"La naturaleza secreta de las cosas de este mundo" de Patricio Pron
Ana Mendieta
Patricio Pron son siete libros de relatos, seis novelas, dos ensayos y un diario de sueños y yo diría que es también un firme defensor del género breve, de la experimentación narrativa y la intersección entre ficción, poesía y pensamiento. Ha sido traducido a más de una decena de idiomas y, como se suele decir de los actores y los invitados especiales, quizá lo recuerden por títulos largos y difíciles de memorizar como El comienzo de la primavera (2008), El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia (2011), La vida interior de las plantas de interior (2013) —uno de mis favoritos—, No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles (2016) o Mañana tendremos otros nombres (2019).
Autor prolífico, Pron coloca siempre a la literatura en un contexto de crisis y posibilidades, en un fin de época y, por lo tanto, en un comienzo —el canto de una moneda, la bisagra— donde habrá que interrogarse sobre las posibilidades de la ficción como una herramienta útil para desentrañar el mundo, algo sobre lo que reflexionaba el año pasado en el ensayo No, no pienses en un conejo blanco: literatura, dinero, tiempo, influencia, falsificación, crítica, futuro, publicado por el CSIC. Todos ellos son temas inagotables y recurrentes en las obras de Pron, pero se revelan especialmente aristados / poliédricos / complejos en este nuevo título: La naturaleza secreta de las cosas de este mundo, que además supone la entrada de un autor fundamental de la contemporaneidad en el catálogo de Anagrama.
Esta nueva novela, que en realidad se compone de dos nouvelles, que a su vez contienen mapas, trayectos, referencias literarias cruzadas y hasta una reveladora coda únicamente disponible online, está protagonizada por Olivia y Edward Byrne, padre e hija, que realizan caminos paralelos, líneas de fuga imparables. La primera, marcada por la desaparición del segundo. El otro, condicionado por el misterio, el impulso de escapar del mundo en que vivimos. Pero incluso antes de llegar a ellos, una de las citas iniciales, extraída del libro Cuando la casa se quema. Desde el dialecto del pensamiento de Giorgio Agamben (Adriana Hidalgo), nos advierte de que la gente finge vivir en lugares que ya no son los que eran. Diría más, nos anima a despertar y ser conscientes de que la gente finge vivir, a secas. En ese mismo ensayo —que aprovecho para recomendar entusiastamente—, Agamben escribe: “El lenguaje de los poetas es siempre un lenguaje muerto… curioso de decir: lenguaje muerto que se usa para dar más vida al pensamiento”.
Los protagonistas de Pron, cada uno llegando ya al final de su relato se plantean en momentos diferentes algo similar:
Olivia: “la historia que narra cierra en falso, como la mayor parte de las historias historias reales, y el texto pasa —desde el momento en que su autor pone le punto final— a habitar la zona ambigua en la que solemos pensar que existen las cosas que hemos hechos y vivido sólo a través de los relatos breves y de las novelas y los filmes y las obras de teatro, una zona presidida por una intensidad mayor que la de lo real, donde se manifiesta la naturaleza secreta de las cosas de este mundo”.
Edward: “Necesitamos la ficción para convencernos de que las cosas pueden ser distintas de como son, para continuar creyendo que existe algún tipo de diferencia entre lo que hacemos y lo que —aparentemente, “sólo”— imaginamos y porque, en nuestro deseo de comprender la naturaleza secreta de las cosas de este mundo, sentimos una necesidad irreprimible de consuelo”.
Vemos, pues, que la perspectiva de esta novela es ciertamente luminosa. Yo diría contrastada. Siempre incómoda. Nada complaciente en sus afirmaciones. Segura de saber muy pocas cosas con certeza. Y es también esta la novela de dos huidas, de varios artistas y diferentes maneras de enfocar su oficio y, desde luego, de la vida como arte, como espacio único y posible para la emancipación, igual que sucedía en Al faro de Virginia Woolf, cuyas cuestiones centrales Pron revisita aquí con una agudeza inusitada.
Y tirando de ese mismo hilo woolfiano, es una suerte presentaros hoy esta novela fresca "cual regalada a unos niños en la playa".
Algunas preguntas para Patricio cuyas respuestas nunca aparecerán en este tumblr y que hoy pueden servir como guía de lectura / molestia / manual de pedantería
Hay muchas, muchísimas cosas que me gustaría comentar. Y creo que va a ser muy difícil no caer en el spoiler, aunque lo intentaremos (conste que yo opino que esta es una novela que, sin prescindir de los resortes y la tensión de una buena trama, trasciende con mucho la acción general para centrarse en gestos concretos). Pero empecemos por el principio, por el final, por el todo: ¿en qué momento comienza a escribirse La naturaleza secreta de las cosas de este mundo? Y cómo surge ese título, esa frase que aparece diseminada en varias ocasiones a lo largo del libro y que incluye en la sencillez de sus tres sustantivos una enorme complejidad: naturaleza, cosas, mundo.
¿Por qué este vínculo tan fuerte con las artes plásticas, con la reflexión sobre el final de la modernidad, la mercantilización? ?Son quizá disciplinas más próximas al cuerpo y por lo tanto más reales (el personaje de Emma y Ana Mendieta) o muy por el contrario sirven para que reflexionemos sobre cuestiones que a menudo nos parecen abstractas (y de hecho lo son a medias) como el tiempo (véanse los cuadros del personaje Edward Byrne)?
Decía antes que es evidente el homenaje a Al faro de Virginia Woolf, a Henry James, pero no solo. Son muchísimas las referencias literarias directas e indirectas que recoges en el epílogo físico del libro. Pero ¿qué supone La naturaleza secreta de este mundo en el conjunto de tu obra? Dices al final que hay personajes que aparecen y desaparecen, que huyen, entran y salen. ¿Cómo se relacione este con tus demás títulos?
La reflexión en torno a la libertad —al libre albedrío— es la cuestión central de la novela. Hablas de algunas lecturas para ti relevantes en el proceso de escritura como Maggie Nelson o Sara Ahmed (yo pensaba también en Todos los cuerpos de Olivia Laing). ¿Por qué emprender ahora, en este momento concreto de la historia, el regreso a un tema clásico?
Hay también una reivindicación de la existencia más allá de los documentos oficiales, del relato constante y ruidoso que hacen sobre nuestro tiempo las instituciones y los medios de comunicación (esas guerras de las que Edward ni siquiera ha oído hablar mientras comparte conversación con Paul y Tobiah). Me ha hecho pensar en Orlando. Mi biografía política, el primer filme de Paul B. Preciado. ¿Es el estado la principal máquina de represión en nuestros tiempos?
Me resulta muy interesante también el lugar que ocupa el trabajo físico extremo (precarizado) como un modo de liberación corporal. Es muy interesante y contradictoria esta vía, que además elige el personaje de Edward (diría que desde un lugar acomodado, aunque no se habla demasiado sobre eso) frente a otras como el arte.
La posibilidad de imaginar un espacio. Mánchester a través de Google Maps. ¿Imaginar lugares nos conduce a no lugares, como los llamó Marc Augé? ¿Es el no lugar un espacio para la imaginación y la intimidad hoy en día mucho más que otros paisajes demasiado connotados?
[este texto foi lido durante a presentación de La naturaleza secreta de las cosas de este mundo na libraría Moito Conto (A Coruña) o 18 de outubro do 2023]












