gracioso, no lo podía negar, pero por otra… Entonces prestó atención a cada uno de los movimientos ajenos, ladeando el rostro con cuidado a la espera de que aquella opción le permitiera observar todo desde un ángulo totalmente diferente. Escuchó con atención, las ideas comenzando a dar vueltas dentro de su cabeza. Una vez tuvo la respuesta, la fémina se inclinó un poco hacia adelante, como si buscara un poco de privacidad en lo que estaba a punto de decir: —Trato — y entonces se hizo a un lado, recorriendo el camino hasta ubicarse fuera de la barra. —Ahora sorpréndeme — alzó las cejas tras sentarse en el lugar que había pertenecido a la figura masculina, recargando uno de sus brazos sobre la barra para prestar un poco más de atención.
Era la única afirmación (a pesar de ser más una posibilidad que una afirmación en sí) que necesitaba. Su ego le daba el don de traducir, aunque fuese una posibilidad, una frase a una completa afirmación, a algo que le otorgaba la razón absoluta. Ayudaba en algunos casos, por supuesto, porque frente a un jurado podría decir lo que fuera, joder que estaba seguro que podría convencerlos de que el pasto era azul si se lo proponía. Era lo que ocurría con la mente humana, que parece estar muy segura hasta que llega alguien más convencido a decir lo contrario. Es cuando las dudas llegan. Inevitablemente, esbozó una sonrisa difícil de interpretar se formó en los labios del abogado, porque era una respuesta que, consciente o no, ya esperaba. ---Hasta no ver, no creer,--- canturreó, sin ánimo de discutirlo, y había que tomar en cuenta que su ánimo de discutirlo no tenía nada que ver con su ánimo de probarlo. Ah, eran dos cosas completamente diferentes. ---Ya hiciste un trato, pero no has dicho qué es lo que quieres obtener si, por alguna remota posibilidad, tú ganas,--- recordó con un tono divertido, antes de apartarse de la chica y seguirla con la vista hasta que se colocó en el lugar que, un momento atrás, él había ocupado. Se lavó las manos en el pequeño fregadero de la barra, y observó fijamente a River. ---¿Y bien? ¿Qué te puedo ofrecer esta noche?--- preguntó con un molesto tono pomposo, del tipo de tonos que le había escuchado a los barman del bar del Ritz. ---Sugiero un martini,--- humedeció sus labios discretamente, ocultando una sonrisa que amenazó con escapar de su control, antes de continuar: ---O 'sexo con el bartender',--- no lo pudo evitar y una sonrisa ladeada se formó en sus gruesos labios, a la par que sus orbes azules se mantenían atentos a las facciones femeninas.---¿Crees que alguna de ésas podría sorprenderte?---
Se encontraba haciendo fila en una de las cafeterías más concurridas de Bellevue pero ya tenía mucho tiempo esperando por su turno, por eso se movía un poco para desentumir sus piernas mientras miraba hacia la fila. — Ya me hubiera ido de aquí si no fuera porque este es mi café favorito en toda la ciudad —le dijo a la persona que estaba delante de ella sonriendo suavemente, al menos esperaba que en lo que esperaban alguien hablara con ella, era lo malo de ser tan inquieta y habladora, no era buena esperando.
