sencillo
El placer es contigo
respiro tus dedos
entre mis dedos
acaricio tu cuerpo
pálido y esbelto.
Mediterráneo
en tus gestos ciegos.
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El placer es contigo
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El hombre pobre
Él no hacía ademanes de moverse a no ser que el viento se cargase las nubes, disolviéndolo todo en una papilla gris e inútil, sin claroscuros ni oportunidades de buscar formas. Por eso siempre estaba aqui y allá buscando esas nubes. Habían atrapado sus pensamientos y reducido sus verdades, su mente estaba tranquila, un día, otro, sin intuir más que eso, que el sol cae más rápido detrás de la lína de mar cuando hace frío y que se sostenía para su deleite cuando la brisa era más calida.
Sozinha e cinza na casa de marfim voa o fondo do quarto a ropa sempre mal lavada nenhum indicio de fraternidade seu futuro destruído a través da reduçao das persianas tudo é confuso e você também tambén inconclusa ficando longe do Brazil da praia que vía as pessoas aplaudir cantando samba com olhos de auga cachaça pela manhã
descalza pela ciudad
¿Te gusta el Wok? Puedo cocinar verduras al wok. Oí que te gustaban y pensé en prepararlas. Verás lo generosa que soy con la salsa sin que llegue a hartar. Si te pasas con el chorro las verduras terminan nadando en agua color marrón. No bosteces ni te canses que enseguida está el wok. ¿Has visto? Solo sé preparar la cena. La cena sí, mi vida no. Mis planes. La bola ha empezado. No. ¿Preparo un wok?
hai-cú
As tapias son as ventás nos edificios-lagharto do laberinto de pedra i hedra.
Acostumbro a venir a esta parte del pueblo y sentarme en la piedra recalentada durante el día. Apenas pasan vecinos por aqui, solo un par de amigos perros, y tengo la vista mansa de un océano poderoso perfilado por faro y montañas. El cielo es papel de plata deshaciéndose. Hay oro en las ventanas, en las hojas, sobre cada ola, oro en mis rodillas. Es el sol de primavera, que tiene ese poder de desplegar horizontes de poemas en niños despistados, niños escritores. Niños enganchados al olor de las algas que se quedaron pegadas y húmedas en la arena, un siglo sin moverse, desprendiendo el aroma a cuentagotas sobre la brisa y hasta sus caras. Tres puntos de luz en el monte. La arena descalza, suave, un paquete de tabaco abriéndose y sus ojos superpuestos con los míos. Sus ojos en el color del mar.
Antofagasta
El autobús nos aleja de Antofagasta, donde se percibía el verano en el aire sin necesidad de ver sombrillas o cerveza. Bastó la presencia de la enorme duna que culmina las últimas construcciones para maravillarse y entender su fuerza libertaria. Cuando duna y ciudad colisionan aparece la tensión entre dominar y dejarse dominar. Esa excitación es el verano. Por qué nos vamos de Antofagasta, me preguntaba yo cuando la carretera hizo su último giro y perdí de vista el mar. Nos sumergimos en horas en arena y sol. La irrealidad del mundo físico la evidenció el niño que tenía sentado delante al preguntar si aquello era una playa. El mundo servido como un espejismo, sin atar cabos, sin soluciones.
guerra quente
Para ti non son as cousas delicadas,
militas con munición apertada nos premolares.
a ti hai que darte forte,
morderche a carne, a pele, os beizos
sacarche a lingua dun tirón e rachar o sorriso, espirte enriba da silla, debaixo da mesa, espirte coa boca, comer ourella, gorxa, pescozo.
Comprimilas mans ambarinas
viralo lombo
devecerte
mudarse en brétema
morrer
Con afouteza
e para o meu recordo
teu xemido ulixinoso
vivirame no abdome.
Contareiche algo:
teño cinta illante
e quero ensuciarte.
La mujer descentralizada
Tengo que elegir entre la porción de tarta o el café. Café con leche, porque no podría elegir el Capuccino que no saben preparar o la tarta de zanahoria, que es bizcocho con un barniz blanco de vainilla. Elegir entre ser visible o invisible. Elegí esta cafetería por el silencio de la camarera, que es delgadísima, pero ahora está un hombre de chaqueta color camel y barba de aristócrata detrás y fuera de la barra. Se pasea sobre la madera con andar rápido, robusto y también tararea algo como si tuviera que hacerlo por obligación de su personaje. Tengo que elegir entre leer o escuchar, entre leer y olvidar o entre leer y anularme los oídos. Elegí aceptar el café que no puedo pagar para no tener que elegir nada en este texto que nunca hubiera empezado.
Tres autos circulan al mismo ritmo, uno de sus conductores es taxista y voltea con la mano izquierda un letrero del techo, asomando todo el brazo por la ventanilla. Las calles polvorientas están llenas de mujeres y hombres, largas melenas canosas y apenas dos dientes ellos. Algunas con labiales, otras sombra de ojos. Las señoras, humildes, no son señoras. Y las mujeres como Andrea, de cuerpo pequeño, son el centro de lo femenino. Vino corriendo, lejos de estas calles céntricas y sucias, trayendo esperanza. Un olor a fritos y a carne nauseabundo está en el aire de cualquier lugar de comidas. Hay maniquíes calvas semimutiladas y maquilladas, revistas de cannabis junto a carteles de babosa superioridad y orden en sujetador. Sin timidez ni culpa me pierdo, me salvo, me retiro, me relato y como palta con tomate.
Nos hemos ido
Cuerpos con paisaje, para retar los límites de la cordillera ¿Dónde acaba él y dónde empieza la cordillera? ¿Pueden amarse impersonalidades? Pueden.
-Empecé el libro por Maida, lo acabé por ti, supongo que siempre andas ahí. +Trans-mitiendo verdad. -Inventando nuestro tiempo. +Y La Patria, que es La Mar. -Hoy fui a una nave de las afueras, muy lejos, el cielo estaba espectacular, pero esas afueras terribles... +Terriblemente atractivas y lo sabes.
La condición de avión al mirar es igual que la condición de observar Santiago desde el Cerro, yo dije que era hermoso y él que había que vivirlo abajo; yo pienso que prefiero mirarlo desde el Cerro.
-Desértica y mágica la ciudad en navidad. +Quiero pasear contigo cualquier día gris y contagiarme. -Ahora siento que dejo atrás mi casa, pero cómo iba a ser mi casa si era Santiago...
En el equilibrio no está la poesía
ni en las manos del equilibrista.
Pero si vivir es una bola, si tengo una vida esférica, y la entreno y me sale peleona, tus espermatozoides rebotarían al tocarme la membrana. Entonces yo volvería a ganar. Se cumple la hipótesis de la victoria, a saber:
otras manos al piano doble piel de hielo en las mías genitales sucios las inexorables y penosas visuales cordura despedida por actitud improcedente y adios muy buenas.
tú tan tecnocrítico, yo tan tecnocrática.