El Hombre
La luz apagada.
Abrí poco a poco los ojos mientras la música llenaba mi cuerpo.
La luz apagada.
Estaba solo y sentía el sudor en mis manos, era de esas noches en las que podía enloquecer, enloquecer de verdad sin que nadie supiera nunca de mi locura. Era de esas noches en las que sentía libertad, en nueve metros cuadrados, sentía libertad.
¿Quién eres cuando nadie te ve?
Un loco bailarín.
Con la luz apagada, sentí el sudor en mis manos.
Habían pasado de esas horas que se sienten como segundos, habías hecho, de nuevo, que el tiempo pasara. Desde que implantaste tu bicho en mi cabeza las eternidades son segundos y la locura llena los espacios de soledad.
Con la luz apagada, sentí el sudor en mis manos, mientras lentamente mi cuerpo se movía libre en direcciones que sin sentido marcaban los pasos de la locura.
Con la luz apagada, el sudor baja por mi cuello, mientras le hago el amor en una habitación vacía.
Abro los ojos sin querer y ahí estás.
Noto tu cuerda ensangrentada, te mueves tanto como yo.
El sudor baja por mi cuello al mismo tiempo que mi mirada recorre tu cuerpo.
¿Acabas de saltar?
¿Qué fue lo que pasó?
Con la luz apagada siento el sudor en mis manos, y mi cuerpo ha dejado de moverse, veo la sangre que recorre tu cuerpo y tu cuerpo tambaleante que no deja de moverse, se mueve igual que el mío en los días en de locura.
¿Te veo ahí muerto y dejo de bailar? ¿O te veo ahí muerto y celebro?
¿Qué eras en vida?
No hay muerto malo decía mi madre.
Yo quiero seguir bailando, bailar sobre tu cuerpo, pero me quedo quieto, me quedo observando la sangre de tu cuerda y tu cuerpo tambaleante, me doy la vuelta. Yo quiero seguir bailando. Me doy la vuelta pero veo tu reflejo en el espejo de mi habitación.
¿Me sonreíste?
¿Es acaso que tu reflejo me sonríe?
Solo quise abrir los ojos por curiosidad pero te he visto ahí, vi tus ojos sin vida, vi tu cuello roído por la sangre, ¿cuánto tiempo llevas ahí? ¿Es que todas las noches me ves dormir?
Veo la cuerda con tu sangre tambaleándose en medio de mi habitación. Y el reflejo de tu cuerpo me sonríe mientras me muevo al compás de tus movimientos.
¿Por qué solo cuando te doy la espalda es que te atreves a sonreír?
Solo puedo ver la sangre de tu cuerda tambaleante.
En la mitad de mi habitación, con la luz apagada siento el sudor en mis manos, lo siento recorrer mi espalda mientras intento mantener los ojos cerrados, sé que estás ahí, por que vi la sangre de tu cuerda tambaleante, y me muevo, con toda la voluntad que tengo me muevo al compás de la cuerda, que toca una canción, la misma canción que te he compuesto hace años, en mi mente. La locura llena los momentos de mi soledad, mientras en medio de mi habitación te tambaleas.
¿Y si te doy al espalda?
Se que te pones a sonreír.
Fijé mi mirada en la cuerda de tu cuello, en la sangre de la cuerda me fije y en sus formas encontré mil caras, y en esas caras estaban la tuya y la mía.
Bailo tembloroso con la luz apagada en medio de mi habitación, sin abrir los ojos, no quiero verte pero a cada movimiento siento tu sangre escurriendo por mi cara, tu, tambaleándote en lo alto y yo bailándote.
Con la luz apagada, con el sudor en mis manos, hasta ahora, por lo menos, no he dejado de bailar.