Haber entrado en ese café había sido un error. ¿De dónde había salido tanta gente? Cuando se dio cuenta, ya iba a la mitad de la fila, y sus cálculos le decían que tardaría lo mismo en llegar a la caja que en subirse en su auto e ir a otra de las cafeterías de la ciudad que servía un café que no le provocaba ganas de querer lanzárselo en la cara al barista. Mantenía su atención puesta en la pantalla de su smartphone, mientras enviaba un par de correos y respondía unos cuantos mensajes de texto, buscando no perder la poca paciencia que tenía, para ocuparse en algo provechoso, cuando una voz femenina detrás de él parecía estar dirigiéndose... bueno, a él. Se volvió a la castaña, y después de dirigirle una rápida mirada evaluadora, el rubio suspiró pesadamente. ---¿En serio? Pareces más una chica de Starbucks,--- comentó sin especial ánimo. ---Y apuesto que el sujeto detrás de ti agradecería que te fueras de la fila.---
@douglasbooth: Glastonbury, we’ve arrived… @tobyregbo @vibereceptor @joshographee x
—¿Ya ves que sí soy buena con todo el asunto de fingir interés? — alzó las cejas tras escuchar la respuesta, permitiendo que una sonrisa bailarina encontrara finalmente la estabilidad necesaria para permanecer iluminando sus facciones. Acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja, decidiendo restarle importancia al asunto de Tony y a las confusiones que quizá no eran confusiones. —Tanta seguridad de tu parte me hace creer que realmente eres capaz de hacerlo mejor que yo, pero… — sus labios se deformaron en una especie de mueca que dejaba en claro que no terminaba de creerlo, pues ella había dedicado tanto en dominar todo lo relacionado con el asunto de ser bartender que lo creía muy poco probable. A menos claro que él tuviera una segunda “profesión” escondida bajo la manga. Resopló por lo bajo tras escuchar su comentario respecto a “ensuciarse un poco”, girando entonces los ojos y haciendo a un lado cualquier pensamiento que le recordara a su padre. —¿Generosos atributos, eh? — alzó las cejas con cierta gracia, moviendo la cabeza en ambas direcciones en una clara negación. —No creo que te haga falta. Parece que haces lo que te propones, así que… — el tono de voz empleado estaba bañado con un tinte retador, pues realmente no podía evitarlo. Y una vez ubicado detrás de la barra, River le echó un vistazo detallado. Cruzó los brazos sobre su pecho y se hizo hacia atrás, como si le estuviera indicando que le dejaba el espacio libre para que hiciera lo que creía que se tenía que hacer. —¿No te bastaría el tener razon? — ladeó el rostro, quizá conociendo la respuesta incluso antes de que ésta fuera pronunciada en voz alta. —¿Qué es lo que quieres? — entornó los ojos en su dirección.
---Ah, pero no estabas fingiendo del todo, ¿o sí? Un buen mentiroso, reconoce una mentira cuando la escucha,--- dijo en un tono más bajo, más secreto, acercándose un poco a la castaña, antes de volver a su lugar. ---Eres buena, sí, pero podrías ser mejor,--- oh y la perspectiva se le antojaba verdaderamente entretenida. La situación, si bien era un poco ridícula cuando se consideraba el tipo de hombre que era Ephraim y su poca habilidad con ese tipo de tareas, tenía un tinte distinto para el rubio, que estaba pasando por alto (olvidando y perdonando, si se le quería poner así) la última vez que había hablado con la chica, aquella vez en que la encontró por la calle y el intercambio de palabras que se dio entre ellos no fue del todo cordial. No. Sin embargo, el alcohol cambia a las personas, y Ephraim Salford siempre había sido más accesible con unas copas de whisky encima, por no mencionar que le otorgaba una mayor disposición a hacer las cosas: a charlar, a apostar, a correr su auto a velocidades ilegales, o a adentrarse en un tonto juego de bartenders. ---Oh, vamos, lo preguntas como si fueras una mojigata que no sabe lo que tiene. No hay necesidad de ser puritana, ¿sabes? No es algo que me impresione,--- muy al contrario, en realidad. ---Oh, claro que lo hago. Soy capaz de meterle un vaso de vodka a un sujeto por la garganta aunque se niegue, si eso significa que voy a ganar,--- la sonrisa que se dejó ver en sus labios dejaba en claro que, por muy gracioso que sonara, no era una broma del todo. El rubio era conocido por llegar a límites insospechados cuando se trataba de salirse con la suya. ---Claro que no. No me gusta conformarme,--- soltó, terminándose su bebida de un trago y acercándose, entonces, a su acompañante. ---Quiero...--- frunció el ceño ligeramente, apoyando las manos en la barra trasera, a los costados de la chica. ---La mayor recompensa que puedas ofrecer,--- sus ojos se fijaron en los ajenos, de tonalidad símil, y añadió después de una pausa: ---Y barra libre hasta que me vaya, claro.---
