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@paulavior
Infinita
Paz
Al cielo, tus estrellas.
Teníamos por lo menos dos cosas un común, una era que nos amábamos y la otra que no sabíamos convivir en el mismo lugar. No sé porque pero nos rechazábamos de forma casi inesperada frente a la vida.
Yo estaba seguro de que no volverías, porque tu cabeza, llena de pájaros, te llevaba volando hacia otra dimensión muy alejada de nosotros. Y yo quería seguirte, pero tuve miedo, nunca antes había volado, ni siquiera me lo había planteado y, a pesar de darte alas, no pude seguir tu vuelo.
Te miraba y te volvía a mirar, estabas perfecta al amanecer, tus caderas remolonean entre las sábanas y tú sonríes. Yo te miraba como despedida, cada vez que volvías me prometía que sería la última y últimamente habíamos amanecido juntos más de tres días por semana.
No teníamos una relación, de eso estoy seguro, al menos no de esas que acostumbra a tener el mayor porcentaje de mortales, nosotros solo íbamos y veníamos, nos moríamos de ganas por quedarnos, pero no supimos cómo hacerlo.
Entre tanto aún me quedaba alguna foto, alguna en la que sonreíamos, en la que se escondían tantas historias... Una vez miramos el cielo mientras conversábamos, nos quedamos ahí parados y tú sonreías, mirabas y me contabas tus sueños, tu cara se iluminaba y yo solo podía pensar en porqué.
Un tiempo más tarde, estábamos a kilómetros de distancia, nos extrañábamos sin saberlo, o sin querer reconocerlo y fue entonces cuando me llamaste, ¿te acuerdas? Me dijiste que estabas bajo el cielo más hermoso del mundo, te veía sonreír en mis recuerdos y seguía enamorándome de tus ilusiones, de tus sueños, de ti.
Ahora miro al cielo y aunque sé que ya no vas a volver, todavía sonrío al ver tus sueños cabalgando entre las estrellas.
Con los ojos que me miras
Soñarme bonita,
con los ojos que me miras,
con los besos que tapan
mis defectos
heridas.
Solo quería
un mar
en calma
- El tiempo, eso es -
Al final el tiempo se mide en recuerdos, los que tenemos a mitad de camino, los que nos hacen reír a carcajadas, los que nos dejan lecciones.
Los mejores instantes se miden en besos, en sonrisas y en llantos, se cuentan con las despedidas y con las veces que abrazamos.
El tiempo, desde luego, es relativo, se mide con personas, con copas de vino y con mensajes bonitos.
Casi incalculable la cantidad de tiempo que perdemos, sin saberlo aún perdido.
El tiempo, como todo, pasa.
Pasa y llega.
Y siempre, todo, es cuestión de tiempo.
Saborear el viento.
Golpea fuerte.
Cambia rumbos.
Viene y va.
🎵 Estoy buscando melodías para tener como llamarte 🎵
Soledad, la auténtica sonrisa.
Era como una tormenta de verano, así era su risa, así, al menos, la recuerdo.
Las historias que guardaba eran tan duras que cada vez que me las contaba, sufría por oírlas. Yo no sabía del dolor, no había conocido la desgracia, la falta, ni la dictadura de Pinochet. Fueron años de terror y miedos para todos aquellos que enfrentaban sus órdenes a golpe de tomas, de terreno y de conciencia, de las que aún queda en las calles, de la que aún cortan la respiración cuando ella me las cuenta.
De un lugar tan rico, a un desierto tan pobre, así fueron pasando los sueños, los anhelos y los golpes de suerte en la vida. Soledad si conocía, Soledad aún vivía acompañada de ese recuerdo, del si y del no, de los militares a la puerta de su casa y los refugiados bajo la cama que su mamá escondía, quizá pensando que así alguien también guardaría al papá que hacía meses había salido, pero que nunca regresa.
