Esta historia a continuación relata eventos de mi vida desde lo más profundo de mi corazón, para desarrollar un problema que me carcome y que afecta mi calidad de vida.
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Este problema no sé como comenzó, solo sé que estoy llena de recuerdos que definitivamente me marcaron.
Por supuesto que esos recuerdos comienzan desde la infancia, todos esos flashback acerca de los abusos y de como veia a mi papa tratar a mi madre.
Al ser tan joven y no conocer el mundo, tenia a mis padres en un pedestal. Mi papa era mi modelo a seguir hasta que ya no lo fué en el momento en que nos confesó haberle sido infiel a mi madre y que su amante lo estaba amenazando.
Comencé a tener novios a los 13 años. Sin embargo, mis relaciones largas han sido pocas. La primera duró alrededor de dos años, en el bachillerato. Fue algo inocente, un amor sin profundidad, pero lleno de ternura, marcado por las emociones y las hormonas propias de la adolescencia.
De esa relación recuerdo que llegamos a establecer una dinámica extrañamente restrictiva. Definimos límites claros y creamos reglas para no faltarnos el respeto. Tales como no ver ciertos programas de TV, pedirnos permiso para hacer cualquier cosa de nuestro día a día, desde ir a la panaderia o ir a casa de amigos. Algo exagerado para nuestra edad, pero que, de algún modo, funcionó.
Después de eso vinieron amores fugaces, amores ligeros, amores pasajeros. Hasta que llegó mi primer verdadero amor.
Ese primer verdadero amor duró casi cuatro años. Fue la relación que más me ilusionó, la que más me llenó. Amaba sin miedo, sin reservas, sin dudar. Le entregué mi corazón entero, puro y completo, sin guardar nada para mí.
En paralelo, se desarrollaba el caos en la relación de mis padres. Observaba actitudes de mi padre que no estaban bien, y aunque sabía que mi madre también era consciente, ambos continuaban siendo mi modelo a seguir. Aunque en aquel entonces no reflexionaba demasiado sobre el matrimonio ni las relaciones largas, de manera absurda, quería alcanzar con mi pareja la misma longevidad que mis padres tenían, aferrándome a sus consejos que, al final, resultaron inútiles.
Sin embargo, cada vez que veía esos comportamientos de mi padre, algo en mí intentaba inconscientemente evitar que se repitieran en mi relación.
No sé cuándo ocurrió... pero comencé a indagar. Y entonces, mi tormento llegó.
En la universidad, había una época en la que pasaba casi todos los días enla casa de mi novio. Cuidaba a su perro, esperaba a que volviera del trabajo. Mientras tanto, hacía tareas de la universidad o me distraía jugando en su computadora.
Hasta que, un día...
Abrí su navegador y revisé su historial. Estaba lleno de contenido para adultos. Mi inocencia me llevó a pensar que debía ser un error. ¿Cómo alguien que dice amarme podría buscar algo así teniendo todo de mí? No lo pensaba desde el ego, sino desde la confusión que invadía mi mente: ¿dónde estaba la fidelidad? ¿Por qué sus ojos buscarían a alguien más, alguien que no amaba? Esas preguntas, y muchas más, se apoderaron de mi cabeza. No lo entendía. Lo sentí como la traición más grande del mundo, quizá porque temía que mi relación terminara como el matrimonio de mis padres.
Intenté mantener la calma. Cuando llegó del trabajo, lo enfrenté. Lo negó todo y me dio una excusa absurda, sin admitir lo evidente.
Y aun así, decidí creerle. Y ahí, me rompí. Por que fue justo en ese momento que normalice todo lo que se venía.
Continuará...