Permitió que su rostro se girara en ambas direcciones, imitando las acciones contrarias con la única intención de obtener el efecto deseado. La pausa duró lo que ella creyó necesario, finalmente decidiendo otorgarle una respuesta: —Por supuesto que sí — encogió el hombro con ligereza, queriendo restarle toda la importancia a la situación. Cuando lo escuchó hablar de nueva cuenta, las cejas femeninas se alzaron, mientras que un genuino interés pintaba cada una de sus facciones. Lo cierto era que no le sorprendía, pues la ciudad era sumamente pequeña que cualquiera se llegaba a enterar de todo. —¿Estás festejando una victoria más? — se encargó de hacer énfasis en la última palabra, sus orbes bien enfocados en las facciones masculinas a la espera de una reacción por la bebida servida con anterioridad. La sonrisa satisfecha se deslizó en sus labios tan pronto encontró la oportunidad, River encargándose de mover la cabeza hacia ambos lados en un intento de ocultar su expresión. —¿No? Vaya, Tony debió confundirse de botella — aunque claramente Tony nunca se equivocaba, pues siempre se le podía ver atento a lo que ocurría a los alrededores. El hombre, como bien la bartender sabía, podía llegar a disfrutar de las situaciones que él mismo causaba. —¿Me estás diciendo que tú lo puedes hacer mejor que yo? — entornó los ojos, humedeciendo sus labios discretamente. Echó una mirada a los alrededores, decidiendo que se encontraba lo suficientemente lento como para añadir: —No tienes miedo de ensuciarte un poco, ¿no? — formuló, ladeando el rostro hacia la derecha. Tras un momento en silencio, River señaló el lugar junto a ella detrás de la barra. —¿Por qué no me demuestras que cualquiera puede hacerlo? — si la sonrisa ajena pecaba de retadora, la de la bartender debía pasar los niveles normales.
---Una victoria más,--- confirmó entonces, encargándose de enfatizar de igual forma la última palabra, tal y como la castaña lo había hecho, sin poder evitar que una sonrisilla pretenciosa se formara en sus labios, a la par que removía con lentitud el vaso, sin levantarlo por completo de la superficie de la barra. Un resoplido incrédulo dejó en claro que él no creía en las confusiones, pero que sí era lo suficientemente paranoico como para creer que había gente que estaba en su contra, incluso en un tema tan banal como el servir licor. ---Tony debería dedicarse a otra cosa, entonces,--- aseguró, con una mueca desdeñosa en su tez, eliminándola sólo cuando el cristal del vaso volvió a tocar sus labios y bebió. ---Estoy seguro que cualquiera podría hacerlo mejor que tú. Pero sí, eso significa que puedo hacerlo mejor,--- respondió enarcando las cejas una sola vez, sin que la expresión arrogante de sus facciones desapareciera. Y es que en verdad lo creía. A pesar de las pruebas que la vida le había dado que su trato con los alimentos y las bebidas no era especialmente bueno, seguía siendo un fiel creyente de que podría hacerlo mejor que una persona que llevaba años trabajando de eso. ---Si lo tuviera, no sería abogado,--- y sí, lo dijo en un sentido que dudaba que tuviera que ver al que ella había sugerido, pero de todas formas era válido. ---Para emborrachar hombres me faltan un par de generosos atributos, lo admito. Pero para fines generales, sí, creo que puedo hacerlo mejor que tú,--- dijo con una sonrisa ladeada, poniéndose de pie con una elegancia que no debería tener nadie que ya llevaba esa cantidad de vasos de whisky encima, y se dirigió al otro lado de la barra, con un andar prepotente y seguro. ---¿Y bien? Si lo hago, ¿cuál será mi recompensa?---
Permitió que un sonidito similar a un suspiro escapara de entre sus labios, moviendo entonces la cabeza hacia ambos lados en una negación. —Eso lo dices tú — encogió un hombro, esperando con dicha acción restarle un poco de importancia a la situación. Tras pensarlo con detenimiento, se hizo con la botella más cercana y con un nuevo recipiente cilíndrico, colocándolo frente a él y permitiendo que parte del líquido finalmente descansara en su interior. Con el índice y el medio lo movió en dirección a la figura masculina, como si lo estuviera invitando a probarlo. —Si sigues pensando lo mismo, entonces probablemente es porque buscas llevarme la contraria en todo lo que digo — aseguró, encogiendo un hombro con ligereza. —Tony es más inteligente que una simple sugerencia — o quizá Matthew Mercer le había pagado una buena cantidad de dinero para que ni siquiera contemplara la posibilidad. Una vez escuchó el comentario ajeno, River entornó los ojos en su dirección y guardó silencio durante un momento. —Lo mío — pausó tras enfatizar lo necesario. —Es formular las cuestiones y fingir que realmente me interesa conocer la respuesta. En algunos casos es así, pero no siempre — admitió, echando un vistazo furtivo a los alrededores y para así comprobar que el movimiento en el bar no era la gran cosa.
