Permítete recordar, a ti, el que está leyendo, que necesitas hacer más. Más en un sentido físico, en un sentido que abarque valores y no ideas. Permíteme, también, recordarte algo acerca de lo último: Un trato. Tres meses. Tarea sencilla: fotografiar a un loro. Una tarea para un ser querido.
Pasaron días, ideas. Muchas ideas, ahora recuerdo. Ideas de ellos, de ojos ajenos. Recuerdo un texto antes leído, del mismo autor, me parece. Pero qué distinto son los tiempos; decía: "deja de atender ojos ajenos". Y me envolví en deseos sin cumplir, en posibilidades, en miedos y risas, casi todas involuntarias. No puedo impedir que esta fuerte corriente me arrastre (algún otro autor había usado estas mismas palabras antes, lo sé. Me parece que Murakami), y que no tiene forma de parar. Así lo veía. Estaba en lo correcto, no para, pero se puede detener, por lo menos para mí. Y hoy desperté sabiendo eso, con tranquilidad y paz y con ansias de lo importante. Por eso tomé la cámara, pasé un buen tiempo sin recordar y después tuve un pequeño momento de lucidez para poder hacer mío lo importante y accionar, tomar la foto de un loro que salió de su nido, asomado, y de otro que buscaba la última luz del día sobre una rama, cantando, quizá llamando a su familia, diciéndoles que quedaría poca luz, que se podrá dormir, que está bien, que estamos juntos, quizás.
Y yo ahora tengo una herramienta para mi ser querido y un buen sentido para una sonrisa.