El sacrifico por el cine
Bueno, THE ASCENT (1977) acaba de entrar a la lista de mis películas favoritas de todos los tiempos; simplemente ve esa increíble cinematografía de la nieve, la primera escena con toda la gente saliendo de entre las montones y corriendo por sus vidas, la forma de dirigir miradas, ¡y que miradas! Sotnikov transmite tanto en todo momento con solo observar, y ni hablar de la forma en la que en serio cambio mi perspectiva sobre la lealtad y el honor. Una belleza cinematográfica de una de las mejores directoras del siglo pasado, una tragedia que nunca pudo llegar a hacer más.
LARISA (1980) es una última carta de amor de dos amantes unidos por la pasión por el arte y el espíritu revolucionario, retrata la vida de Larisa Sheptiko y su temprana muerte durante la producción de su siguiente proyecto, el mejor acompañamiento a The Ascent, su última película y una de las mejores obras salidas del cine soviético. En lo que podemos ver de su trabajo, Sheptiko muestra una sensibilidad por el individuo como símbolo del espíritu de una nación en cambio, sus películas fueron épicas y profundas, pero también terriblemente humanas; llenas de dudas y pasión.
En contraste con el nuevo cine alemán el cine soviético de los 70´s es muy interesante; podemos ver en el documental de Larisa y en sus películas un rigor y un orden muy preciso, lo cuál no es sorprendente ya que literalmente arriesgaban sus vidas en busca del proceso artístico, no es posible que grabar a esas temperaturas no fuera mortal. El cine alemán, por lo menos el de Fassbinder, muestra otro lado de la moneda.
BEWARE OF A HOLY WHORE (1971) es Fassbinder dando al espectador una probada de como eran sus rodajes, otro cineasta que se nos fue muy rápido, Fassbinder aprovechó su tiempo bien; en solo 26 años hizo 44 películas y podemos ver en Holy Whore el porque. La película retrata el proceso de filmación como un evento caótico, lleno de sexo y violencia, a pesar de que nada se está haciendo todos se la están pasando bien, excepto por el productor y el AD, claro.
Vemos en Fassbinder un estilo totalmente distinto a Sheptiko, la cámara es rígida y el enfoque está en los personajes, las actuaciones son dead-pan y usualmente inexpresivas, excepto por cuando son explosivas. La historia es solo un retrato, casi documental, de un proceso, no se nos da ni principio ni final; solo fragmentos de un proceso que parece infinito y como afecta a todas las peronas que se esfuerzan por llevar a cabo este proyecto.
En estos dos directores podemos ver personas que creaban como si su vida dependieran de ellos; dos vidas que terminaron muy temprano pero que dejaron un huella, cada una de su propia manera. Personalmente yo soy más fan del estilo, tanto en el proceso como en el resultado, de Sheptiko, pero Fassbinder retrata algo de la escena queer de la Alemania dividida que da mucho de qué hablar.

















