[ basado en hechos reales alterados para su dramatización]
Hay una luz en este cuarto, iluminando solo lo que desea, arriba de tí en tu cerebro. Las paredes te abrazan, tus hombros, tus piernas; hasta que solo quedan tus memorias – memoria sobre memoria sobre memoria– los sentimientos de nuevo en la superficie.
Es en Praga donde todo debió quedarse. Praga donde todo pertenece. Pero los recuerdos no son estáticos, no los puedes abandonar tan fácilmente como el lugar, un día te encontrará de nuevo el pasado y descubrirás que en realidad nunca se fue.
“Fue en Julio, 2019 , antes de todo –” pasas una mano por tu rostro, las memorias se filtran en el aire“ – 20 algo con mis amigas, decidimos viajar por Europa juntas-
Estábamos en un hotel en Praga–¿ el nombre? no sé, pudo haber sido cualquier cosa, estaba en Checo. Ninguna de nosotras hablaba checo. Lo que sé. Lo que recuerdo es que no estábamos en el primer piso y podíamos ver la calle enfrente del hotel…los edificios, los árboles y los sonidos de esta ciudad filtrándose por la ventana.
Atrás del hotel había un centro comercial, donde habíamos comprado ropa deportiva. Fue ese día de Julio que decidimos salir a correr, estirar las piernas, forzar la dopamina, endorfina a nuestro cerebro y liberar nuestros músculos.
Salimos. Tomando ritmo mientras tratábamos. Una cuadra, otra cuadra, giramos a la derecha– la arquitectura alrededor mostrando la vejez de esta ciudad. El cielo claro.
No vimos personas en la calle mientras trotamos por sus banquetas. Volteo mis ojos a la derecha y estos encuentran un parque, árboles un verde increíble de verano; A diferencia de la calle si hay alguien en el parque. Una señora, arrastrando una carriola con una mano, con la otra jalando a un niño.
Pasó un segundo, la señora volteó al mismo tiempo que nosotras. Desaceleramos un poco, desconcertadas con lo que veíamos. Pero continuamos. Continuamos por las cuadras y aquella escena continuaba con nosotras.
Más allá del parque hay un bloque de apartamentos, sus ventanas mirándonos a través de los árboles del parque.
La luz parpadea. Miras hacia enfrente, el mundo se traba.
“Un hombre nos estaba siguiendo. No recuerdo su rostro ya que fue una de mis amigas la que notó sus pasos detrás de los nuestros. Este ser sin rostro continuó marcando nuestros pasos hasta que corrimos, a través de las cuadras con sus edificios acercándonos mientras cruzábamos el frente de nuestro hotel hasta el parque.
Sentí un escalofrío al llegar. La mujer de la carriola seguía ahí.
El cielo seguía claro arriba de nosotras, pero el mundo perdía sentido.
Entramos al parque cruzando a la señora, su mirada siguiéndonos mientras íbamos al otro lado del parque; pude ver al niñito de cerca, vestido tan solo en su pañal y descalzo, su rostro sucio y descuidado; sus pies embarrados de tierra y suciedad que se extendía a sus piernas. Sus pies luchando contra el agarre de la mujer, un agarre rígido e incómodo en el brazo del niño.
Pasamos a las gradas para estirar, la mirada de la mujer continuaba en nosotras, el niño continuaba retando la mano de la mujer. Los árboles murmuraban entre sí, voceando mis propias dudas al aire.. ¿ Era esa mujer la madre del niño? ¿un familiar o una niñera? ¿Por qué estaba descalzo el niño? ¿Estaba tratando de zafarse de la mujer por curiosidad? ¿o porque ella era un extraño? ¿ debería hacer algo?...la carriola no tenía nada en ella del niño, ni la señora, ningún juguete o alimento. Solo era el niño, la carriola y la mujer. Eran un misterio y no podía desprenderme de su respuesta. Los ojos de la mujer eran agujas a nuestras espaldas.
El cuarto y sus paredes empiezan a desaparecer mientras la luz llena todo, tus pensamientos al aire
¿Alguna vez han escuchado a alguien golpear una ventana?¿ La impotencia en cada golpe al estar detrás de esa barrera transparente?¿ Cuando esa barrera que te defiende del mundo exterior parece volverse en tu contra? Fueron los sonidos de esa impotencia lo que nos hizo voltear a las ventanas de la zona residencial , los golpes resonando entre los árboles.
Era un hombre el que estaba detrás de la ventana, gritando algo en checo hacia nosotras. No sabíamos qué hacer ni pensar y yo desesperaba por saber qué era lo que intentaba decirnos.
