Otra noche de insomnio como las miles que pasaron y que creíste que ya no volverían.
Otra noche de silencio irrompible que creíste que no volvería a pasar.
Otra noche de que ya no importa, pasará, la empatía no existe y el corazón anda, desparramado en cada rincón de la casa.
El alma tirada en el piso. Agonizante y adolorida, escondida en algún espacio que el mundo prefiere no ver.
El daño queda en la nada y la vida fuera sigue con lo común y cotidiano: sueños nuevos, gente viviendo.
Mientras, esos pedazos siguen ahí... Sin encontrar retorno jamás. Y ella, lastimada. Sin encontrar salida de la oscuridad.
Años, historias, nunca encajar. Ese dolor no encontró salida ni acá ni allá.
Ella es así y nadie lo entenderá jamás. Sus sentimientos y necesidades no son igual a los de otros, su sensibilidad es frágil, muy frágil.
Necesita que la cuiden o se destroza. Que la vean o se siente invisible. Existir para quien ama o se muere.
Lastima que no vino con Manuel de instrucciones así no se rompía tantas veces. Así no subía y bajaba tanto. Así no buscaba llamar la atención por un poco más de amor intenso.
Ojalá fuese todo diferente, ojalá fuese otra persona que no sintiera, ni necesitara tanto de otros. La vida se vuelve cada vez más difícil. Y dolorosa. Que no hay solución.





