---¿Hay otra opinión que importe aquí?--- cuestionó a modo de respuesta, irguiéndose y dedicando una rápida mirada a las personas que estaban en el bar, antes de sonreír, más por el progresivo efecto del licor que por querer hacerlo en realidad. Empujó sutilmente su vaso al ver la botella que la castaña acercaba, en espera de que fuera llenada una vez más. Como lo había dicho anteriormente, era un cliente de Blue Martini, era un Bechtel, era... Era mejor que el resto, creía. ---Oh, no te lo tomes personal, que ser víctima no te va. Tengo la buena costumbre de llevar la contraria de todas las personas que me rodean. Quizá tenga que ver con el hecho de ser abogado,--- aventuró en un tono confidencial, enarcando las rubias cejas, antes de encogerse de hombros con total indiferencia y tomar el vaso ya servido para darle un generoso trago, que hizo que su ceño se frunciera cuando el sabor fuerte del alcohol quemó su garganta. ---Eso no es lo que me habían servido,--- señaló con un par de dedos, aún sujetando el vaso de cristal. Y lo hizo por varios segundos antes de dar un segundo trago y dejar reposando el vaso sobre la barra, un segundo antes de que se permitiera recargar su brazo en ésta, con los azules orbes puestos sobre la bartender. ---Lo haces sonar como si fuera algo que no pudiera hacer cualquiera. Porque, vamos, ser bartender o mesero lo puede hacer hasta alguien que no terminó la primaria,--- frunció los gruesos labios, antes de resoplar y añadir: ---Si tienes que fingir, entonces no es lo tuyo en realidad. Pero anda, pregunta algo y sorpréndeme con esa habilidad tuya. Ya veré si la creo,--- dijo, inclinando la barbilla y esbozando una apenas perceptible sonrisa que pecaba de retadora.
Ephraim
Era cerca de la medianoche cuando Erion llegó al Blue Martini. Sus colegas de trabajo insistieron en una salida para liberar el estrés y el italiano cedio simplemente para no dar explicaciones, ya que pocos sabían que tenía una hija. Fue el primero en llegar, era inevitable para él no ser puntual, por lo que se puso en la barra y pidió una cerveza. Los segundos eran interminables, la completa soledad hacía los minutos más largos y una mueca de desagrado no tardo en pincelarse en su rostro. De forma discreta comenzó a mirar la entrada, ¿por qué tardaban tanto? El arrepentimiento aumentaba tanto como los entes en esa taberna, así que se levanto y fue a la zona de dardos, creía que estaba vacía pero cierto rostro conocido se encontraba jugando. No tardó en bufar y luego darle un trago a su bebida, definitivamente no era su día.
Ephraim y unos cuantos compañeros de trabajo del despacho de abogados habían decidido ir a terminar la semana a Blue Martini, a brindar por unas cuantas victorias y, también, para olvidar un par de casos perdidos, porque de que existía, existían, que nadie en el mundo es perfecto. Al final, pocos eran los que tenían energía suficiente para pasar de medianoche después de un par de copas y, por supuesto, Ephraim era uno de ellos. Lamentable que sus compañeros no. Con un par de copas encima y energía de sobra como para todavía pasar un par de horas en el bar, buscando algo con lo que entretenerse, se dirigió, copa en mano, a la zona de dardos, donde comenzó a probar su puntería (que no era mala, pero tampoco la de un francotirador). Lanzó uno, que quedó a un par de centímetros del centro, antes de sentir la presencia ajena cerca. Se volvió, y al reconocer el rostro del oh-gran-cuidador-de-las-leyes-de-tránsito, dejó que una sonrisa socarrona se formara en sus labios, antes de decir en voz más alta de lo que quizá era necesario. ---Oh, vaya, pero si es el policía de la diversión. ¿No deberías estar, no sé, poniendo multas para seguir en tu ilusión de que en verdad estás trabajando?---
Meredith, por lo general, era de los pocos clientes que realmente podía mantener a River entretenida con una simple conversación. Por lo que, cuando la otra fémina se despidió, la bartender frunció el ceño con ligereza y alzó la mano en su dirección. Una vez terminó de rellenar por tercera vez el vaso de Bob, la voz masculina de otro cliente logró llamar su atención. Entornó los ojos, escudriñando las facciones ajenas durante un momento. Oh, pero si se trataba de rayito de sol. —¿Despedirme por qué? Éste sí es mi trabajo, y lo hago bien — añadió, claramente refiriéndose al asunto de entregar panfletos. La escena se le antojaba la más lejana de todas, si se lo preguntaban. —Además, ¿vender recipientes de plástico de puerta en puerta? — alzó las cejas, dejando en claro que era una pésima idea. —No es lo mío — agitó la cabeza hacia ambos lados.
