Siempre he sentido que los pescados tienen una expresión de angustia.
Quizá los peces, mientras están vivos, tienen una cara de nada, como si no pensaran. Pero cuando están muertos parece como si los hubieran matado muy por sorpresa, como si su cara fuera otra y la cara que tienen de muertos es una cara de susto que se les queda. Aunque el gesto no cambie en lo más mÃnimo: la falta de carne en la cabeza me hizo inferir que no tienen músculos faciales.
De niño me parecÃa cruel comerme los ojos de la mojarra y al tiempo me invadÃa el terror de que pudiera verme desde ahÃ, indefensa, recuperando con un tenedor la carne de su cuerpo humeante. SentÃa que en su mente de pez muerto me juzgaba, y la culpa me hacÃa alimentar sin falta al pez dorado de mi abuela; como si fuera una restitución de honor al gremio de los peces espolvorear en exceso las hojuelas de alga en el cielo de su mundo-pecera.
La entendà hace poco, la angustia del pescado. Porque su nombre cambió desde el momento en que murió. Ya no fue pez, sino pescado. Como decir que yo dejo de ser hombre porque muero, porque no estoy. Es que no hay otra forma de matar a un pez, sino pescándolo; por eso el nombre le ha cambiado. El pasto que lanza la podadora no se empieza a llamar podado, ni al morir las cucarachas y las ratas se llaman envenenadas. Algo de respeto hay en decir "perro muerto" y no "atropellado".
Pero no. Pensándolo bien, no he entendido esa angustia. No he entendido nada.



















