Balance
Mañana hará 2 semanas justas que llegué a Palma, y creo que ya toca hacer un balance de mi experiencia en Nueva Zelanda. Que aunque no quiera abandonar este espacio de mi vida, sí que quiero dejar cerrada y explicada la etapa kiwi.
De hecho, si esto sigue, será para explicar la etapa post-kiwi, también conocida como "lo que supone volver a casa de tu madre sin trabajo en tiempos de crisis".
Empecemos. La vuelta fue más traumática de lo que pensaba. A un mes vista de volver estaba contenta como unas castañuelas, y aún más porque el otoño ya se había plantado con ganas en Auckland, y a mí el mal tiempo.. pues como a todos, no me gusta. Pero así como se acercaba el momento, la cosa fue cambiando, y me empezó a dar pena/nostalgia-anticipada todo. Mi casa, mi baño (que tan poco me gustó cuando llegué), mi cocina y todos sus cachibaches, mi vecino Kong (porque a mis vecinos de arriba menos mal que los he perdido de vista, pesadilla!), Esplanade Rd, Mt Eden, K-road, el super chino, Ponsonby, los buses, la casa rosa, Grey Lynn, y un larguísimo etcétera de cosas que habían hecho de mi día a día esa rutina protectora en la que me encontraba segura. Durante la última semana, lo peor fueron las despedidas. Cada cosa que hacía era la última que iba a hacer con esa persona, y así como cada uno de ellos se subía en su coche y se marchaba, me echaba a llorar pensando que quizás pasaran años en volverlos a ver. Ojalá sea que no.
La vuelta fue movidita, pero, después de una parada en Corea de 1 día y medio + 26 horas de vuelos varios, llegamos a Palma. Sanos, vivos y con maletas.
En general la experiencia ha sido buena. Muy buena. Primero, he conseguido sacarme una espina que llevaba clavada desde hacía muchos años. Ya está hecho, fuera de la lista de cosas pendientes. Segundo. A la mayoría de gente que he conocido allí, españoles que deciden mudarse y buscar trabajo, les pueden pasar 2 cosas: que encuentren trabajo o que no. A los primeros, a los que encuentran trabajo, la experiencia les gusta tanto que su planteamiento es el de quedarse "unos añitos" o instalarse para siempre. Ganan experiencia profesional en otro país, aprenden el idioma en un ámbito de trabajo, ganan bastante pasta con lo cual pueden hacer muchas cosas, y además, tienen la satisfacción personal de haber encontrado un trabajo. A los segundos, como yo, que no hemos encontrado un trabajo (serio), pues siempre te quedas con la sensación de no haberlo conseguido todo. PERO, el no encontrar un trabajo te obliga a buscarte las castañas y descubres facetas tuyas que probablemente de otra manera no hubieras descubierto. Me hubiera encantado trabajar allí. Sí. Pero también reconoceré que así como aterrizaba en Auckland, y la gente me contaba las maravillas de los sueldos, una parte de mí se preocupaba, porque en el fondo me fui con ganas de volver.
Ahora, ya todo se ha quedado allí. Y cuando yo me acuerdo de aquello, allí es de noche y todos duermen. Me quedan las amistades y los recuerdos, el idioma (aunque visto lo visto en las ofertas de curro, me va a tocar ponerme con el ruso en breve..), haber "trabajado" en un zoo, haber hecho de au-pair a un perro, haber aprendido un montón de recetas asiáticas y australianas (de Donna Hay), ah! y a plachar camisas xD. Además de muuuuchas, muuuuuchas fotos.
Lo echo de menos. Mucho. Pero ya está, y oye! como me pasaba cuando me mudé de Barcelona. Siempre estará allí, y siempre podré volver. Pero ahora toca empezar aquí de nuevo. Así que.. si alguien sabe de algún curro, que me avise!! :D.