No había otra opción. Nos acercamos a la mujer y al niño y le preguntamos si nos podía decir que estaba diciendo ese hombre. El niño continuaba balbuceando, ignorante a los gritos, a los ojos de la mujer retrayendo en sí mientras bajaba su rostro.
“No se nada, yo no sé nada” dijo, poco a poco retirándose hacia atrás “No se nada, déjenme en paz.”
Creímos que no nos estaba entendiendo, los golpes de la ventana volviéndose más rápidos detrás de nosotras, como un reloj contando nuestros segundos. Tratamos de preguntarle otra vez. El tiempo se detuvo.
La mujer jalo al niño, sus pies torpemente trataba de mantener el equilibro “No se nada” dijo, sus ojos viendo a través de nosotras.
Continuó jalando al niño mientras éste tropezaba, sus pies raspando contra el suelo.
Los árboles callaron y el cielo se oscurecía. No sabíamos qué hacer y al voltear a la ventana noté que el hombre se había ido.
Todo parecía mentira y el cielo se llenaba de nubes.
Solo había una cosa que hacer.
Seguimos a la mujer. A Través de las calles que habían sido antes tan solo un par de vueltas , ahora los edificios se volvían los muros de un laberinto, las ventanas de los edificios nos seguían en esta persecución.
Paso tras descalzo paso del niño los seguimos lo más discretamente posible. Las rueditas de la carriola sacudiéndose en la calle, nuestros corazones dando golpes en nuestro pecho, esperando encontrar alguna respuesta.
La mujer dio una vuelta, su figura desapareciendo por la esquina. Mi amiga apuntó a un letrero . Habíamos llegado al metro, sin embargo su entrada no era amplia sino era un corredor estrecho, con una luz pálida emanando de él. Nos miramos y juntas bajamos por aquellas empinadas escaleras debajo de la tierra.
La luz dentro parpadea, acercando y alejando nuestras sombras, nuestros pasos causando ecos que se movían alrededor de los pilares, acompañando el tenue sonido del metro alejándose.
La luz continúa parpadeando. Una mujer con la carriola estaba ahí. No volteo a vernos y sin embargo sentí esas agujas devuelta. Examinándonos. Solo éramos ella y nosotras.
El niño no estaba y yo no estaba segura si era esa la mujer que vimos en el parque. El niño no estaba y el sonido del metro se alejaba, dejando solo nuestras respiraciones y el crujir de las luces que parpadeaban como una advertencia.
La mujer no producía ruido alguno, pero lentamente movió su cabeza para mirarnos. Las luces aumentaron su parpadeo. La mujer continuó volteando.
La luz pareció gritar con su intensidad.
Corrimos fuera de aquel metro, a través de la oscuridad de la ciudad hasta nuestro hotel. Mi amiga apretó y apretó los botones de los elevadores. Todos estaban fuera de servicio.
El viento sacudió las puertas del hotel. Tendríamos que ir por las escaleras. Piso tras piso corrimos hasta por fin llegar a la habitación. Cerramos la puerta. Pusimos la cadena. Giramos el seguro y lentamente retrocedimos a nuestras camas.
No nos quedó nada más que reír, los nervios de lo ocurrido estaban demasiado vivos para volverse en los fantasmas del presente. Necesitábamos distraernos así que prendimos la televisión. Pero sus imágenes no fueron ningún alivio.
Mostraban nuestro hotel y la cámara segundo a segundo se acercaba a la ventana donde estábamos.
“¡Apáguenlo!” Grito mi amiga. Y eso tratamos de hacer pero el botón no funcionaba. Corrí hacia la ventana, jalando las cortinas. Volteé a la televisión y la cámara se acercaba más y más y más.
Mi amiga corrió detrás de la televisión y jalando el cable la apagó, nuestros rostros reflejados en su pantalla. Nos miró a todas “Les dije que la apagaran!”
Un toque en la puerta la interrumpió. Todas volteamos. Otro toque la siguió, y otro y otro, la persona detrás volviéndose cada vez más y más desesperada.
Nos metimos en las camas, esperando a que la persona se alejara, mientras continuaban sus golpes a la puerta. Yo temía que empezara a gritar y reconociera la voz del hombre del parque”
Nos miras directamente a los ojos, tu cara alumbrada por nosotros en este cuarto olvidado en tu memoria.
“Nunca volvimos y cada día nuestra memoria se vuelve más y más borrosa acerca de lo que pasó” Cierras los ojos y exhalas.
Terminaste. Puedes continuar.
La luz parpadea y volteas.