Han pasado tantos años desde aquello, para ella son inmensos ayeres los que la despiertan al terror de “los milicos” a la espera en su puerta. Será por eso que sonríe, porque sabe que ya vencidos, ha logrado unir al pueblo y en su junta de vecinos, ella tomó el cielo. Prometió que en su pueblo no habría más hambres desdichadas, prometió cerrar heridas sin esconderlas bajo la alfombra, más bien luciéndolas, esas hermosas cicatrices que hoy me cuenta.
En la toma era una niña, creció como flor entre maleza, buscando como contar sus sueños, entre tanta pesadillas. Llegó a La Bandera en caravana, tomando la tierra, imponiéndose a la vida, sin siquiera haberla vivido. Se hizo ahí mismo roca, se endureció por fuera, para guardarse de lo débil que se creía por dentro. Aprendió a luchar desde joven, a imponerse a las normas contra el pueblo y a defender su barrio. Amó con locura a dos hombres, uno que la odió con fuerza hasta que logró escaparse y otro, otro que la quiere a su manera.
Soledad, fue apodada como Sol, porque allá donde se acerca ilumina, aunque la adversidad trate de apagarla, la lucha es aún más fuerte cuando la vida apremia. Quizá por sus dos hijos, por la mamá que aún lucha, por las horas de desvelo, por ser la mayor de la familia, por crecer sin un hombre jefe, por hacerse valer ante la vida, no sé porque será, pero aún se ríe a carcajadas.
Ahora Sol brilla.
La bandera, Chile.
Lejos de la ciudad.
“No saben de dónde vienen y menos...a dónde van”
VIOLACIÓN
La apropiación indebida
en la tierra
Joder, a veces todavía dueles.
Joder, a veces todavía dueles. Cuando llega el frío y me falta una cobija, me acuerdo del calor de tus brazos...y se queda helado.
Cuando suena esa canción que no me dedicaste, pero que tantas veces escuchamos juntos, esa canción que habla del amor que nunca reconocimos, esa canción para cortarse las venas si tú no estás.
Pero cuando más me dueles es cuando me desvelo, cuando en mitad de la noche volteo a verte y no estás, nunca estuviste quizá, pero ahora...dueles.
Una pausa para continuar,
una pausa para tomar aire,
una pausa para decidir,
pero siempre... continuar.
En contra del mundo que nos exige alzarnos fuertes ante una sociedad sin piedad, a veces es necesario reencontrar el lugar al que llegamos, el que nosotros mismos elegimos seguir.
Y al despedirme, no quiero saber nada más, sólo quiero llegar a dormir y esperar poder encontrarte en mis sueños.
SuspirosAlAire (via suspirosalaire)
No me siento perdida. Es sólo que no sé dónde termina el mar que llevo dentro y a veces me ahogo.
Elvira Sastre (via poesianoerestu)
Fugaces
Y en la noche, solo con la noche, en mitad de tanta estrella; nada brilla. Luce tu idea en tanto ruido, que apaga cada estela desperados, que deja luz en todo el camino, que prende el mar bajo las sábanas que alejan de este mundo tan perfecto, donde todo parte por tus huesos, que cansados piden clemencia a los brazos que intentan alcanzarlos. Huye cuando aún te dejan, de la tempestad de mis deseos, que inmersos en tanta cordura, pierden parte al parar a ver, los mismos ojos que te miran, los mismos besos que te cubren.
Alcanza con tus dedos a soñar, que el cielo está tan cerca, que solo con dos cuerdas llega, que solo de estas cuerdas vuela. Imagina, que tras tantos puntos muertos, aún nos quedan tantos vicios, que solo por ganarlos muero en cada una de tus SONRISAS, que apuntan con la dedos a la vida, la misma que quisimos compartida, la misma que perdimos en la brisa, la misma que soñamos en cada canción que no pude cantarte, por miedo a despertar con ruido los “tequieros” que nunca te he dicho.
Al menos toca el cielo cuando te pierdes en secreto, entre las piernas que entrego para soñar tu utopia donde nos devoramos, donde tu sexo es el mío, donde gritamos sin miedo, donde saboreo tu cuerpo. Abre aún tu verso a esta poesía que escribo, cuando susurraba mi nombre y me pides que llegue, donde aún no llegamos, por sentirnos tan lejos entre tanto espacio al cambio.