La última vez que había hablado con la castaña, no había resultado demasiado bien. En su defensa... No tenía ninguna defensa más que el hecho de que le gustaba joder a los demás, pero ahora, en un estado en el que no cargaba prisas y sí venía de un ambiente de positiva victoria, estaba un poco más tranquilo, más accesible. Sólo un poco. ---¿Eso te hacen creer los clientes? Porque este whisky sabe a que fue rebajado con agua,--- respondió, echándole un vistazo a su bebida, antes de hacer una breve mueca y dejarlo sobre la barra nuevamente. ---Y puede o puede que no haya sugerido tu despido,--- no, no lo había hecho, pero tampoco tenía ganas de aclarar ese asunto. Ephraim tomó una respiración profunda, apoyó el codo en la barra y, posteriormente, su rostro sobre la palma de su mano, observando a la bartender, antes de continuar: ---¿Y qué es lo tuyo? ¿Repartir volantes en las calles? Porque para ese efecto, bien podrías pararte en una esquina también.--- y sí, eso lo había dicho con una intención doble, una intención menos agradable. Nada personal, sólo que cuando no estaba en un juicio tenía problemas usando su colador de palabras.
Quien fuera esa almohada 1313
Y vaya que tiene buena suerte.
{ rowrys }
Un caso más ganado para la firma. Una noche más en que tenía su tercera copa de whisky en la mano. Una noche más en que festejaba en Blue Martini. Y... Una noche más en que estaba aburrido. El rubio fijó su mirada en el líquido ambarino que reposaba en el vaso, como si esperara que con simplemente agitar los hielos, se creara algún tipo de magia y repentinamente, apareciera alguien que hiciera su noche menos tediosa. Cuando vio cerca a la bastarda ésa, esbozó una sonrisa irónica que no iba dedicada a nadie en especial. Sí, bueno, eso no era lo que tenía en mente. Usualmente sus expectativas eran más altas. Pero peor era nada... ---Pensaba que a estas alturas ya te habrán despedido y estarías vendiendo recipientes de plástico de puerta en puerta...--- vaya forma la de Ephaim de iniciar una conversación.
Ese rubio extravagante la había dejado con la palabra en boca y estaba segura que no había manera de que se moviera, pero tampoco iba a dejar que la tratará de esa manera. –Disculpa– gruño mientras sus pasos retumbantes en tacones le seguían el paso. –¡Disculpa!– Llamó una vez más –Necesito que muevas tu bonito auto negro si no quieres que algún inconveniente le suceda– No iba a tomar ningún tipo de cargo cuando bien lo estaba especificado.
Ephraim continuó con su camino, haciendo oídos sordos al llamado que la castaña continuaba haciéndole. Debía de ser nueva en la ciudad, ¿o es que no sabía quién era él? ¡Toda la ciudad lo sabía! No obstante, había un forma fácil de llamar la atención del rubio, y ésa era la de hacerle algo a su auto (o, en este caso, amenazar con hacerlo). Una exhalación pesada y molesta escapó de sus fosas nasales y se dio media vuelta para observar a la chica de pies a cabeza, con nada más que profundo desdén en su mirada. ---Si algo le pasa a mi “bonito auto negro”, mañana tendrás en tu vivienda una demanda por daño a propiedad ajena, y tampoco me molestaría añadir un cargo por amenazas. Y, honestamente, estoy seguro que la reparación costaría más de lo que ganas en 10 años,--- y vaya que podía hacerlo. Que nadie dudara de la prepotencia con que el joven Salford contaba.